martes, 9 de febrero de 2016

La concepción racionalista de la historia - Voltaire

En el trabajo de Brailsford: Francois-Marie Arouet = “Voltaire” (Paris, 21 de noviembre de 1694), es reconocido como uno de lo más grandes escritores del siglo XVIII; encendido intelectual contra la tiranía y el fanatismo religioso, agudo crítico intelectual esgrimió sátiras, poemas, obras de teatro y cuentos que le granjearon notable influencia en la cultura francesa de su época y hasta nuestros días. 

Nació en París en 1694; estudió en el colegio jesuita Louis-le Grand de París, inicialmente estudia leyes pero se dedicó enteramente al oficio de la crítica. Con la publicación de su poema épico Henriade, revela una postura religiosa liberal y muy particular, en la que se burla abiertamente de la Regencia religiosa, por lo que fue preso en la Bastilla en 1717. En 1726 se ve obligado al exilio en Inglaterra, donde perfeccionó su trabajo filosófico. En 1729, a su regreso a París continuó publicando lo que lo obligó a refugiarse en Cirey con du Châtelet (protectora y amante). En 1750 viajó a Berlín por invitación de Federico II de Prusia y posteriormente se asentó en Suiza hasta su regreso a regreso a París en donde fallece en 1778.

De su aportación al discurso filosófico, rescataría su convicción en que el hombre está obligado a actuar en la sociedad y la toma de decisiones individuales con libertad religiosa, no se le puede clasificar como ateo, pues acepta la existencia de un Dios creador, pero concibe al ser humano como consecuencia de una evolución natural y constante.

Defensor de la libertad de pensamiento y la tolerancia religiosa, critica duramente a la aristocracia de su época lo que se podría afirmar como “síntesis teórica de la Ilustración”

“Le siécle de Louis XIV” (1751), basa sus argumentos contra toda autoridad, influido por el movimiento filosófico inglés, en particular de Jhon Locke y los deistas, quienes aceptaban el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios siempre mediante la razón y la experiencia personal, y no de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición dogmática. 

Las ideas de Voltaire reflejan influencias del racionalismo cartesiano y del empirismo británico, de manera destacada de las ideas científicas de Sir Isaac Newton. Amparándose en el necesario anonimato, fue implacablemente crítico de los grandes principios sociales de su tiempo. Enemigo de la Iglesia, fue coreado por cuantos enciclopedistas se habían dejado ganar por las corrientes deístas o naturalistas procedentes de Inglaterra, radical en sus violentas campañas y apreciado por un público que gustaba de su fácil prosa. 

Defensor de la tolerancia, el incremento de la ciencia y la humanización de las instituciones, el igualitarismo y la idea de un régimen político parlamentario, animando a sus contemporáneos a luchar activamente contra la intolerancia, la tiranía y la superstición. 

La Historia es el relato de hechos verdaderos. 

En oposición a la Fábula que narra hechos ficticios. La oposición Historia-Literatura se exaltó durante la Ilustración. La Historia que construye tiene aspiraciones universales, teniendo en cuenta cuestiones económicas, políticas, geográficas; su núcleo son las grandes personalidades. Distingue 4 tipos de Historia – las Opiniones, las Artes, la Natural y los Acontecimientos- dan una pista del pensamiento Racionalista. Rechaza las Opiniones o doxas tildándolas de errores; y la Natural por ser parte de la Física o la Ciencia Natural. Y enaltece las Artes porque animan el Progreso; y los Acontecimientos que divide en Sagrada y Profana. La crítica a la Historia Sagrada es evidente, pues equipara la Historia Sagrada con la Fábula, cuestionando tanto Mitos como Milagros; en esa dirección no estableció diferencias entre la afición a las fábulas de los historiadores heleno-latinos y los latino-cristianos. Ni Herodoto, ni Tito Livio, ni Paulo Orosio se salvan de la crítica volteriana. 
Aún que la Razón y la moral provienen de dios, luego están sujetas al devenir histórico 

Esto ayuda al progreso de las sociedades que se distinguen entre sí por sus usos y costumbres. Dentro de estas construcciones sociales la ignorancia impide que la razón aflore; y el proceso evolutivo histórico consiste en la lucha entre la razón y las pasiones, 

El hombre debe perfeccionarse para aproximarse al ideal de la razón 

Es el único patrón por el que se puede juzgar a los demás y podríamos hablar de una visión mecanicista del hombre y de la sociedad. El hombre está obligado a vivir en sociedad. Dios le dio la razón, pero para que ésta se desarrolle hay que refinarse. El hombre fue abandonado para reconquistarla, y este ocultamiento y búsqueda es la Historia y en la Historia la humanidad avanza hacia la razón. 
El hombre no es bueno por naturaleza 

No se ha liberado de sus cadenas porque sigue obedeciendo a la naturaleza, al instinto, es malvado porque no se ha aleja lo suficiente de su condición primitiva, el pasado es utilizable para justificar un ideal, y para eso lo requiere

Según José Ferrater Mora, ¿en qué consiste la concepción racionalista de la historia de Voltaire?

Su concepción racionalista de la historia es opuesta a toda explicación providencialista. Voltaire opina que la historia no es más que la revelación de las pasiones humanas. Contra el desorden que ellas implican sólo puede alzarse la razón humana.

Dios no solo no interviene en la historia, sino que tampoco se entromete en el orden moral de las relaciones sociales, es decir, para Voltaire el bien y el mal (moral) no son preceptos divinos, sino sociales: es bueno lo que es útil para la sociedad y malo lo que es perjudicial para ella. Bajo este valor de utilitarismo afirma que Dios ha puesto a los animales y a los hombres sobre la tierra, pero son ellos los que deben conducirse de la mejor manera posible.

La Historia no se podía entender solo como una sucesión de etapas con una cierta recurrencia de los mismos hechos, todos ellos dominados por factores irracionales (superstición, intolerancia, etc.). Así su propuesta procura la separación definitiva con la religión y el desarrollo del conocimiento científico con carácter secular Esta actitud frente a la religión quedó resumida en la famosa frase de Voltaire: “¡Aplastad al infame!”, entendiendo por infame al partidario de cualquier religión positiva, pero, sobre todo, de la religión cristiana. Decía Voltaire que así como las abejas tienen un fuerte instinto para encontrar el alimento en común, también lo tienen los hombres para vivir en sociedad de acuerdo a las leyes humanas sin necesidad de intervención divina. Basándose en ese ideal propuso una la Asamblea Constituyente y la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, señalando entre ellos: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

La racionalización compete a cada ser humano, algo que debe ser cultivado para liberar a la humanidad de la superstición religiosa o de lo civil o eclesiástico que sea irracional, para cambiar y mejorar el curso de la Historia. La idea de progreso en su pensamiento Ilustrado, implica un optimismo capaz de cambiar el sentido de la Historia. El trabajo de cada hombre individualmente es entendido como una actividad capaz de conseguir el bien de la humanidad

Por lo anterior Voltaire defiende su concepción racionalista de la historia como un triunfo absoluto de la razón y el progreso en el tiempo y en el espacio, junto a los ideales de justicia y de paz, pues concebía al hombre como un ser capaz de someter sus actos a las leyes de la inteligencia, capaz de ordenar y construir una sociedad donde reina la luz de la razón.

Referencias

Brailsford, Henry Noel. Semblanza de Voltaire. México, FCE, 2000
Ferrater Mora, José. Cuatro visiones de la historia universal. Series en Biblioteca Filosófica. Buenos Aires, Argentina: Losada, 1945.
Voltaire. Historia en: Diccionario filosófico. p. 523. Consultado en: https://holismoplanetario.files.wordpress.com/2015/08/diccionario-filosc3b3fico-de-voltaire.pdf 25/10/2015