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lunes, 8 de marzo de 2021

Desarrollo, nacionalismo y relaciones exteriores en Brasil de los años cincuenta

Rossotto Rafael. Agrandando el pastel. Políticas de desarrollo, nacionalismo y relaciones exteriores en el Brasil de los años cincuenta. En Foro internacional, vol, 47, No. 2, 2007

La posguerra ejerció un fuerte impacto en la economía brasileña, la guerra le afectó positivamente, produciendo un superávit en sus intercambios comerciales durante el conflicto, pero comenzada la reconstrucción el capital se enfocó hacia los países involucrados directamente en la guerra, y la economía brasileña cayó drásticamente, forzando a las élites a redefinir sus prioridades productivas, pues los productos brasileños no podían competir en mercados internacionales y la dependencia tradicional de las exportaciones de café se vió afectada por medidas proteccionistas en Europa y Estados Unidos. El interés en promover una industrialización acelerada se volvió prioritário para Getulio Vargas y Juscelino Kubitschek. Aunque cada uno transitó caminos diferentes, compartían la idea de que la estabilidad social del país dependía de lograr un alto nivel de crecimiento económico en el menor tiempo posible. Terminada la WWII, nuevas organizaciones financieras y políticas internacionales se constituyeron para fortalecer la interdependencia de las economías nacionales, reforzando los vínculos entre los países de la esfera capitalista en el contexto de la bipolaridad política de la Guerra Fría. Una de estas organizaciones diseñada para buscar la manera en que Latinoamérica podría aprovecharse de este nuevo ciclo de desarrollo capitalista, fue la CEPAL, creada por la ONU en 1948. Los programas de desarrollo de la década de los 50´ en Brasil fueron ideados por las dos administraciones basados en las formulaciones técnicas de este organismo.

En esa década América Latina experimentó una crisis crónica en sus balanzas de pagos, dado su déficit en el comercio exterior. La política centrada en una rápida industrialización a través de la sustitución de importaciones y la producción doméstica de bienes industrializados con base en programas estatales de desarrollo llegó a ser conocida en Latinoamérica como desarrollismo nacional, este modelo de desarrollo asume la necesidad del involucramiento del Estado en el proceso de industrialización ya a través de la posesión directa de la infraestructura industrial básica, o como coordinador de la economía mediante incentivos legales y materiales (subsidios) enfocados en regular la oferta de productos, capital y trabajo. El desarrollismo nacional fue la polìtica económica más importante en América Latina durante la década de los cincuenta; apoyó agresivamente una industrialización enfocada en los sectores básicos, como el siderúrgico, maquinaria y químico; fomentó la acumulación de capital para impulsar la industrialización, con una creciente dependencia de fondos extranjeros para inversión, tanto públicos como privados; y finalmente extendió el papel del Estado en la dirección de los distintos programas de desarrollo como clave para la consolidación de una nación capaz de reciprocar en la prosperidad, la justicia y seguridad. Sin embargo, como proyecto económico, el desarrollismo nacional estaba basado en la creencia de que la industrialización per se era una condición sine qua non para lograr la autonomía económica. Se creía que la caída de las exportaciones de los productos agropecuarios llevaría a los países de América Latina al subdesarrollo, si no se adoptaban nuevas políticas.

El escenario político brasileño de los años cincuenta ha sido considerado tradicionalmente como el de una república populista y el crecimiento de la población políticamente activa en Brasil durante esos años incrementó de 3.1% durante los últimos años de la vieja república (1889-1930) a 19% durante los años 1945 a 1955. La clave para el entendimiento del carácter populista de aquel periodo está en el hecho de que existiendo partidos políticos a escala nacional, ninguno pudo contar con un amplio apoyo entre los diversos segmentos de la sociedad, esta inhabilidad para canalizar las aspiraciones populares a través de las instituciones políticas llevó a la continuación, y a veces al fortalecimiento de la relación clientelar entre las masas y caciques locales.

La promoción del desarrollo nacional a través de un esfuerzo masivo, lo cual implicaba la sustitución de importaciones de productos manufacturados y reformas estructurales a través de grandes préstamos del extranjero, fue la principal meta perseguida por Brasil en los años cincuenta

Vargas comprendió que existían áreas específicas, denominadas cuellos de botella, por sus características restrictivas para el potencial productivo: transporte y el sector energético. Dada la limitada capacidad del Estado brasileño para invertir en ellas tendrían que depender de fondos públicos otorgados por gobiernos extranjeros, especialmente el de los Estados Unidos, a pesar de la retórica populista y nacionalista tras la que se escudaba. El desarrollo económico era visto como garantía de que el malestar social provocado por la miseria podía ser evitado, esto asumía que la industrialización llevaría a un bienestar económico generalizado, asegurando que lo que Kubitschek llamaba ideologías extranjerizantes, al referirse explícitamente a programas de izquierda comunistas, serían contenidas. Y sólo el progreso podía mantener la estabilidad nacional, aunque paradójicamente este crecimiento dependiera de la incorporación de capitales extranjeros dentro del contexto de una base política que se autodefinía como nacionalista, reavivando los sentimientos nacionalistas que habían florecido durante los años treinta, pero que menguaron en la segunda mitad de los años cuarenta, con espacios político más liberales e internacionalizantes en manos de los tecnócratas que dirigieron el gobierno durante la administración de Dutra (1946-1951).

Kubitschek tomó el poder en 1956 con una agenda similar la de Vargas en desarrollo económico, pero sólo pudo impulsar su Plan de Meta, creó agencias aisladas como centro de planeación burocrática racional con responsabilidades exclusivas para el presidente (valga referir algunas acciones en el México contemporáneo), ya que la estructura partidista y la burocracia tradicional tenían disposición o no eran capaces apoyar una estrategia de desarrollo nacional concertada, se valió de las agencias aisladas para implementar esa política. Su administración dependía de una operación simultánea de la política tradicional y una burocracia aparte. Posiblemente el éxito de Kubitschek al buscar reestructurar la dinámica de las relaciones interamericanas dirigiendo la preocupación por temas del desarrollo se relaciona con que el modelo de aceptación al capital extranjero y no significaba ninguna amenaza a las inversiones que ya operaban en la región.

Kubitschek distanció su postura de alineación política con los Estados Unidos persiguiendo su propio desarrollo económico y obtuvo el apoyo de otras naciones latinoamericanas para sus nuevos esfuerzos diplomáticos proponiendo una guía para lo que deberían ser los nuevos principios de las relaciones interamericanas:
  • Incremento del crédito público internacional para el fomento del desarrollo industrial de la región
  • Revisión de los términos comerciales existentes
El sentimiento nacionalista que Vargas y Kubitschek promovieron se aunó a la idea de que ninguna nación podía lograr, y mucho menos ejercer, la soberanía plena si no era económicamente autosuficiente y a salvo de los caprichos de los países industrializados. Es clara la utilización de la ideología nacionalista como propuesta racional para alcanzar metas materiales y sociopolíticas concretas expresadas a través de cifras de crecimiento económico y vendidas a los como un requerimiento para asegurar la estabilidad social.A pesar de la insistencia brasileña, la administración de Eisenhower apoyaba políticas económicas liberales que pugnaban por crear climas para la inversión privada, maximización de ganancias y estabilidad monetaria; contra préstamos de gobierno a gobierno impactaron de manera importante en Brasil durante los años cincuenta, fue por el ambiente propicio que encontró entre las élites políticas y económicas que habían estado involucradas en programas de industrialización, la influencia de estas ideas desarrollistas se deriva del hecho de que sus modelos probaron ser útiles para aplicar programas de desarrollo económico. La conceptualización del nacionalismo en Brasil se asoció con la idea del desarrollo y con el objetivo de un crecimiento económico acelerado para evitar disturbios sociales causados por la pobreza extrema. Este razonamiento pro statu quo, asume que el pastel (económico) tiene que agrandarse para que no tenga que ser dividido. La discusión entre países latinoamericanos y Estados Unidos en la posguerra refería a las fuentes de inversión en América Latina. Mientras que Eisenhower apoyaba el uso de fondos privados para promover el desarrollo en la región, los países latinoamericanos pedían por el establecimiento de fondos públicos internacionales para financiar su agenda de industrialización.

lunes, 1 de marzo de 2021

Marginalidad en América Latina

 


La preocupación por la marginalidad en América Latina surgió después de la II Guerra Mundial, cuando las favelas brasileñas de condiciones precarias y generalmente ilegales se replicaron en la periferia de muchas de las grandes ciudades. El enfoque para enfrentar el problema ha sido diverso: desde la escasez de vivienda (que omite que la infravivienda es sólo un indicador de una situación compleja, caracterizada por el desempleo y el subempleo); el de Aníbal Quijano (CEPAL, 1966), que señala la existencia de dos enfoques principales para plantear el tema, el ‘estructuralismo funcionalista’ (en donde la integración de elementos en relación a la estructura social es consecuencia de las características de este elemento y se resolvería modificando estas características con ajustes en algunos sectores de la estructura social sin modificarla en su carácter fundamental) y el ‘estructuralismo histórico’ (la marginalidad es el resultado de las contradicciones en la naturaleza de la estructura social); otros estudios analizan la estructura ocupacional y su capacidad o incapacidad de absorber mano de obra. El texto de Oliven propone organizarse en tres aspectos:

Aspectos económicos

1- La dependencia sería la causa de la marginación de vastos sectores de población urbana, en el sentido que ellos no son incorporados al mercado formal de trabajo. La industrialización en América Latina sigue el mismo camino histórico de los países desarrollados, obligados a adoptar una tecnología que requiere de grandes capitales si desean competir en el mercado internacional y la abundancia de mano de obra barata formada por trabajadores sin calificación les es de poca utilidad, este patrón de incorporación al mercado internacional se torna crónicamente incapaz de generar una demanda real de fuerza de trabajo. pero no porque ella provoque desempleo tecnológico al utilizar técnicas que requieren una elevada composición orgánica del capital, sino porque el excedente así producido no es acumulado por entero dentro de estos países

2 - El debate sobre el problema del tamaño de la masa marginal y su utilidad para el mercado de trabajo, así como la articulaciones del sector marginal de la economía (las actividades económicas que la masa marginal debe desempeñar para sobrevivir) con la economía en general, procurando explicar cómo esto ayuda a intensificar la acumulación capitalista, pues las actividades desarrolladas por el sector informal de las ciudades latinoamericanas, lejos de ser marginales, cumplen con importantes funciones en relación a la acumulación.

Aspectos políticos

1 - Radicalización y violencia política. Su argumento central es el de que los migrantes internos van a las ciudades con expectativas que no les son satisfechas por la economía urbana y al verse frustrados se vuelcan hacia la izquierda política y la violencia constituyendo efervescentes poblaciones urbanas altamente politizadas

2 - La relativa apatía revolucionaria de los pobres urbanos. Por infrahumanas que sean sus condiciones de vida, esta es mejor de la que tenían en el campo. Miseria y opresión puede llevar a irrupciones de violencia ocasionales e inconsecuentes, pero incapaces de generar una efectiva conciencia política o de conducir a la acción revolucionaria organizada

Aspectos culturales

De inicio el autor lanza una serie de consideraciones que cuestionan la utilización del término de marginalidad en un análisis con perspectiva cultural.

1 - Autores que aceptan que los pobres tienen una cultura aparte, los retratan, con frecuencia, también como una amenaza y un trastorno público, este enfoque’La cultura de la pobreza’ plantea que el sector marginal construye su estructura y lógica en un modo de vida tradicional heredado generacionalmente. Esto se propone desde una perspectiva antropológica tradicional en la medida en que una cultura así proporcionaría a los seres humanos que la conforman un esquema de vida, un conjunto inteligente de soluciones para problemas humanos, y desempeña una significativa función adaptativa.
  • La falta de participación efectiva e integración de los pobres en las principales instituciones de la sociedad.
  • Al nivel de la comunidad local, condiciones habitacionales precarias, hacinamiento, gregarismo, un mínimo de organización que trasciende el nivel de la familia nuclear y extensa
  • Ausencia de la infancia en cuanto a estado especialmente prolongado y protegido del ciclo de vida, iniciación sexual precoz, uniones libres o matrimonios consensuales, incidencia de abandono de las esposas e hijos, tendencia a las familias centradas en la madre o en una mujer, fuerte predisposición al autoritarismo, falta de privacidad, y la competencia por los escasos bienes y por el afecto materno, fuerte sentimiento de marginalidad, de desamparo, de dependencia y de inferioridad.

Las implicaciones de este tipo de concepto son altamente protectoras del statu quo, pues si los pobres son culturalmente diferentes, existe poco o nada que podamos hacer por ellos

2 - Enfatizar exageradamente las buenas cualidades de los pobres, una perspectiva que implícitamente acepta que precisan ser defendidos y sus virtudes probadas, asuminedo una postura paternalista, se preocupa en forma exagerada de averiguar las características de los pobres en vez de analizar la estructura social y comparar diferentes grupos y clases sociales para obtener un panorama más global

La propuesta de Oliven es que en vez de postular una de las dos posiciones unidimensionales donde los pobres son culturalmente o diferentes (marginales) o iguales (integrados), parece más apropiado percatarse que está ocurriendo un proceso dinámico en el que simultáneamente se comparten perfiles de la cultura dominante y al mismo tiempo se muestran elementos que no pertenecen a ella, esto como un doble mecanismo de sobrevivencia. Por otra parte, la aceptación de ciertos trazos de la cultura dominante es necesaria para su subsistencia y convivencia social y el desarrollo de características culturales propias es un modo de mantener su identidad a través de la creación de perfiles que no aceptan íntegramente las reglas de las clases dominantes (resistencia).


Oliven, Rubén George. “Marginalidad urbana en América Latina” En: Revista EURE, vol. 7, No. 19, octubre, 1980

lunes, 22 de febrero de 2021

La postguerra del Chaco en Bolivia




Gallego propone la idea de que el golpe militar no fue un movimiento cívico-militar sino exclusivamente castrense como alternativa a la crisis de la derrota del Chaco y con miras a un poder militar permanente.

El texto parte de reconocer la existencia de un descontento generalizado en la sociedad, pérdida de base social del liberalismo, en el seno de la oligarquía existencia de corrientes ideológicas favorables a la rectificación del camino, descomposición de los canales de legitimidad política y crisis financiera. El cóctel perfecto para una revolución o un golpe de Estado. Sucedió lo segundo… en el que el movimiento militar socialista no aspiraba a convertirse en una organización de masas, sino a crear una élite que influyera sobre los oficiales regeneracionistas del Chaco, sensibles a un programa fundamentalmente nacionalista, cuyo nacionalismo se limitaba a la eliminación de la oligarquía y su sustitución por una burguesía nacional, estaban convencidos de que la nación se encontraba en el atraso y su modernización requería de una moderna clase media emprendedora, tutelada por el Estado militar y no subordinada a la oligarquía minera como tradicionalmente ocurría en Bolivia.

Después de la revolución de 1920, el partido Republicano toma el poder y se suceden distintos tipos de gobiernos que se enlistan a continuación:

1920 - Bautista Saavedra

  • Influencia en los primeros núcleos de la clase obrera organizada (franjas más humildes, radicales y numerosas)
  • Caudillaje paternalista
  • Primeras leyes sociales
  • Enemigo de la oligarquía minera
  • Incremento de impuestos para subsanar la posible quiebra del Tesoro público por la caída de ingresos estatales
  • Dependencia de capital extranjero, principalmente estadounidense a cambio de explotación petrolera hasta 1937 (nacionalización)
  • Dura represión a actores obreros individuales

1926 - Hernando Siles

  • Buscó sumar a sus bases a universitarios y jóvenes profesionales
  • Marxismo, Aprismo, ejemplo mexicano y corporativismo componían su retórica
  • Pérdida de su estandarte dirigente ante sindicatos e intelectuales
  • Reducción de ingresos estatales - incremento de deuda externa
  • Golpe cívico militar

1931 - Daniel Salamanca

  • Ideología conservadora
  • Incremento de deuda externa
  • Disminución de ingresos estatales
  • Descontento social - protestas y movilizaciones por parte de trabajadores y funcionarios
  • Destituciones y nombramientos de orden militar, lo que aceleró su rompimiento de apoyo y el golpe militar

Guerra del Chaco (Perú - Paraguay)

1934 - Tejada Sorzano

  • Intención de instaurar un poder militar permanente
  • Dificultad para unir en torno suyo a los partidos tradicionales
  • Ineficacia para encarar la posguerra
  • Confrontación con el caudillo Bautista Saavedra, cuya agenda programática era mucho más clara: liquidar permanencia liberalista del gobierno y abrir el camino al reformismo

Golpe militar

1936 - David Toro

  • Emergencia de nuevas fuerzas políticas (Fascistas, socialistas)
  • Importante nacionalismo en su programa de gobierno
  • Formación de nuevos sindicatos con influencia en el gobierno
  • Reformismo militar para superar el antiguo régimen
  • Implementación de socialismo de estado = entendido como capitalismo productivo y fecundo con repartición social
  • Negociación con oligarquías mineras, sindicatos, élites intelectuales y económicas

1937 German Busch

  • Disolución de junta de gobierno mixta = poder exclusivamente militar
  • Implementación de programas de modernización técnica
  • Impuestos sobre concesiones mineras
  • Legislación reformista radical en materia de trabajo: reglamentación de la huelga, salubridad laboral, derechos de sindicalización, vacaciones anuales, descanso dominical, prohibición de trabajo infantil
  • Profundo aislamiento político

El cambio en la composición del movimiento obrero, la aparición de fuerzas política nuevas y la muerte del caudillo según Gallego son factores que inician el fin del proyecto militar.

lunes, 15 de febrero de 2021

El peronismo y la clase trabajadora


El texto de James aborda el periodo de formación del movimiento peronista y los motivos de identificación entre la clase trabajadora con su retórica, en ese sentido esboza de inicio la situación de contexto sociolaboral en Argentina con las siguientes características: rápida expansión económica sin beneficio para la clase trabajadora, rezago salarial ante la inflación, represión a la protesta por empleadores y Estado; y escasa legislación laboral y social.

Perón se consagró a atender algunas de las preocupaciones de la emergente fuerza laboral industrial, al tiempo que socava la influencia de las fuerzas de liderazgo sindical que competían con él; impulsó en el ámbito de lo laboral una estructura de organización centralizada por rubros productivos incorporándose a un monolítico movimiento peronista y llamándoles a la acción como agentes del estado ante los trabajadores: a cada sector de la actividad productiva sólo se le otorgó un sindicato con reconocimiento oficial, la ley obligaba a los empleadores a negociar con el sindicato y los salarios y condiciones acordados en esa negociación se aplicaban a todo el rubro, mientras el Estado quedaba como supervisor y articulador de esa estructura. En lo sociopolítico, reconoció el status cívico-político de la clase trabajadora como fuerza social y promovió la integración de esa fuerza a una coalición política emergente, pero de la mano con las estrategias laborales esta integración quedaba supervisada por el Estado que promovía un proyecto justicialista con pretensiones corporativistas para organizar y dirigir grandes esferas esferas de la vida social, política y económica.

Resulta lógico entender que la propuesta Peronista de un Estado reformista que ofrecía ventajas concretas en el corto plazo a la clase trabajadora aún cuando su libertad de acción se viera comprometida al margen del centralismo sindicalista impuesto, lo que permite pensarles como actores dotados de una conciencia de clase en busca de un camino realista para la satisfacción de sus necesidades materiales, pero influidos por un pragmatismo básico, atento a las necesidades del capital y su satisfacción.

El atractivo político del Peronismo estaba en su capacidad para redefinir la noción de ciudadanía dentro de un contexto esencialmente socio-económico, en el que se prometía acceso a la plenitud de los derechos políticos, ante la inercia de exclusión que los sectores laborales sufrían aún cuando muchos de esos derechos político-sociales ya se tenían anteriormente. La novedad es que el Peronismo exigía su restablecimiento, y para ello construyó una retórica con prevalencia elementos caudillistas y símbolos de lucha contra la oligarquía, mediante un lenguaje tradicional (con constantes referencias a la cotidianidad y figuras alegóricas importadas de canciones de tango), en el que la idea de luchar por los derechos en el orden de la política implicaba inevitablemente un cambio social que les garantiza reconocimiento y representación en la vida política de la nación, con acceso directo y privilegiado al Estado por medio de sus sindicatos. En esa ecuación la principal responsabilidad se trasladaba a la fuerza laboral, pues Perón se consideraba sólo como su vocero, pero el éxito dependía de su capacidad de unión y organización para enfrentar los retos de industrialización y nacionalismo económico.

Pero la credibilidad Peronista no estaba sujeta sólo a su lógica axiomática de las promesas, sino a la inmediatez con que la justicia social y la integración político-social podía atraer los anhelados cambios sociales, en ese sentido el proyecto ignoraba la necesidad de contar con élites políticas profesionales y promovía un profundo antiintelectualismo, afirmando suficiencia y validez de hábitos, valores, estilos de vida y costumbres de la clase trabajadora, tal y como los encontraba

Para James el Peronismo marcó una coyuntura decisiva en la aparición de la clase trabajadora moderna en Argentina, su existencia y su sentido de identidad como fuerza nacional en lo político y lo social; esta no llegó al Peronismo plenamente consciente de su capacidad para constituirse como fuerza de acción con injerencia a nivel estatal, sino que encontró en la retórica Peronista un vehículo para satisfacer sus necesidades materiales. Y si bien esta retórica procuraba la identificación e incorporación de la clase trabajadora con el Estado (suponiendo cierto grado de pasividad y somnolencia en esa relación por parte del la fuerza de trabajo), paradójicamente el movimiento sindical emergió con fuerza portando un espíritu reformista no anticipado de gremialismo activo y autónomo.

lunes, 8 de febrero de 2021

El socialismo militar boliviano revisitado

 


El texto propone analizar las especificidades del antiliberalismo en Bolivia de los años 30. Parte de reconocer la emergencia de una oficialidad militar joven que participó en la guerra del Chaco, pero sin el estigma de haber llevado al país al desastre como sus generales, con credenciales de heróicidad y portadora de un discurso de regeneración nacional que despreciaba al régimen oligárquico y establecía alianzas con sectores civiles, particularmente el sindicalismo independiente. Esto según Stefanoni impulsó un régimen militar que buscaba alinear al país con las teorías sobre el Estado social moderno con capacidad de regulación e intervención económicas, por ello socialistas, nacionalistas e incluso una parte de la oligarquía alentaron un golpe de Estado (valga la observación paradójica de dicha alianza, dados sus intereses de clase tradicionalmente  antagónicos); naturalmente esa utopía de democracia funcional se enfrentaría a la tensión entre clasicismo y organicismo difícil de mantener. 

El gobierno militar golpista proponía que el país debía reorganizarse íntegramente con un Parlamento que funcionara bajo una doble representación: de partido, mediante voto individual igualitario y de gremio, mediante voto social de grupos. Pero como suele ocurrir con los gobiernos militares, corrupción y mala administración se delatan como problemas fundamentales del nuevo orden, siendo combustible de descontento social. La implementación de una ley de sindicación obligatoria es muestra de la ineficacia para gobernar, en una realidad de 80% campesina, indígena y analfabeta.

         En el mundo (antes de la II WW), la crisis sistémica del capitalismo y el libre mercado granjearon adeptos a ideas antiliberales y en varios sectores se veía a Alemania, Italia y URSS como modelos emblemáticos hacia el Estado centralizado y un despertar político, económico, cultural y moral. 

Los militares socialistas bolivianos buscaban un renacimiento nacional sostenido en la unidad, para un país históricamente fragmentado social, ética y geográficamente, por lo que la ideología comunista (lucha de clases) no aportaba a su afán unificador del nuevo orden, incluso se le veía como divisionistas anarquizantes. Así, ideologías fascistas y nacionalsocialistas les coquetean por su crítica al egoísmo y materialismo, pero sin atentar contra la propiedad privada y el mercado; al tiempo que brindaban insumos de unidad nacional orgánica y armónica.

            Se alejan de Estados unidos principalmente al efectuar la privatización, buscan alianzas políticas-comerciales con Alemania e Italia, pero estas naciones no veían posibilidad de réplica de sus naciones y sólo estaban interesadas en sus recursos para la guerra, por lo que no apoyan directamente la implementación de un régimen similar a los suyos en Bolivia.

La derrota del Chaco generó una profunda crisis en los marcos ideológicos sobre los que se sostenía el Estado liberal-conservador, convocando a intelectuales marxistas/socialistas y nacionalistas a proponer fórmulas de refundación influenciados por las experiencias fascistas, comunistas, nacionalsocialistas e incluso el Estado socialista mexicano.

El proyecto hegemónico se expresó en un socialismo organicista y anticomunista que  buscaba una democracia funcional en donde los intereses colectivos imperaran sobre los individuales apuntalado en los debates abiertos tras la derrota del Chaco que contribuyeran a la construcción de un imaginario movilizador de unidad nacional y fortalecimiento estatal.


martes, 7 de junio de 2016

Colombia en la primera mitad del siglo XX

Colombia en la primera mitad del siglo XX

La conquista de América, como proceso histórico tuvo desde el inicio características comerciales, llevada a cabo por empresas mercantiles en que intervinieron grandes capitales privados y participación monárquica. En la Nueva Granada mediante encomiendas y mercedes se establecieron enormes ordenanzas oligárquicas terratenientes, mientras que las poblaciones indígenas conquistadas fueron sometidas a las más brutales formas de opresión y explotación, este "sistema feudal americano" no era una economía cerrada de autosubsistencia, como el caso del feudalismo europeo, sino que respondía a las necesidades de la agricultura colonial monoproductiva que abastecía a los centros mineros, los emplazamientos militares o los mercados europeos. (Bethell, 1990)
En 1819 en su empresa independentista, Bolívar establece la República de la Gran Colombia, acorde a su idea de formar una gran Confederación entre las Repúblicas hispanoamericanas; pero a su muerte en 1830 y a falta de identidades consolidadas que permitieran continuar la amalgama del sueño de una Hispanoamérica unida, se produjo la ruptura de la Confederación Grancolombiana que termina por disgregarse en varias naciones: Colombia, Ecuador y Venezuela. Este acontecimiento marcará trascendentalmente y con características particulares el desarrollo de la región, pues nos plantea de inicio una fisura de intereses nacionales, con sus estados vecinos al sur.
Durante este periodo de formación y consolidación  nacional, en Colombia se levantaron una gran cantidad de confrontaciones armadas de magnitud diversa, entre guerras civiles, cuartelazos, sublevaciones campesinas, pronunciamientos burgueses y golpes de estado. Sobre todo generados por las terribles condiciones de desigualdad social, el vacío de poder resultante del proceso de independencia, las marcadas diferencias entre regiones, diferencias de interés entre caudillos independentistas y gamonales, la pugna entre federalistas y centralistas, la confrontación de los abolicionistas contra los esclavistas. En suma hablamos de un país al que la factura de la libertad le ha resultado particularmente onerosa en sangre de patriotas, por lo que alcanzó la paz sobre una sociedad terriblemente fracturada y dolida.
Tras la ruptura con el dominio español, Colombia entra en contacto con el capitalismo expansivo de Inglaterra y Estados Unidos, ofertando la producción de materias primas, principalmente tabaco, bananas y café; y en menor medida una incipiente industria minera. Su estructura social mayoritariamente agraria y señorial se organizaba en torno a la hacienda y la vida rural.
Los hechos hasta aquí planteados pudieran antojarse ajenos al periodo propuesto, pero les consideramos relevantes al punto que son los determinantes de la configuración a las condiciones económicas, políticas y socioculturales de la Colombia del siglo XX. Por un lado tener presentes las continuidades coloniales tanto en su sistema productivo y en su organización sociopolítica; y por el otro es imprescindible considerar la confrontación ideológica e irreconciliable que se plantea en el terreno de los intereses en las elites criollas de Conservadores versus Liberales decimonónicas. Resulta también indispensable, en el ámbito de lo macro, plantear la posibilidad de desligar a Colombia, como estado nación, del conjunto sudamericano; para pensarle ante la perspectiva que sus propias relaciones con América del norte evidencian, aún que habrá que mantener siempre una óptica transversal para distinguir sensiblemente los aspectos específicos multiculturales y multiétnicos, que su propia composición social ofrece y que constituyen en buena medida la riqueza particular en la narrativa del siglo XX en la región.         
En 1903 Panamá se separa de Colombia, separación particularmente instada entre los sectores de la oligarquía comercial conservadora de la ciudad de Panamá, como agentes de la conspiración separatista, que ya en varias intentonas desde el siglo XIX venían procurando con lo que se conoce como las "actas separatistas": 1826, 1830, 1831, 1840-41, 1860. Pero que encontraron apoyo coyuntural en el expansionismo imperialista de Estados Unidos, durante la presidencia de Teodoro Roosevelt; la quiebra de la Compañía Nueva del Canal, con capitales franceses; y la actuación del  abogado William N. Cromwell. (Díaz Espino, 2003)
“Las negociaciones para la firma del correspondiente tratado entre Colombia y los Estados Unidos venían celebrándose desde hacía casi dos años. Habían empezado a petición de Colombia y Roosvelt y el secretario de Estado, John Hay, creían que las condiciones definitivas del tratado Hay-Herran cumplían los deseos del gobierno colombiano. Pero el presidente de Colombia convocó un congreso especial que, bajo su liderazgo, dio largas al asunto y, al cabo de una semanas, rechazó el tratado. Los panameños se sublevaron, y Roosvelt respondió invocando el tratado de Bidlack de 1846 para impedir que Colombia desembarcara más tropas. El reconocimiento siguió rápidamente a la instauración de la república de Panamá, y doce días después los Estados Unidos y Panamá firmaron un tratado relativo al canal, en vista de ello el presidente de Colombia se brindó a aprobar el tratado anterior, pero Roosevelt no le hizo caso. Los colombianos se quejaron y acusaron a los Estados Unidos de robo. Pero Colombia solo había ejercido un control intermitente de Panamá y se había apoyado siempre en la intervención norteamericana para mantener cierta apariencia de soberanía” (Freeman, p.89)

Y es este el acontecimiento con el que pretendemos plantear el primer apartado de nuestra tesis sobre la clásica pertenencia regional de Colombia, al conjunto de naciones sudamericanas. Pues ya anteriormente habíamos señalado que la ruptura de la Confederación Grancolombiana pudiera pensarse como una grieta continental al sur respecto a la identidad de Colombia; sostenemos que con la separación de Panamá se amplifica el aislamiento regional, pues la ingerencia directa de Estados Unidos en el proceso le obliga a establecer relaciones en completa desigualdad con esta nueva potencia mundial, voraz, intervencionista y demócrata-imperialista -valga la contradicción de origen-.
“La apertura del Canal de Panamá, hizo viable la terminación del ferrocarril del Pacífico y la expansión de la frontera agrícola en las zonas de vertiente de la cordillera central y la definición de una nueva vía exportadora, quedando así articuladas en este corto ciclo histórico los sistemas transportadores del Atlantico y del Pacícico, los que en decenios posteriores determinarían la orientación de la infraestructura física de integración de la sociedad colombiana” (García, p.174-175)

En este contexto, algunos autores determinan que Colombia estaba regida por un esquema de república señorial, heredera de los viejos patrones coloniales. (García, 1985 y Bethell, 1992)
Características de la república señorial
Archipiélago de regiones incomunicadas
Desconocimiento de la vida marítima
Concentración de la actividad política y social en pequeños centros urbanos
Dinamización de la organización municipal
Nucleación de grandes centros urbanos
Medellín
Industrial textil y comercio
Cali
Comercialización y procesamiento de café
La primera guerra mundial influye fuertemente en lo que podemos llamar el periodo inicial de modernización en Colombia. Los cambios ocurridos en el periodo entreguerras, como la crisis de la república señorial y la configuración del modelo capitalista, subdesarrollado y dependiente, se inserta en un sistema de mercado mundial, cuyo protagonismo se desplaza de golpe, de Inglaterra a los estados Unidos. La aristocracia latifundista y minera que había conservado el control de la riqueza, la cultura y el poder político, observa como se gestan en este periodo profundos cambios estructurales, con una alta complejidad y en un breve periodo de tiempo.
En la posguerra, a partir de la apertura del mercado norteamericano, el auge cafetalero de 1923 a 1928 duplicó las extensiones de siembra. La exportación se realizaba mediante corporaciones transnacionales especializadas en comercialización de productos del trópico; el valor anual del comercio exportador en este rubro, pasó de 61 millones de dólares en 1913 a más de 200 millones en 1924. La economía bananera que integró en su proceso productivo prácticas de moderna agricultura, representó el 6% de las exportaciones nacionales para el periodo de 1925 a 1929; 1100 millones de dólares. Donde cerca de las tres cuartas partes de estas exportaciones se destinaban a satisfacer las demandas de mercado estadounidense. (García,1985) El auge de la modernidad para Colombia, que se presenta en la década de los 20´s; en lo que se conoce como la Danza de los millones, “Los años de la Danza de los millones fueron de trabajo intenso en las obras públicas y en las inversiones financieras en todos los órdenes. Un ejemplo fue la construcción de carreteras: en 1911 Colombia tenía 578 kms en carreteras, cifra que pasó en 1922 a 3437 Kms y en 1930 a 5743 Kms”. (Ocampo, p. 280) Estas inversiones posibilitan una insólita transición a un país predominantemente urbano con características de modernidad basada en la industrialización. De esta forma, se presentan cambios radicales en la composición de la población económicamente activa, en los modos de producción, en la implementación de tecnologías, en el asentamiento urbanístico y en la participación de los sectores populares en la vida nacional.
Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla, se establecieron como centros político, administrativos, manufactureros y financieros del sistema capitalista de mercado; desarrollándose con ello una densa constelación de espacios residenciales del cinturón andino cafetalero. La población creció de 5.86 a 7.43 millones de habitantes, lo que modificó radicalmente los patrones hispanocoloniales de población (García 1985). La modernidad urbana se estaba conformando en lo que aún es hoy Colombia y que en la segunda mitad del siglo definiría los conflictos sociales causados por esa gran brecha de desigualdad y miseria entre los centros urbanos y los territorios del interior.

Grafico 1 Elaboración personal. Fuente (Ocampo, p. 270)

Mientras que el aparato bancario que regulaba las operaciones financieras y crediticias ce ciñó a la Misión Kemmerer (conformada por un grupo de técnicos financieros estadounidenses que propusieron una serie de reformas jurídicas como paliativo a la crisis comercial y financiera de 1920), imponiendo el sistema norteamericano de banca central, orientada por la ley del patrón oro y la liquidez de cartera; dando lugar al surgimiento del Banco de la República con una participación bastante marginal del gobierno colombiano, lo que precipitó la concentración bancaria en los nuevos centros urbanos y la desaparición de la banca local entre 1924 y 1928. En este periodo de transformaciones, se consolidó el proletariado de la industria manufacturera, del petróleo, la minería, los textiles, las plantaciones de banano, el café y de los sistemas de transporte ferroviario y marítimo; definidos por un sistema de estado absolutista:
-          Carencia de salarios mínimos
-          Disociación entre productividad y remuneración
-          Inexistencia de prestaciones y seguridad social
-          Durísima represión policial a los conflictos laborales
-          Ilegalidad de las luchas sociales y sindicales
Razones por las que el movimiento obrero irrumpió en la escena social, de manera violenta y revolucionaria, enfrentando al absolutismo del estado señorial que imponía la ruda hegemonía imperialista estadounidense. (García 1985)
En lo referente a la vida política del país, se presentaba ante el mundo con una imagen de gran estabilidad con respecto al periodo de la segunda mitad del siglo XIX, el movimiento conocido como Regeneración  (1886 – 1930) instauró una república Conservadora. Después de la guerra civil de los mil días (1899-1902), durante el gobierno de José Manuel Marroquín; la encomienda política fue la de establecer un programa de restauración nacional que permitiera mejorar la economía y sanear las finanzas públicas. El devenir de los gobiernos civiles colombianos después de la incipiente dictadura del general Reyes, transitaron más o menos pacíficamente entre ideólogos del orden conservador y la naciente burguesía liberal, por lo menos hasta la instauración de las dictaduras militares.
Presidente
Periodo
Vertiente ideológica
Rafael Reyes
1904 a 1909
Dictador
Jorge Holguín
(interino) 1909
Conservador
Ramón González Valencia
1909 a 1910
Conservador
Carlos Eugenio Restrepo
1910 a 1914
Unión Republicana
José Vicente Concha
1914 a 1918
Conservador
Marco Fidel Suárez
1918 a 1921
Conservador
Jorge Holguín
1921 a 1922
Conservador
Pedro Nel Ospina
1922 a 1926
Conservador
Miguel Abadía Méndez
1926 a 1930
Conservador
Enrique Olaya Herrera
1930 a 1934
Liberal
Alfonso López Pumarejo
1934 a 1938
Liberal
Eduardo Santos
1938 a 1942
Liberal
Alfonso López Pumarejo (2o periodo)
1942 a 1945
Liberal
Alberto Lleras Camargo
1945 a 1946
Liberal
Mariano Ospina Pérez
1946 a 1950
Conservador
Laureano Gómez
1950 a 1951
Conservador
Roberto Urdaneta Arbeláez
1951 a 1953
Conservador
Periodos presidenciales antes de las dictaduras militares
  
Referencias

Bethell Leslie (1990) Historia de América Latina. V7. Barcelona, España: Crítica.

Cueva Agustín (1978) El desarrollo del capitalismo en América Latina: Ensayo de interpretación histórica. México: Siglo Veintiuno Editores

Deas, Malcolm (1990) Venezuela, Colombia y Ecuador. En: Leslie Bethell. Historia de América Latina. V. 6. Barcelona, España: Crítica

Díaz Espino, Ovidio (2003). El país creado por Wall Street. La historia no contada de Panamá. Bogotá: Planeta

Freeman Smith, Robert  (1990). América Latina, los Estados Unidos y las potencias europeas, 1830-1930. En: Leslie Bethell. Historia de América Latina. V7. Barcelona, España: Crítica

García, Antonio. (1985) Colombia: Medio siglo de historia contemporánea. En: Pablo González Casanova, (coordinador). América Latina: Historia de medio siglo  V.1. México: Siglo Veintiuno Editores

Ianni, Octávio (1980) La formación del Estado populista en América Latina. México: Era

Ocampo López, Javier (1989) Breve historia de Colombia. Caracas: Academia Nacional de la Historia


martes, 15 de marzo de 2016

Reseña - Independencia y esclavitud en el periodo de transición de 1750 - 1850

Lombardi V., John. (2008) Independencia y esclavitud en el periodo de transición de 1750 - 1850. En: Historia general de América Latina. Teresa Rojas Rabiela, (directora). París, Francia: Editorial Trotta. Pp. 365 – 382
Lombardi parte de la premisa de que los historiadores son prisioneros de las estructuras jurídicas y burocráticas que producen y conservan las fuentes que sirven de base a su trabajo, así como de la escuela de pensamiento desde donde toman forma sus habilidades de interpretación histórica. Ejemplificando que mientras que para los hispanoamericanistas el interés en el estudio de las independencias de América Latina se centra en la formación de las identidades nacionales, para los historiadores de la escuela estadounidense, el centro de interés está en estudiar cómo los movimientos de independencia tienen su base en la declaración de independencia de 1776, el tratado de parís de 1783 y la convención constituyente de 1789, como un proceso de largo alcance, es decir lo que Lombardi llama el “paradigma norteamericano como referencia interpretativa”. Ante esto, plantea la interpretación de las independencias de América Latina, como una sólida continuidad de las estructuras económicas y sociales en los procesos de consolidación de las nuevas repúblicas independientes, pues para el autor, “el proceso independentista se orientó mucho más a cambiar la estructura y la autoridad para solucionar los conflictos, que a la solución directa de estos”, pues en ausencia de las instituciones coloniales los actores regionales, particularmente las élites criollas, compitieron por instaurarse como figuras de autoridad y la rivalidad entre ellos se orientó a controlar los dispositivos económicos que España había dejado en cada región; en vez de procurar la transformación de las estructuras básicas de las flamantes naciones, y así, al desaparecer las instituciones imperiales y los dispositivos jurídicos para la solución de conflictos; las élites regionales optaron por el empleo de la violencia organizada como método sucedáneo.

Los líderes independentistas aplicaron el método del caudillismo carismático que ofrecía formulaciones discursivas respecto al agravio histórico que la organización colonial llevó a cabo sobre la sociedad americana, fustigando a la rebelión, para imponer su propia autoridad investida de legitimidad colectiva. Pero las débiles instituciones propuestas por éstos, no eran capaces de soportar los conflictos subsecuentes y la inestabilidad económica resultante de los procesos bélicos, así las minorías rivales encontraban motivos para cuestionar dicha legitimidad y pugnar por un liderazgo alternativo en cabeza de otro caudillo. Por ello, para Lombardi “el débil proceso de consolidación institucional experimentó una rápida devaluación”, pues los grupos subordinados continuaban viviendo en un sistema socioeconómico estructurado por la tradición española, que las élites sólo modificaron en beneficio propio como la efectiva existencia del sistema esclavista reflejada en el alto precio y demanda de esclavos hasta bien entrado el siglo XIX, aún a pesar de la firme oposición internacional encabezada por la política abolicionista británica.

Así para Lombardi, la raza, los vínculos con la nobleza, la riqueza, los nexos por matrimonio, los éxitos militares, la educación o el rango religioso; determinaba la pertenecía a una categoría social y el disfrute de privilegios particulares en las nuevas repúblicas, tal y como habían funcionado en la estructura social de las antiguas colonias, aunque aclara, que España con esta división de clases no mantenía la colonia en beneficio de los americanos, ni pretendía forjar sistemas económicos de ámbito local exitosos, sino que sólo buscaba extraer la mayor plusvalía posible, pues cuando los súbditos americanos parecieron interesarse demasiado en la prosperidad local, la corona respondió con las Reformas Borbónicas: una reestructuración administrativa destinada a devolver el monopolio económico a España, controlando las oportunidades de desarrollo del continente. Esa estructura de privilegios representada por la organización de castas servía para controlar su sistema económico, pues limitaba el número de rivales que competían por las mejores oportunidades y privilegios a cambio de que se colocaran los intereses de la corona por encima de los locales. Esta implantación de jerarquías de privilegio y oportunidad motivó a cada grupo a esforzarse por alcanzar los estratos superiores de manera individual, en vez de crear comunidades de intereses colectivos que obstaculizarían el modelo colonial básico y en suma el principio del nuevo orden capitalista mundial .

Este mismo sistema de control propició conflictos raciales, étnicos y de clase, que se manifestaron en la vida económica y social del continente prácticamente desde la conquista, y según el autor, fue el factor definitorio del conflicto. Pues en el proceso independentista hubo quienes pensaban que incluir a las clases subalternas era un riesgo demasiado alto a sus intereses de grupo y se mantuvieron fieles a España, ya que la monarquía parecía más capaz de preservar las estructuras discriminatorias que les otorgaban sus privilegios; pero algunos miembros de esta élite novohispana sobreestimaron su capacidad para impulsar un movimiento civil separatista sin dañar las estructuras coloniales que les privilegiaban, sin considerar que “los esclavos, los pardos y otros miembros de las capas subordinadas de la población hispanoamericana, decidieron finalmente incluir sus aspiraciones en el programa independentista”, obteniendo como resultante que el debilitamiento del sistema les ofreciera ocasión para actuar en aras de sus propios intereses de grupo. Así miembros de estas capas subordinadas participaron en las guerras de independencias, militando para ambos bandos. Según Lombardi, “examinando las oportunidades, sopesando los riesgos y calculando las ventajas a fin de actuar en consecuencia”, pues por un lado el rígido sistema de castas había creado durante la paz un conjunto duradero de normas que se aplicaban rigurosamente y que de alguna manera ofrecía cierta garantía a la población esclava por parte de la corona, respecto a los abusos de los empresarios novohispanos. Mientras que el discurso independentista ofrecía una serie de incentivos para asegurar su participación, como: la promesa de emancipación y la erradicación de las distinciones formales de casta.

Boves, Morillo, Piar y Bolívar reconocieron la imposibilidad de independencia en los límites de una pugna elitista, en consecuencia, la esclavitud institucionalizada no podía vivir en la independencia y el compromiso para erradicar esta práctica contribuía al esfuerzo diplomático para legitimar a los independentistas como miembros de vanguardia en las ideologías modernas. Pero la abolición efectiva se realizó a un paso mucho más lento pues las nuevas Repúblicas requerían de mano de obra dócil para subsistir a su inserción en los mercados globales. Así la “ley de vientres libres” garantizaba la abolición, al tiempo que aplazaba sus efectos, pues la aritmética demográfica persuadía a los dueños de esclavos americanos, que el capital humano del que era dueño no se devaluaría inmediatamente, pues se aplazaba la emancipación de los descendientes de esclavos durante un plazo que oscilaba entre los 21, hasta los 50 años. Esta disposición produjo el aplazamiento de la abolición y prolongó la disponibilidad de mano de obra controlada durante una generación.

Lombardi concluye que con la independencia y la abolición no cambió la estructura económica de Hispanoamérica, continuó vigente la política extractiva, no hubo cambios estructurales en las relaciones de élite con las capas subalternas, no se reorientaron los vínculos dependientes del trabajo esclavo, pues se sustituyó por otros sistemas de control, como: migración forzada y contratos de servicio obligatorio. Pues las élites independientes se esforzaron por realzar, mejorar, gestionar y controlar mejor la estructura de exportación herencia del imperio español, permaneciendo casi intacta la “discriminación social y económica basada en la raza, como legado duradero del sistema español”.