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martes, 22 de noviembre de 2016

Consideraciones sobre la Guerra entre México y los EUA

Como antecedentes encontramos en principio la implementación de la "Doctrina Monroe" y el "destino manifiesto" por parte de Estados Unidos con las que justificaba un derecho inexistente para intervenir políticamente en otros países para instrumentar el estilo de vida americano, así como la derrota del ejército mexicano en la Batalla de San Jacinto, en la que es apresado el presidente Antonio López de Santa Anna y obligado a reconocer la independencia de Texas, que se auto nombra como semirepublica independiente y posteriormente es anexada a Los Estados Unidos Americanos en 1845.

Por otro lado los límites fronterizos entre México y Estados Unidos no eran claros, pues una franja de territorio de aproximadamente 200 km. entre el río Nueces y el río Bravo estaba en disputa. Y es precisamente en este territorio en donde soldados de caballería de ambas naciones que se encontraban patrullando, entran en disputa y se sucinta una escaramuza en la que resultan muertos algunos soldados estadounidenses lo cual sirve de pretexto para que el presidente Folk declare la guerra a México por haber atacado soldados americanos en suelo americano.

Diferencias entre las naciones en conflicto

Población
 EUA 20 millones de habitantes
 México 7 millones de habitantes
Sistema de gobierno
EUA Sistema de gobierno estable desde 1776
México Ley suprema sin reformas, Desorden jurídico, Inestabilidad política
Economía
 EUA Industrialización acelerada, Gran avance en materia de comunicaciones Grandes industrias metalúrgicas
 México Busca la sobre vivencia de los talleres artesanales, Industria metalúrgica inexistente Forjas artesanales
Ejército
EUA Rifles Springfield nuevos, Servicio médico de primer nivel, Academia de west point para la formación de oficiales militares profesionales, Voluntarios bien equipados, Equipo y pertrechos adecuados, Sistema de suministros complejo, Compra de alimentos en territorio mexicano
México Sistema de leva obligatorio para reclutamiento de tropas, Fuerzas sin equipamiento mínimo, Saqueo y expropiación forzada de alimentos y pertrechos a la población civil, El sistema de alimentación solo corría a cargo de las soldaderas, Sin servicio médico, Armamento de 1827 con 40 años de uso, Oficiales improvisados

Aun con todas estas diferencias, entre la colectividad nacional, en México se presentó una especie de fervor popular por la defensa de la patria, pues se enfrentaban las dos visiones del mundo = catolicismo VS protestantismo         
Referencias 

Entrevista a Manuel Villalpando sobre la guerra entre México y Estados Unidos. En: https://sites.google.com/site/mexicoenelsigloxix/materiales-para-la-guerra-de-mexico-vs-estados-unidos-de-1847/M%C3%A9xico%20vs%20Estados%20Unid

martes, 15 de noviembre de 2016

Iniciativa de reforma constitucional para cambiarle el nombre al país de “Estados Unidos Mexicanos” a solo llamarlo “México”

La iniciativa tuvo origen desde la atribución del Ejecutivo Federal, en ese momento bajo la gestión de Felipe Calderón, el 23 de noviembre de 2012, es decir, a sólo nueve días de que concluyera su mandato. Sobra comentar que la empresa de principio suena ociosa, aún que ofrece el pretexto ideal para pensar ¿por qué nuestro país se llama como se llama? y ¿desde cuando es esto así?

En un artículo publicado por Rueda en la revista de divulgación Relatos e historias comenta que “El plan proclamado por Agustín de Iturbide en Iguala, el 24 de febrero de 1821, señalaba que la “América Septentrional” se reconocería a partir de ese momento como “señora de sí misma” y, por lo tanto, cesaba la dependencia de España o de cualesquiera otras naciones”.[1] Es decir, el recién creado Imperio libre de la dependencia colonial española no estaba destinado a conocerse como México.

Pero un poco más tarde, “en el Tratado de Córdoba, del 24 de agosto, se había estipulado que era “Nueva España” la que se había pronunciado a favor de la independencia y que, a partir de ese momento, se llamaría “imperio mejicano”[2]; y para Rueda esta es la primera aparición nominal del nombre que ahora utilizamos, aún que hace un recuento de las implicaciones de identidad que este tuvo en las diversas regiones que comprendían los territorios de la colonia conocida como Nueva España.

Rueda comenta que “el 28 de septiembre, el Acta de Independencia declaraba que la nación mexicana salía de una opresión de trescientos años, que se constituiría en imperio mexicano y que todo esto ocurría en 1821, primer año de la independencia mexicana. En ninguna parte de ese documento se llamó al país simple y llanamente “México”, aunque se apellidara así a la nación, al imperio y a su independencia.”[3] Es en este punto en el que quisiera centrar mi reflexión, pues si bien textualmente no se plasma como nombre propio nacional la palabra “México”, este nominativo está grabado en la conciencia colectiva de cada uno de sus habitantes contemporáneos. 

“… si bien el nombre del nuevo país nunca suscitó una discusión importante, tampoco es que se le diera de manera automática. Durante mucho tiempo hubo varias formas de llamar a los territorios que los españoles habían conquistado en la parte norte del continente americano. “Nueva España” fue como los bautizó Hernán Cortés en el siglo XVI, aunque no quedaba muy claro hasta dónde llegaban. Al comenzar el siglo XIX, Alexander Von Humboldt afirmaba que “el nombre de Nueva España se aplica en general a la vasta extensión del país en que el virrey de México ejerce su autoridad”[4]

Son interesantes las alusiones que hace Rueda a las reflexiones de Ignacio Rayón, Xavier Clavijero, y a la historiadora Guadalupe Jiménez, sobre las explicaciones sobre que México era el nombre de vivía el Virrey de la Nueva España y que desde el siglo XVI se fue confundiendo el nombre, con el de el resto de los territorios de esta colonia.

Ante la polémica de la ocurrencia presidencial, la BBC publicó una investigación que contemplo los costos operativos para el erario público por este cambio de nombre, y de principio plantean que sería necesario reimprimir los libros de texto, sustituir las credenciales para votar, cambiar toda la moneda que circulan en el país, y solicitar nueva papelería oficial para los 32 estados, 33 congresos y 2445 municipios. Esto generaría un costo de aproximadamente MXN$293 millones (USD$22 millones aproximadamente)[5]

Referencias consultadas

Rueda, A. Á. (2011). Nace México ¿Cuál nombre para el nuevo país? (A. S. H., Ed.) Relatos e Historias en México (37), pp. 36-44





[1] Rueda, A. Á. (2011). Nace México ¿Cuál nombre para el nuevo país? (A. S. H., Ed.) Relatos e Historias en México (37), pp. 36
[2] Ibid, p.37
[3] Ibid p. 36
[4] Ibid, p. 38
[5] México ahora se quiere llamar.... México. BBC, mundo. En: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/11/121122_mexico_cambio_nombre_estados_unidos_mexicanos_calderon_an. Consultado el 26 de septiembre de 2015

martes, 8 de noviembre de 2016

Agustín de Iturbide ¿padre de la patria?

Si existe un  “momento fundacional de la patria y la identidad nacional”, este sería la consumación de la independencia, entendida como un proceso que incluye la desintegración de la monarquía hispana en América y la formación del Estado-nación mexicano. Si bien Iturbide fue la figura militar que más ayudó a combatir a los primeros insurgentes y se llevó las palmas por varias victorias importantes, también consiguió un pacto con los representantes de todos los grupos sociales, políticos y económicos que no deseaban quedarse al margen de un proceso inevitable

Al criollo Agustín de Iturbide podría considerársele pues como el libertador y primer monarca de México independiente (1821–1823), donde después de haber vivido una guerra que se prolongó durante once años; al final estableció como forma de gobierno una monarquía moderada constitucional y hereditaria, apoyada por “un oscuro movimiento promovido por algunos militares, que encontró apoyo entre la gente de la llamada "plebe" y en muchos congresistas, quienes, en su mayoría, un día después lo eligieron como tal”[1] El 27 de septiembre de 1821 el ejército trigarante entraba en la ciudad de México poniendo fin simbólicamente al conflicto, pero cuando los nuevos constituyentes mexicanos elaboraban el decreto del 19 de julio de 1823 y buscaban elementos que permitieran a la historia oficial legitimar la creación de nuestra patria (inmersos aún en la vorágine de los acontecimientos políticos del momento), se percataron que no era posible recurrir al referente heroico del recién abdicado emperador, por lo que tuvieron que buscar un poco más atrás en el tiempo hasta encontrar a quienes pudieran representar de forma útil el esfuerzo por la independencia y así se inventaban el panteón heroico mexicano que a la fecha celebramos:

“El Congreso declara beneméritos de la Patria en grado heroico a los Señores D. Miguel Hidalgo, D. Ignacio Allende, D. Juan Aldama, D. Mariano Abasolo, D. José María Morelos, D. Mariano Matamoros, D. Leonardo y D. Miguel Bravo, D. Hermenegildo Galeana, D. José Mariano Ximenes, D. Francisco Xavier Mina, D. Pedro Moreno, y D. Victor Rosales: sus padres, mugeres é hijos, y asi mismo las hermanas de los Señores Allende, Morelos, Hidalgo y Matamoros, gozaran de la pension que les señalará el Supremo Poder Ejecutivo, conforme á los extraordinarios servicios que prestaron (…)[2]

Condenando al olvido la figura de quien procurara la conformación de los procesos de paz, tan necesarios en una patria destrozada por las pugnas pero libre de la corona española.




[1] Vázquez Mantecón, María del Carmen. (2008) Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821-1823.Estudios de historia moderna y contemporánea de México, (36), p. 45-83. Consultado el 01 de octubre de 2015. En: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202008000200002&lng=es&tlng=en
[2] Consagración oficial de los caudillos mártires de la Guerra de independencia a quienes el Congreso declara Héroes Nacionales. (1823) Archivo General del Estado de Guanajuato. Fondo Colecciones especiales, Sección Héroes de la independencia, caja 3, exp. 6, art. 13.

martes, 1 de noviembre de 2016

Implementación de estrategias para respaldar los vales reales

En 1798 la corona española implementó estrategias para respaldar los vales reales y tratar de sanear su economía, a estas acciones se les conoce como “consolidación de vales reales”, que de principio se aplicaron a los territorios peninsulares, pero eventualmente se implementaron en sus colonias americanas en 1804.

Estas medidas fueron:

-          Se destinaron recursos extraordinarios para apoyar los vales reales, entre ellos los ingresos de la Aduana de Cádiz y los derechos sobre el papel sellado.

-          Se creó la caja de Amortización de vales reales, que controlaba el pago de intereses y cambio de amortización. Esta caja operaba como una tesorería que operó de manera paralela e independiente de la Tesorería principal.

-          Expropiación y enajenación de bienes de instituciones educativas, de salud y de beneficencia, así como de fundaciones religiosas, obras pías y capellanías. Esta medida se basaba en la ideología liberal ilustrada que proponía la desamortización de los bienes eclesiásticos como solución a los problemas sociales.
Las instituciones y personas afectadas debían vender los bienes sujetos a enajenación, e ingresar los productos de las ventajas a la Real Caja de Amortización…depositar, en la mencionada caja, los capitales líquidos que tenían en sus arcas y los que tenían invertidos mediante préstamos a terceros.

Estas políticas se implementaron durante diez años y recaudaron entre 60 y 80 millones de pesos.

En 1804 tratando de pagar las deudas económicas que tenía la Corona española con el gobierno de Napoleón, se transfirió una parte importante de la deuda externa a las colonias americanas, para ello Manuel Sixto Esínoza y Jorge de Escobedo, elaboraron el instrumento legal conocido como “Real decreto de Consolidación de Vales Reales.”

  
Bibliografía



Von Wobeser, Gisela. Dominación colonial: La consolidación de vales reales en Nueva España, 1804-1812. UNAM, México. 500 p.

martes, 25 de octubre de 2016

¿Las Reformas Borbónicas generaron desarrollo o crecimiento económico?

Para abordar el tema sobre si la aplicación de las llamadas “Reformas Borbónicas” en la Nueva España generaron desarrollo o crecimiento económico, es importante aclarar que estos conceptos y su estudio surgen en la década de los 40´s, como una disciplina independiente de las ciencias económicas, cuando se producen grandes cambios en el mundo de la postguerra del siglo XX. Por tanto trataremos de ajustar un concepto moderno al estudio de acontecimientos que distan en más de un siglo en el desarrollo de estas teorías y basándonos en definiciones del Diccionario de economía y finanzas, el Desarrollo económico se entenderá de la siguiente forma:

Aumento de los bienes y servicios que produce una nación, generalmente medido como producto bruto e ingreso per cápita (por habitante). En la bibliografía se lo ha utilizado, más específicamente, para referirse al estado al que arriba un país cuando su economía despliega sus potencialidades y se acerca al alto consumo en masa.

Mientras que Crecimiento económico lo que entenderemos será:

El aumento en ciertas magnitudes a través de las cuales se mide el comportamiento global de la economía: ingreso nacional, producto nacional bruto, etc… El crecimiento es, por lo tanto, un componente esencial del desarrollo económico, pero no cubre totalmente el significado de este último pues desarrollo implica también un crecimiento más o menos armónico de los diversos sectores productivos, la creación de una infraestructura física y jurídica, la existencia de una mano de obra adecuadamente capacitada y otros factores diversos, muchos de los cuales no se pueden medir con una mínima exactitud.

Así en los últimos años del sXVII en México el desarrollo tendría que basarse en el crecimiento económico pero para considerar la economía Novohispana como desarrollada económicamente, tendríamos que observar una variación de las estructuras que permitieran tanto la mejorar en la calidad de vida como en la organización productiva de su economía, lo cual al parecer no fue así, pues además de esperar conceptos cuantitativos como la acumulación de capital, esperaríamos  elementos cualitativos que nos permitieran observar cierta capacidad en la organización colonial para crear riqueza a fin de promover y mantener la prosperidad o bienestar económico y social de sus habitantes. Si bien se dieron grandes cambios en las diferentes estructuras novohispanas que alteraron elementos económicos, políticos, sociales, religiosos y culturales (un cambio profundo) Todos estos cambios buscaban la centralización del poder en la Corona peninsular, con la idea de conseguir mayor producción para remitir toda la materia prima posible y recaudar la mayor cantidad de impuestos a sus arcas; actividades que no obstante eran realizadas por los habitantes de las Colonias y generaban grandes ganancias mismas que no se les retribuía en modo alguno.

Por todo lo anterior es posible afirmar que las “Reformas Borbónicas” estaban pensadas para eficientar la producción de  las Colonias ultramarinas, es decir propiciar el “Crecimiento económico” de la Corona y en ningún sentido pretendían armonizar las actividades productivas, propiciar la infraestructura y capacitar la mano de obra colonial

Referencias:


Diccionario de economía y finanzas. En: http://www.eumed.net/cursecon/dic/D.htm#desarrollo, consultado el 26/08/2015

martes, 18 de octubre de 2016

Las Reformas Borbónicas

¿Qué fueron las Reformas borbónicas?

Podemos hablar de las Reformas borbónicas como el “periodo de la época colonial muy importante que definió la historia de México, incluso después de haberse independizado de España.”[1] Toma su nombre de una serie de políticas Españolas en el siglo XVIII que pretendían conseguir recursos de donde fuese en el menor tiempo posible para tratar de fortalecer el imperio que enfrentaba problemas cruciales derivados por las consecuencias de la derrota sufrida en la guerra de los 7 años y la subsecuente pérdida de territorios que los acuerdos de paz le impusieron; mientras que el empuje de un nuevo orden en las ideologías económicas que privilegiaban el naciente capitalismo sobre las costumbres feudales dejaban en claro que la administración de las colonias americanas de los tradicionales Virreyes y encomenderos era bastante deficiente, privilegiando la acumulación de capitales en manos particulares, en detrimento de los intereses de la Corona, particularmente en el territorio peninsular y en sus posesiones ultramarinas en América y las Filipinas.

¿Quiénes las propusieron y por qué?

Los monarcas Borbones de la Corona Española, Felipe V, Fernando VI y, especialmente Carlos III, durante el siglo XVIII; “el visitador José de Galvez encarnaría la mano dura de las Reformas Borbónicas en todo el territorio colonial, tal como si fuera los ojos y el criterio mismo de su Rey Carlos III”[2]

¿Qué impacto tuvieron en la sociedad?

Entre 1760 y 1808 se fueron implantando cambios en materia fiscal, producción de bienes, comercio, religión y militares, reducción  del poder de las elites locales y aumento al control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica. Intentando redefinir la relación entre España y sus colonias en beneficio de la península; lo que propició el descontento generado entre las elites criollas locales y aceleró el proceso de emancipación por el que España perdió la mayor parte de sus posesiones americanas en las primeras décadas del siglo XIX. 

Como el reformismo borbónico pretendía terminar con el monopolio económico-comercial ejercido por algunos grupos de criollos y peninsulares radicados en Nueva España, se estableció que la casa de moneda estuviera exclusivamente bajo control de la corona y sus representantes, al tiempo que se establecían los consulados de Veracruz y

Puebla, limitando las relaciones de importación-exportación de productos a la autorización expresa de las aduanas novohispanas.

Juan Lucas de Lazaga y Joaquín Velázquez de León propusieron financiar las actividades mineras, reducir las cargas fiscales, solucionar los conflictos por la posesión de las minas o el desagüe, precisar el contenido de las ordenanzas mineras y dotar al gremio de organismos directivos.

Militares y marinos de la real armada quedaban exentos de cualquier pago de impuestos.

Una de las principales modificaciones a la sociedad virreinal, fue la creación de cuadros burocráticos leales a la Monarquía de los Borbones, acotando la representatividad de los  criollos en la administración de Nueva España.

El territorio se dividió en provincias que operaban bajo la Real audiencia respecto a la administración de justicia, al tiempo que fueron nombrados intendentes de la administración central encargados de recaudar los impuestos y promover el desarrollo.

“Para los primeros años del siglo XIX podía decirse que el principal propósito de las Reformas Borbónicas en la Nueva España se había cumplido, los ingresos de la corona se habían multiplicado por cuatro y los novohispanos pagaban al rey un 70% más de impuestos que los contribuyentes de España…”[3]


¿Repercusiones para los procesos de principios del siglo XIX?

“Si bien las Reformas Borbónicas significaron un auge en la economía mexicana que no se volvería a lograr hasta aproximadamente cien años después durante el Porfiriato. El tremendo despojo de recursos que llevó a cabo la corona española, significó también el principio de la ruina de la economía nacional durante el México independiente”[4]

Básicamente podemos decir que las Reformas Borbónicas fueron un factor súper importante para que los Criollos decidieran independizarse de la Corona Española.

Referencias.

Las reformas borbónicas, adaptación gráfica. Texto original Luis Jáuregui. Francisco de la Mora y otros (guión), Colmex y Consejo editorial cámara de Diputados, México, 2013, p. 2

Reformas Borbónicas de Luis Jauregui basado en el libro de Nueva Historia mínima de México. (Video) En: https://www.youtube.com/watch?v=Lv2nuxtWQbc&feature=youtu.be consultado el 20/08/2015



[1] Las reformas borbónicas, adaptación gráfica. Texto original Luis Jáuregui. Francisco de la Mora y otros (guión), COLMEX y Consejo editorial Cámara de Diputados, México, 2013, p. 2
[2] Reformas Borbónicas de Luis Jauregui basado en el libro de Nueva Historia mínima de México. (video) En: https://www.youtube.com/watch?v=Lv2nuxtWQbc&feature=youtu.be consultado el 20/08/2015, min. 8:35

[3] Ibid, min. 15:08
[4] Ibid, min. 20:55

martes, 7 de junio de 2016

Colombia en la primera mitad del siglo XX

Colombia en la primera mitad del siglo XX

La conquista de América, como proceso histórico tuvo desde el inicio características comerciales, llevada a cabo por empresas mercantiles en que intervinieron grandes capitales privados y participación monárquica. En la Nueva Granada mediante encomiendas y mercedes se establecieron enormes ordenanzas oligárquicas terratenientes, mientras que las poblaciones indígenas conquistadas fueron sometidas a las más brutales formas de opresión y explotación, este "sistema feudal americano" no era una economía cerrada de autosubsistencia, como el caso del feudalismo europeo, sino que respondía a las necesidades de la agricultura colonial monoproductiva que abastecía a los centros mineros, los emplazamientos militares o los mercados europeos. (Bethell, 1990)
En 1819 en su empresa independentista, Bolívar establece la República de la Gran Colombia, acorde a su idea de formar una gran Confederación entre las Repúblicas hispanoamericanas; pero a su muerte en 1830 y a falta de identidades consolidadas que permitieran continuar la amalgama del sueño de una Hispanoamérica unida, se produjo la ruptura de la Confederación Grancolombiana que termina por disgregarse en varias naciones: Colombia, Ecuador y Venezuela. Este acontecimiento marcará trascendentalmente y con características particulares el desarrollo de la región, pues nos plantea de inicio una fisura de intereses nacionales, con sus estados vecinos al sur.
Durante este periodo de formación y consolidación  nacional, en Colombia se levantaron una gran cantidad de confrontaciones armadas de magnitud diversa, entre guerras civiles, cuartelazos, sublevaciones campesinas, pronunciamientos burgueses y golpes de estado. Sobre todo generados por las terribles condiciones de desigualdad social, el vacío de poder resultante del proceso de independencia, las marcadas diferencias entre regiones, diferencias de interés entre caudillos independentistas y gamonales, la pugna entre federalistas y centralistas, la confrontación de los abolicionistas contra los esclavistas. En suma hablamos de un país al que la factura de la libertad le ha resultado particularmente onerosa en sangre de patriotas, por lo que alcanzó la paz sobre una sociedad terriblemente fracturada y dolida.
Tras la ruptura con el dominio español, Colombia entra en contacto con el capitalismo expansivo de Inglaterra y Estados Unidos, ofertando la producción de materias primas, principalmente tabaco, bananas y café; y en menor medida una incipiente industria minera. Su estructura social mayoritariamente agraria y señorial se organizaba en torno a la hacienda y la vida rural.
Los hechos hasta aquí planteados pudieran antojarse ajenos al periodo propuesto, pero les consideramos relevantes al punto que son los determinantes de la configuración a las condiciones económicas, políticas y socioculturales de la Colombia del siglo XX. Por un lado tener presentes las continuidades coloniales tanto en su sistema productivo y en su organización sociopolítica; y por el otro es imprescindible considerar la confrontación ideológica e irreconciliable que se plantea en el terreno de los intereses en las elites criollas de Conservadores versus Liberales decimonónicas. Resulta también indispensable, en el ámbito de lo macro, plantear la posibilidad de desligar a Colombia, como estado nación, del conjunto sudamericano; para pensarle ante la perspectiva que sus propias relaciones con América del norte evidencian, aún que habrá que mantener siempre una óptica transversal para distinguir sensiblemente los aspectos específicos multiculturales y multiétnicos, que su propia composición social ofrece y que constituyen en buena medida la riqueza particular en la narrativa del siglo XX en la región.         
En 1903 Panamá se separa de Colombia, separación particularmente instada entre los sectores de la oligarquía comercial conservadora de la ciudad de Panamá, como agentes de la conspiración separatista, que ya en varias intentonas desde el siglo XIX venían procurando con lo que se conoce como las "actas separatistas": 1826, 1830, 1831, 1840-41, 1860. Pero que encontraron apoyo coyuntural en el expansionismo imperialista de Estados Unidos, durante la presidencia de Teodoro Roosevelt; la quiebra de la Compañía Nueva del Canal, con capitales franceses; y la actuación del  abogado William N. Cromwell. (Díaz Espino, 2003)
“Las negociaciones para la firma del correspondiente tratado entre Colombia y los Estados Unidos venían celebrándose desde hacía casi dos años. Habían empezado a petición de Colombia y Roosvelt y el secretario de Estado, John Hay, creían que las condiciones definitivas del tratado Hay-Herran cumplían los deseos del gobierno colombiano. Pero el presidente de Colombia convocó un congreso especial que, bajo su liderazgo, dio largas al asunto y, al cabo de una semanas, rechazó el tratado. Los panameños se sublevaron, y Roosvelt respondió invocando el tratado de Bidlack de 1846 para impedir que Colombia desembarcara más tropas. El reconocimiento siguió rápidamente a la instauración de la república de Panamá, y doce días después los Estados Unidos y Panamá firmaron un tratado relativo al canal, en vista de ello el presidente de Colombia se brindó a aprobar el tratado anterior, pero Roosevelt no le hizo caso. Los colombianos se quejaron y acusaron a los Estados Unidos de robo. Pero Colombia solo había ejercido un control intermitente de Panamá y se había apoyado siempre en la intervención norteamericana para mantener cierta apariencia de soberanía” (Freeman, p.89)

Y es este el acontecimiento con el que pretendemos plantear el primer apartado de nuestra tesis sobre la clásica pertenencia regional de Colombia, al conjunto de naciones sudamericanas. Pues ya anteriormente habíamos señalado que la ruptura de la Confederación Grancolombiana pudiera pensarse como una grieta continental al sur respecto a la identidad de Colombia; sostenemos que con la separación de Panamá se amplifica el aislamiento regional, pues la ingerencia directa de Estados Unidos en el proceso le obliga a establecer relaciones en completa desigualdad con esta nueva potencia mundial, voraz, intervencionista y demócrata-imperialista -valga la contradicción de origen-.
“La apertura del Canal de Panamá, hizo viable la terminación del ferrocarril del Pacífico y la expansión de la frontera agrícola en las zonas de vertiente de la cordillera central y la definición de una nueva vía exportadora, quedando así articuladas en este corto ciclo histórico los sistemas transportadores del Atlantico y del Pacícico, los que en decenios posteriores determinarían la orientación de la infraestructura física de integración de la sociedad colombiana” (García, p.174-175)

En este contexto, algunos autores determinan que Colombia estaba regida por un esquema de república señorial, heredera de los viejos patrones coloniales. (García, 1985 y Bethell, 1992)
Características de la república señorial
Archipiélago de regiones incomunicadas
Desconocimiento de la vida marítima
Concentración de la actividad política y social en pequeños centros urbanos
Dinamización de la organización municipal
Nucleación de grandes centros urbanos
Medellín
Industrial textil y comercio
Cali
Comercialización y procesamiento de café
La primera guerra mundial influye fuertemente en lo que podemos llamar el periodo inicial de modernización en Colombia. Los cambios ocurridos en el periodo entreguerras, como la crisis de la república señorial y la configuración del modelo capitalista, subdesarrollado y dependiente, se inserta en un sistema de mercado mundial, cuyo protagonismo se desplaza de golpe, de Inglaterra a los estados Unidos. La aristocracia latifundista y minera que había conservado el control de la riqueza, la cultura y el poder político, observa como se gestan en este periodo profundos cambios estructurales, con una alta complejidad y en un breve periodo de tiempo.
En la posguerra, a partir de la apertura del mercado norteamericano, el auge cafetalero de 1923 a 1928 duplicó las extensiones de siembra. La exportación se realizaba mediante corporaciones transnacionales especializadas en comercialización de productos del trópico; el valor anual del comercio exportador en este rubro, pasó de 61 millones de dólares en 1913 a más de 200 millones en 1924. La economía bananera que integró en su proceso productivo prácticas de moderna agricultura, representó el 6% de las exportaciones nacionales para el periodo de 1925 a 1929; 1100 millones de dólares. Donde cerca de las tres cuartas partes de estas exportaciones se destinaban a satisfacer las demandas de mercado estadounidense. (García,1985) El auge de la modernidad para Colombia, que se presenta en la década de los 20´s; en lo que se conoce como la Danza de los millones, “Los años de la Danza de los millones fueron de trabajo intenso en las obras públicas y en las inversiones financieras en todos los órdenes. Un ejemplo fue la construcción de carreteras: en 1911 Colombia tenía 578 kms en carreteras, cifra que pasó en 1922 a 3437 Kms y en 1930 a 5743 Kms”. (Ocampo, p. 280) Estas inversiones posibilitan una insólita transición a un país predominantemente urbano con características de modernidad basada en la industrialización. De esta forma, se presentan cambios radicales en la composición de la población económicamente activa, en los modos de producción, en la implementación de tecnologías, en el asentamiento urbanístico y en la participación de los sectores populares en la vida nacional.
Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla, se establecieron como centros político, administrativos, manufactureros y financieros del sistema capitalista de mercado; desarrollándose con ello una densa constelación de espacios residenciales del cinturón andino cafetalero. La población creció de 5.86 a 7.43 millones de habitantes, lo que modificó radicalmente los patrones hispanocoloniales de población (García 1985). La modernidad urbana se estaba conformando en lo que aún es hoy Colombia y que en la segunda mitad del siglo definiría los conflictos sociales causados por esa gran brecha de desigualdad y miseria entre los centros urbanos y los territorios del interior.

Grafico 1 Elaboración personal. Fuente (Ocampo, p. 270)

Mientras que el aparato bancario que regulaba las operaciones financieras y crediticias ce ciñó a la Misión Kemmerer (conformada por un grupo de técnicos financieros estadounidenses que propusieron una serie de reformas jurídicas como paliativo a la crisis comercial y financiera de 1920), imponiendo el sistema norteamericano de banca central, orientada por la ley del patrón oro y la liquidez de cartera; dando lugar al surgimiento del Banco de la República con una participación bastante marginal del gobierno colombiano, lo que precipitó la concentración bancaria en los nuevos centros urbanos y la desaparición de la banca local entre 1924 y 1928. En este periodo de transformaciones, se consolidó el proletariado de la industria manufacturera, del petróleo, la minería, los textiles, las plantaciones de banano, el café y de los sistemas de transporte ferroviario y marítimo; definidos por un sistema de estado absolutista:
-          Carencia de salarios mínimos
-          Disociación entre productividad y remuneración
-          Inexistencia de prestaciones y seguridad social
-          Durísima represión policial a los conflictos laborales
-          Ilegalidad de las luchas sociales y sindicales
Razones por las que el movimiento obrero irrumpió en la escena social, de manera violenta y revolucionaria, enfrentando al absolutismo del estado señorial que imponía la ruda hegemonía imperialista estadounidense. (García 1985)
En lo referente a la vida política del país, se presentaba ante el mundo con una imagen de gran estabilidad con respecto al periodo de la segunda mitad del siglo XIX, el movimiento conocido como Regeneración  (1886 – 1930) instauró una república Conservadora. Después de la guerra civil de los mil días (1899-1902), durante el gobierno de José Manuel Marroquín; la encomienda política fue la de establecer un programa de restauración nacional que permitiera mejorar la economía y sanear las finanzas públicas. El devenir de los gobiernos civiles colombianos después de la incipiente dictadura del general Reyes, transitaron más o menos pacíficamente entre ideólogos del orden conservador y la naciente burguesía liberal, por lo menos hasta la instauración de las dictaduras militares.
Presidente
Periodo
Vertiente ideológica
Rafael Reyes
1904 a 1909
Dictador
Jorge Holguín
(interino) 1909
Conservador
Ramón González Valencia
1909 a 1910
Conservador
Carlos Eugenio Restrepo
1910 a 1914
Unión Republicana
José Vicente Concha
1914 a 1918
Conservador
Marco Fidel Suárez
1918 a 1921
Conservador
Jorge Holguín
1921 a 1922
Conservador
Pedro Nel Ospina
1922 a 1926
Conservador
Miguel Abadía Méndez
1926 a 1930
Conservador
Enrique Olaya Herrera
1930 a 1934
Liberal
Alfonso López Pumarejo
1934 a 1938
Liberal
Eduardo Santos
1938 a 1942
Liberal
Alfonso López Pumarejo (2o periodo)
1942 a 1945
Liberal
Alberto Lleras Camargo
1945 a 1946
Liberal
Mariano Ospina Pérez
1946 a 1950
Conservador
Laureano Gómez
1950 a 1951
Conservador
Roberto Urdaneta Arbeláez
1951 a 1953
Conservador
Periodos presidenciales antes de las dictaduras militares
  
Referencias

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