martes, 14 de junio de 2016

La cortina de hierro Vs el mundo occidental: La Guerra fría


Para efectos del presente texto, trataré de confrontar la visión de historiadores de la talla de Eric Hobsbawm y Ramón Villares; ambos editaron sendas obras sobre el acontecer histórico mundial del siglo XX en las que dedican de manera monográfica capítulos específicos para tratar de explicar el periodo conocido como la Guerra Fría. Periodo que a mi entender puede servir a los estudiosos de la historia contemporánea para tratar de comprender las causas de muchos de los problemas económicos, sociales y políticos contemporáneos. En los textos contrastados, Ramón Villares y Ángel Bahamonde elaboran una narrativa puntual del acontecer histórico del siglo XX con un declarado afán de divulgación, mientras que Hobsbawm plantea un análisis crítico de los acontecimientos, aún que en varias ocasiones no muestra reparo en emitir juicios de valor y lanzar calificativos sobre los sucesos y actuaciones de los principales protagonistas. El ejercicio de oposición resulta interesante puesto que se obtiene un grado de complementariedad narrativa y analítica entre ambas visiones de un mismo hecho histórico.
Nuestra visión del mundo se ha transformando de un modo radical en los últimos años, los avances en materia de las tecnologías comunicacionales ahora nos dan la falsa impresión de que las fronteras geográficas se diluyen en secuencias binarias que fluyen en libertad alrededor del orbe y solo basta que nos decidamos a tomar parte en esta fiesta cosmopolita para acreditarnos como ciudadanos del mundo civilizado. Transitamos de la aldea rural a una aldea global, caracterizada por un extraordinario desarrollo tecnológico y de globalización económica, muchas de las limitaciones que en el siglo XX nos imponía el espacio y el tiempo han sido superadas, pues desde finales del corto siglo pasado nos hallamos en el camino de una nueva civilización, claramente diferente a la forjada por la sociedad industrial de principios del siglo XIX. Pero no siempre fue así; si en 1919 la humanidad comprendió que los conflictos bélicos podían extenderse hacia múltiples fronteras y que la capacidad letal de los ejércitos en disputa se había incrementado exponencialmente gracias al desarrollo de la industria balística; en 1940 nos quedó muy claro que somos capaces de acabar con la vida de millones de seres vivos a miles de kilómetros de distancia y con una inversión de recursos relativamente pequeños. Pero fue durante el periodo que los historiadores reconocen como de postguerra, cuando las fronteras ideológicas imaginarias configuraron y enfrentaron dos grandes bloques con sistemas económicos y sociales opuestos.
            El concepto
Walter Litman popularizó el concepto de Guerra Fría para referirse a las relaciones internacionales en escala global, desde 1947 hasta la década de los 90´s, mientras que Winston Churchill prefería usar el término El telón de acero: conceptos que comprendían estasnea imaginarias de los bloques antagónicos de ideología económica y las relaciones globales entre sí. En los años 50 ya estaban configurados estos dos grandes bloques ideológicos a nivel mundial: Capitalismo vs Comunismo. Mientras el resto del mundo se autoproclamaba como no alineado pero su accionar político, social y económico estaba condicionado por la evolución de las relaciones entre las superpotencias. (Villares, 2001, p. 317)
            Al respecto Hobsbawm dedica pocas líneas definitorias: “el enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la segunda guerra mundial, la denominada <<guerra fría>>” (Hobsbawm 1995, p.230). Pero en varias ocasiones no duda en calificar de absurda la creencia occidental de que con el triunfo de los aliados en la gran guerra, la era de las catástrofes no se había acabado y que el futuro de la sociedad liberal continuaba en peligro
            Lo anterior llevó al mundo a un estado de tensión permanente con conflictos localizados lejos de los espacios neurálgicos de las dos superpotencias ideológicas, por un lado los Estados unidos de Norteamérica y por el otro la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Esto, alteró sensiblemente el tejido social, económico y político del conjunto de países que formaban la sociedad internacional, así como instigó el terror psicológico a la amenaza nuclear y el odio al enemigo.
            Antecedentes Norteamericanos
Los padres de la nación norteamericana, especialmente Thomas Jefferson; esbozaron un tipo ideal de sociedad norteamericana que permitiría más tarde realizar el sueño de los fundadores de los Estados Unidos y sus predecesores. El mismo James Monroe el 2 de diciembre de 1823 lanzó la idea que germinó s tarde en la Doctrina Monroe, la cual era una barrera que cerraba el paso a las potencias colonialistas europeas y a la penetración de sistemas políticos extraños. Los fundadores del estado nacional norteamericano crearon un proyecto pensando que el sistema se extendiera al mundo entero y en sus inicios se apoyaron en cuatro factores básicos, que permitieron el equilibrio de poderes en el marco democrático representativo y no se permitiera agudas disputas fratricidas entre los distintos sectores de la burguesía que condenaran a esta sociedad al fracaso: Frente al proteccionismo, al gobierno imperial, al aislacionismo y el elitismo muy en práctica en los gobiernos europeos, moldearon un esquema programático: Libre cambismo, gobierno limitado, destino imperial y espíritu democrático. Estos factores fueron el pivote fundacional de la sociedad norteamericana, la base operativa ideológica y territorial sobre la que se sustentaron los nacientes Estados Unidos a finales del siglo XVII (las trece colonias), comenzó a expandirse gradualmente a través de compras territoriales y guerras de rapiña, como el caso de la guerra contra México.
                Al finalizar la guerra de secesión, se aprecia un proceso interno, en el que la sociedad norteamericana articula sus corrientes políticas, y económicas Y es hasta la década de los 80´s del siglo XVIII en que se vislumbra de forma nítida el expansionismo político-económico de los Estados Unidos. Se celebran dos conferencias significativas en esa época: La conferencia Panamericana de Washington (1889) y la conferencia Monetaria Americana de Montevideo (1933). En ellas se diseñó la política de intervención y penetración en la vida de las sociedades latinoamericanas, cuyo tema central fue la imposición a estas de responder con un rotundo no a la relación con Europa, procurandose los Estados Unidos, garantizar mercados seguros para sus productos, inversión de capital y materias primas baratas y fáciles de obtener.
                Antecedentes Socialistas
En 1917 el imperio ruso fue el primero en caer a consecuencia de las repetidas derrotas militares y el Zar Nicolás II se vio obligado a abdicar. La revolución Rusa, para los países del bloque oriental, tuvo una importancia similar al de la revolución Francesa, los partidos políticos de oposición al Zarismo escenificaron varios movimientos  insurreccionales, aún que vale la pena aclarar que no todos fueron de corte popular socialista, pues las diferentes agendas de los partidos de oposición (PSR, POSDR y KADETE) actuaban bajo una irreconciliable inconexión de intereses de clase.  “Marx había argumentado que la revolución comunista, en la que la clase obrera explotada de las industrias se uniría y se revelaría contra sus patronos capitalistas, aboliendo la propiedad privada y creando una <<sociedad sin clases>>, era más probable que se produjese en países con una clase obrera numerosa, como Alemania, Gran Bretaña, Bélgica y Holanda. De hecho, para muchos marxistas, el campesinado era una fuerza reaccionaria” (Brigs 2000, p. 231) pero Lenin decidió que la formula sería una dictadura revolucionaria del proletariado y los campesinos más pobres y el surgimiento y empoderamiento de los Soviets sobre el gobierno provisional, se presentó como una alternativa a la distribución y ejercicio del poder.
            La revolución Rusa plantea la prohibición del trabajo asalariado y la compra-venta de la tierra, pero no el usufructo de la misma. Y para llevar a cabo estas reformas radicales en un mundo acostumbrado a la explotación del hombre por el hombre mismo, fue necesaria la implantación del Comunismo de guerra de 1912 a 1921, este se creó porque no había otra alternativa, es decir, como una medida pragmática para solucionar las necesidades del ejército rojo: Nacionalización de la tierra y la industria; control obrero; distribución igualitaria del producto del intercambio de bienes; requisa de cosechas; centralización y control del poder; Prohibición de toda oposición al partido Socialista. Se echaba a andar la construcción de un nuevo imperio Soviético basado en una gran cantidad de medidas coercitivas a las libertades individuales tan valoradas desde Occidente. De hecho Lenin construye su concepción de imperialismo de la siguiente forma:
Las luchas de clases se expresan en el reparto del mundo y la lucha por el nuevo reparto
Las necesidades del proceso de acumulación generan las necesidades de exportación de capitales así como la importación de materias primarias baratas
La demanda de financiamiento productivo, deviene en la concentración bancaria y esto a su vez en el capital financiero controlado
            Para Hobsbawm al fin de la guerra la URRS “se encontraba en ruinas, desangrada y exhausta, con una economía civil hecha trizas y un gobierno que desconfiaba de una población gran parte de la cual, fuera de Rusia, había mostrado una clara y comprensible falta de adhesión al régimen.(Hobsbawm 1995, p.236)
                El enfriamiento de las relaciones
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y con el surgimiento del campo socialista en la escena económica internacional, se abre un nuevo periodo en las relaciones mundiales en donde la lucha de clases se internacionaliza en forma aguda y se ve expresada en la oposición de los bloques Este-Oeste. A opinión de Hobsbawm, en 1945 era inminente el fin de los imperios coloniales de Occidente en Asia, este fue el escenario de competencia por conseguir apoyo e influencia a favor de alguna de las superpotencias, aun cuando la URSS no deseaba que los comunistas chinos se hicieran con el poder, “el <<bando comunista>> no presentó síntomas de expansión significativa entre la revolución china y los años setenta, cuando la China comunista ya no formaba parte del mismo” (Hobsbawm 1995, p.232). Con la conformación de la OTAN, presumiblemente para garantizar la paz post conflicto, se configura el bloque occidental que escenificará la Guerra Fría, con Estados Unidos a la cabeza
“La alianza del Atlántico Norte (OTAN), tenía carácter militar y fue constituida en abril de 1949 por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Canadá, Italia, Bélgica, Holanda Luxemburgo, Portugal, Noruega, Dinamarca e Islandia. Estaba dirigida a organizar la defensa colectiva de los países firmantes. Años después se integraron Grecia y Turquía (1952), la República Federal Alemana (1954) y finalmente, España (1981)” (Villares, 2001, p. 324)
Tras la aparente salvación del capitalismo en Estados Unidos, mediante el New Deal; y la política económica keynesiana, “al acabar la guerra los países beligerantes, con la excepción de los Estados Unidos, eran mundos en ruinas habitados por lo que a los norteamericanos les parecían poblaciones hambrientas, desesperadas y tal vez radicalizadas, predispuestas a prestar oído a los cantos de sirena de la revolución social y de políticas económicas incompatibles con el sistema internacional de libertad de empresa, libre mercado y libertad de movimiento de capitales que había de salvar a los Estados Unidos y al mundo.” (Hobsbawm 1995, p.234) Se abre así una nueva perspectiva política hacia el mundo. Franklin Roosvelt tenía como política la búsqueda de soluciones viables a través de la diplomacia ofensiva, allí donde los conflictos fueran candentes como en el caso de la Revolución del 33 en Cuba: Menguar la izquierda, con la utilización de las fuerzas de centro derecha tratando de evitar por todos los medios el empleo de marines salvo en casos muy críticos o especiales.
                Así comienza la guerra Fría a nivel mundial e interno en los países capitalistas, el concepto de seguridad nacional traspasa los límites de Estado-Nación y abarca áreas y continentes enteros, cada bloque en pugna, arguye planteamientos distintos; según las concepciones político-ideológicas que sustenta cada régimen socioeconómico.
La singularidad de la guerra fría estribaba en que, objetivamente hablando, no había ningún peligro inminente de guerra mundial. Más aún: pese a la retórica apocalíptica de ambos bandos, sobre todo del lado norteamericano, los gobiernos de ambas superpotencias aceptaron el reparto global de fuerzas establecido al final de la segunda guerra mundial, lo que suponía un equilibrio de poderes muy desigual pero indiscutido. La URSS dominaba o ejercía una influencia preponderante en una parte del globo: la zona ocupada por el ejército rojo y otras fuerzas armadas comunistas al final de la guerra, sin intentar extender más allá su esfera de influencia por la fuerza de las armas. Los Estados Unidos controlaban y dominaban el resto del mundo capitalista, además del hemisferio occidental y los océanos, asumiendo los restos de la vieja hegemonía imperial de las antiguas potencias coloniales. En contrapartida, no intervenían en la zona aceptada como de hegemonía soviética. (Hobsbawm 1995, p.231)
                Esta oposición de política de bloques conformada por el antagonismo no reconciliable de ideologías distintas, abre un camino emulativo en el plano político, ideológico económico y militar último aspecto que destaca por su acelerada carrera armamentista por alcanzar la supremacía militar
            Con vista a la aplicación y ejecución de una política de gran potencia los Estados Unidos inician desde el fin de la Segunda Guerra Mundial el chantaje nuclear, como estrategia ideológico-política de contención al comunismo de donde se derivan varias doctrinas geopolíticas “Generaciones enteras crecieron bajo la amenaza de un conflicto nuclear global que, tal como creían muchos, podía estelar en cualquier momento arrasar a la humanidad” (Hobsbawm 1995, p.230)
            El campo socialista se ve obligado ante este nuevo fenómeno a aumentar su capacidad militar defensiva y a la vez a llegar a una paridad militar de fuerzas en el orden estratégico que sea capaz de garantizar sus fronteras, reivindicando a su vez su propio concepto de seguridad nacional. “Una vez que la URSS se hizo con armas nucleares cuatro años después de Hiroshima en el caso de la bomba atómica (1949), nueve meses después de los Estados Unidos en el de la bomba de hidrógeno (1953)—, ambas superpotencias dejaron de utilizar la guerra como arma política en sus relaciones mutuas, pues era el equivalente de un pacto suicida.” (Hobsbawm 1995, p.230) Queda claro que para Hobsbawm la acelerada carrera armamentista de la URSS corresponde a la provocación que el exagerado arsenal estadounidense representaba, e incluso se puede hacer una lectura que le calificaría de no expansionista: “la URSS ni era expansionista menos aún agresiva— ni contaba con extender el avance del comunismo más allá de lo que se supone se había acordado en las cumbres de 1943-1945. De hecho, allí en donde la URSS controlaba regímenes y movimientos comunistas satélites, éstos tenían el compromiso específico de no construir estados según el modelo de la URSS, sino economías mixtas con democracias parlamentarias pluripartidistas, muy diferentes de la «dictadura del proletariado» y «más aún» de la de un partido único, descritas en documentos internos del partido comunista como «ni útiles ni necesarias» (Spriano, 1983, p. 265; citado por Hobsbawm), para Hobsbawm, la postura de la URRS no era ofensiva sino defensiva.
            A mediados de los setenta la situación mundial era razonablemente estable hasta que el sistema internacional entro en otro prolongado período de crisis política y económica. Las superpotencias habían aceptado el reparto desigual del mundo, hecho esfuerzos por resolver las disputas sobre sus zonas de influencia sin confrontaciones abiertas que pudiese derivar en una guerra e incluso habían demostrado los hechos contra el discurso de la Guerra Fría que la coexistencia pacífica entre ambas era posible, confiando en la moderación de sus dirigentes, aun cuando en varias ocasiones estuvieron oficialmente a punto de entrar en guerra. Durante la guerra de Corea de 1950-1953, participaron oficialmente los norteamericanos, pero no los rusos “Washington sabía perfectamente que unos 150 aviones chinos eran en realidad aviones soviéticos pilotados por aviadores soviéticos
(Walker, 1993, pp. 75). Durante la crisis de los misiles de 1962 en Cuba, la principal preocupación de ambos bandos fue evitar que se malinterpretaran gestos hostiles como preparativos bélicos reales.
Mapa que muestra la influencia de ambos bandos a escala global Fuente: Autor desconocido
            Al cerrarse la red de acero de la Guerra fría sobre el planeta, los países que tenían libertad de acción quisieron mantenerse al margen de los dos sistemas de alianzas de lo que suponían la tercera guerra mundial. Los Estados Unidos habían abandonado su tradición anticolonialista de la noche a la mañana después de que el mundo quedase dividido y buscaban aliados entre los elementos más conservadores del tercer mundo: Irak (antes de la revolución de 1958), Turquía, Pakistán e Irán, que constituyeron la Organización del Tratado Central (CENTO); Pakistán, Filipinas y Tailandia, que formaron la Organización del Tratado del Sureste Asiático (SEATO), ambas pensadas para completar el sistema militar antisoviético cuyo pilar principal era la OTAN. Cuando el grupo afroasiático de los no alineados se convirtió en tricontinental tras la revolución cubana de 1959, sus miembros latinoamericanos se reclutaron entre las repúblicas del hemisferio occidental menos allegadas al «gran hermano del norte». No obstante, a diferencia de los simpatizantes de los Estados Unidos en el tercer mundo, que podían unirse a sistema occidental de alianzas, los estados no comunistas no tenían intención alguna de verse involucrados en una confrontación mundial entre las superpotencias, ya que, como demostraron las guerras de Corea y Vietnam y la crisis de los misiles cubanos, estaban en la primera línea potencial del conflicto. Cuanto más estable fuesen las fronteras Europeas, más probable era que llegada la hora de las armas y las bombas, éstas se cebasen en las los territorios de Asia, África o América Latina.
Etapas de la guerra fría
Primera etapa
Segunda etapa
Tercera etapa
Máxima tensión (1947 a 1953)
Fin de monopolio nuclear de Estados Unidos
Reagan presidente de EUA 1981
Crisis de Berlín 1947
Muerte de Stalin 1953
Gorbachov presidente de la URSS 1985
Guerra de Corea 1950-1953
Elección Dwight D. Eisenhower Presidente de los Estados Unidos (1953-1961)
Perestroika y Glásnost

Guerra de Vietnam 1975
Disolución del bloque socialista 1989
Fuente: Elaboración propia, con base a la calendarización de Villares y Bahamonde

            KGB VS CIA
En pleno conflicto ideológico surgen dos figuras que por su propia naturaleza se envuelven de un halo de suspenso, que en el imaginario colectivo se les tiene como maestras del espionaje, el sabotaje, la guerra económica y la guerra psicológica. Ambas agencias de inteligencia participaron activamente en operaciones encubiertas durante los cuarenta y cinco años que duró el conflicto. Aún que en este tema observamos posturas diferentes entre ambos autores analizados.
La guerra fría, que sí procuraba estar a la altura de su propia retórica de lucha por la supremacía o por la aniquilación, no era un enfrentamiento en el que las decisiones fundamentales las tomaban los gobiernos, sino la sorda rivalidad entre los distintos servicios secretos reconocidos y por reconocer, que en Occidente produjo el fruto más característico de la tensión internacional: las novelas de espionaje y de asesinatos encubiertos. En este género, los británicos, gracias al James Bond de Ian Fleming y a los héroes agridulces de John Le Carré —ambos habían trabajado por un tiempo en los servicios secretos británicos, mantuvieron la primacía, compensando así el declive de su país en el mundo del poder real. No obstante, con la excepción de lo sucedido en algunos de los países más débiles del tercer mundo, las operaciones del KGB, la CIA y semejantes fueron desdeñables en términos de poder político real, por teatrales que resultasen a menudo. (Hobsbawm 1995, p.232)
            Desde la visión de Hobsbawm, la danza de espionaje y contraespionaje protagonizada por ambas agencias de inteligencia y que a muchos fascina, se encuentra más en el campo de la ficción literaria y cinematográfica, pero afirma que “el anticomunismo era auténtica y visceralmente popular en un país basado en el individualismo y en la empresa privada, cuya definición nacional se daba en unos parámetros exclusivamente ideológicos («americanismo») que podían considerarse prácticamente el polo opuesto al comunismo“ (Hobsbawm 1995, p.239)
            Una Comunidad Europea
La guerra fría repercutió fuertemente sobre la política internacional de Europa al grado de que impulsa la creación de la Comunidad Europea: forma de organización política sin precedentes, como un organismo de larga duración que pretende integrar las economías y los sistemas legales de varios estados en la región, formada al principio en 1957 por Francia, República Federal de Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, pero que a finales del siglo XX cuando los productos de la guerra fría se tambaleaban, se adhirieron seis países más: Gran Bretaña, Irlanda, España, Portugal, Dinamarca y Grecia. Esto personalmente parece de fundamental importancia para comprender el devenir de la configuración regional en la actualidad.
            El periodo de Distensión
A principio de los años sesenta las tensiones de la guerra fría que desde 1947 con la guerra de Corea habían transcurrido sin una conflagración global, aún cuando se esperaba lo peor tras la muerte de Stalin en 1953, Europa occidental se dio cuenta de que estaban viviendo una época de prosperidad inesperada. “N. S. Kruschev estableció su supremacía en la URSS después de los zafarranchos postestalinistas (1958-1964). Este admirable diamante en bruto, que creía en la reforma y en la coexistencia pacífica, y que, por cierto, vació los campos de concentración de Stalin… Sin embargo, la distensión tuvo que sobrevivir primero a lo que pareció una etapa de confrontaciones de una tensión insólita entre la afición de Kruschev a las fanfarronadas y a las decisiones impulsivas y la política de grandes gestos de John F. Kennedy (1960- 1963), el presidente norteamericano más sobrevalorado de este siglo” (Hobsbawm 1995, p.239) Durante este periodo se instaló el mítico teléfono rojo: Una línea de comunicación directa entre el Kremlin y la Casa Blanca.
Entre 1977 y 1985 el mundo asistió a un rebote de la guerra fría cimentado en nuevas tensiones y en el incremento de la carrera de armamentos, sobre todo en su vertiente nuclear. La estrategia soviética persiguió alcanzar la hegemonía militar. en 1977 la URSS desplegó por su territorio europeo y asiático los misiles SS-20 de 5000 kilómetros de alcance y provistos de tres cabezas nucleares; esto suponía la amenaza directa a los territorios de Europa occidental. Al mismo tiempo creció su presencia en el Tercer Mundo: sus intervenciones en Etiopía, Angola, Mozambique y especialmente Afganistán son los casos más representativos” (Villares, 2001, p. 337)
Queda claro que para Villares, a diferencia de la ya comentada visión de Hobsbawm; la URSS si pretendió una política expansionista de ofensiva en el asunto armamentista, sobre todo en esta segunda etapa del conflicto.
            Tanto para Villares como para Hobsbawm, las intervenciones militares en Vietnam y Oriente medio, debilitaron la postura de Estados Unidos y entre 1974 y 1979 surgió una nueva oleada de revoluciones en el mundo, una serie de regímenes africanos, asiáticos y americanos se comulgaron con el bando soviético facilitando a la URSS bases militares. “La coincidencia de esta tercera oleada de revoluciones mundiales con el fracaso y derrota públicos de los norteamericanos fue lo que engendró la segunda guerra fría(Hobsbawm 1995, p.249), que la URSS no continuara en su confinamiento regional era una prueba fehaciente de que la supremacía occidental se vería comprometida si no se reafirmaba mediante el uso de la fuerza militar. La política de Ronald Reagan, pretendía negar esa humillación demostrando la supremacía incontestable de los Estados Unidos con la invasión de la isla de Granada en 1983, el ataque contra Libia en 1986 y la invasión de Panamá en 1989. Así Reagan no sólo arremetía contra el «imperio del mal», sino que veía con desconfianza a aquellos dirigentes que practicaban las políticas del estado del bienestar y recrudecía las políticas intervencionistas en el Tercer Mundo.
            Fin de la Guerra Fría
Para HobsbawmLa guerra fría acabó cuando una de las superpotencias, o ambas, reconocieron lo siniestro y absurdo de la carrera de armamentos atómicos, y cuando una, o ambas, aceptaron que la otra deseaba sinceramente acabar con esa carrera. (Hobsbawm 1995, p.253), mientras que para Villares, “El fin de la guerra fría, en definitiva, es fruto del desplome del sistema soviético” (Villares, 2001, p. 338), aún que reconoce otras variables como la insostenibilidad de la costosa carrera armamentista que bloqueaba el avance económico para ambas partes, aún que como bien apunta, paradójicamente fue el periodo en que el impulso a los avances científicos y técnicos plantea los cimientos de muchos de los beneficios tecnológicos que ahora disfrutamos.
           
Referencias
Briggs, Asa. Capítulo VI. Una guerra civil europea, 1914-1918. En: Historia contemporánea de Europa 1789 – 1989, Barcelona, Crítica, 2000
Hobsbawm, Eric. Capítulo VII. La Guerra Fría. En: Historia del siglo XX. España: Crítica (Series: Mayor), 1998

Villares, Ramón y Angel Bahamonde. Capítulo 11. La Guerra Fría. En: El mundo contemporáneo. Madrid: Taurus (Series: Pensamiento), 2001.

martes, 7 de junio de 2016

Colombia en la primera mitad del siglo XX

Colombia en la primera mitad del siglo XX

La conquista de América, como proceso histórico tuvo desde el inicio características comerciales, llevada a cabo por empresas mercantiles en que intervinieron grandes capitales privados y participación monárquica. En la Nueva Granada mediante encomiendas y mercedes se establecieron enormes ordenanzas oligárquicas terratenientes, mientras que las poblaciones indígenas conquistadas fueron sometidas a las más brutales formas de opresión y explotación, este "sistema feudal americano" no era una economía cerrada de autosubsistencia, como el caso del feudalismo europeo, sino que respondía a las necesidades de la agricultura colonial monoproductiva que abastecía a los centros mineros, los emplazamientos militares o los mercados europeos. (Bethell, 1990)
En 1819 en su empresa independentista, Bolívar establece la República de la Gran Colombia, acorde a su idea de formar una gran Confederación entre las Repúblicas hispanoamericanas; pero a su muerte en 1830 y a falta de identidades consolidadas que permitieran continuar la amalgama del sueño de una Hispanoamérica unida, se produjo la ruptura de la Confederación Grancolombiana que termina por disgregarse en varias naciones: Colombia, Ecuador y Venezuela. Este acontecimiento marcará trascendentalmente y con características particulares el desarrollo de la región, pues nos plantea de inicio una fisura de intereses nacionales, con sus estados vecinos al sur.
Durante este periodo de formación y consolidación  nacional, en Colombia se levantaron una gran cantidad de confrontaciones armadas de magnitud diversa, entre guerras civiles, cuartelazos, sublevaciones campesinas, pronunciamientos burgueses y golpes de estado. Sobre todo generados por las terribles condiciones de desigualdad social, el vacío de poder resultante del proceso de independencia, las marcadas diferencias entre regiones, diferencias de interés entre caudillos independentistas y gamonales, la pugna entre federalistas y centralistas, la confrontación de los abolicionistas contra los esclavistas. En suma hablamos de un país al que la factura de la libertad le ha resultado particularmente onerosa en sangre de patriotas, por lo que alcanzó la paz sobre una sociedad terriblemente fracturada y dolida.
Tras la ruptura con el dominio español, Colombia entra en contacto con el capitalismo expansivo de Inglaterra y Estados Unidos, ofertando la producción de materias primas, principalmente tabaco, bananas y café; y en menor medida una incipiente industria minera. Su estructura social mayoritariamente agraria y señorial se organizaba en torno a la hacienda y la vida rural.
Los hechos hasta aquí planteados pudieran antojarse ajenos al periodo propuesto, pero les consideramos relevantes al punto que son los determinantes de la configuración a las condiciones económicas, políticas y socioculturales de la Colombia del siglo XX. Por un lado tener presentes las continuidades coloniales tanto en su sistema productivo y en su organización sociopolítica; y por el otro es imprescindible considerar la confrontación ideológica e irreconciliable que se plantea en el terreno de los intereses en las elites criollas de Conservadores versus Liberales decimonónicas. Resulta también indispensable, en el ámbito de lo macro, plantear la posibilidad de desligar a Colombia, como estado nación, del conjunto sudamericano; para pensarle ante la perspectiva que sus propias relaciones con América del norte evidencian, aún que habrá que mantener siempre una óptica transversal para distinguir sensiblemente los aspectos específicos multiculturales y multiétnicos, que su propia composición social ofrece y que constituyen en buena medida la riqueza particular en la narrativa del siglo XX en la región.         
En 1903 Panamá se separa de Colombia, separación particularmente instada entre los sectores de la oligarquía comercial conservadora de la ciudad de Panamá, como agentes de la conspiración separatista, que ya en varias intentonas desde el siglo XIX venían procurando con lo que se conoce como las "actas separatistas": 1826, 1830, 1831, 1840-41, 1860. Pero que encontraron apoyo coyuntural en el expansionismo imperialista de Estados Unidos, durante la presidencia de Teodoro Roosevelt; la quiebra de la Compañía Nueva del Canal, con capitales franceses; y la actuación del  abogado William N. Cromwell. (Díaz Espino, 2003)
“Las negociaciones para la firma del correspondiente tratado entre Colombia y los Estados Unidos venían celebrándose desde hacía casi dos años. Habían empezado a petición de Colombia y Roosvelt y el secretario de Estado, John Hay, creían que las condiciones definitivas del tratado Hay-Herran cumplían los deseos del gobierno colombiano. Pero el presidente de Colombia convocó un congreso especial que, bajo su liderazgo, dio largas al asunto y, al cabo de una semanas, rechazó el tratado. Los panameños se sublevaron, y Roosvelt respondió invocando el tratado de Bidlack de 1846 para impedir que Colombia desembarcara más tropas. El reconocimiento siguió rápidamente a la instauración de la república de Panamá, y doce días después los Estados Unidos y Panamá firmaron un tratado relativo al canal, en vista de ello el presidente de Colombia se brindó a aprobar el tratado anterior, pero Roosevelt no le hizo caso. Los colombianos se quejaron y acusaron a los Estados Unidos de robo. Pero Colombia solo había ejercido un control intermitente de Panamá y se había apoyado siempre en la intervención norteamericana para mantener cierta apariencia de soberanía” (Freeman, p.89)

Y es este el acontecimiento con el que pretendemos plantear el primer apartado de nuestra tesis sobre la clásica pertenencia regional de Colombia, al conjunto de naciones sudamericanas. Pues ya anteriormente habíamos señalado que la ruptura de la Confederación Grancolombiana pudiera pensarse como una grieta continental al sur respecto a la identidad de Colombia; sostenemos que con la separación de Panamá se amplifica el aislamiento regional, pues la ingerencia directa de Estados Unidos en el proceso le obliga a establecer relaciones en completa desigualdad con esta nueva potencia mundial, voraz, intervencionista y demócrata-imperialista -valga la contradicción de origen-.
“La apertura del Canal de Panamá, hizo viable la terminación del ferrocarril del Pacífico y la expansión de la frontera agrícola en las zonas de vertiente de la cordillera central y la definición de una nueva vía exportadora, quedando así articuladas en este corto ciclo histórico los sistemas transportadores del Atlantico y del Pacícico, los que en decenios posteriores determinarían la orientación de la infraestructura física de integración de la sociedad colombiana” (García, p.174-175)

En este contexto, algunos autores determinan que Colombia estaba regida por un esquema de república señorial, heredera de los viejos patrones coloniales. (García, 1985 y Bethell, 1992)
Características de la república señorial
Archipiélago de regiones incomunicadas
Desconocimiento de la vida marítima
Concentración de la actividad política y social en pequeños centros urbanos
Dinamización de la organización municipal
Nucleación de grandes centros urbanos
Medellín
Industrial textil y comercio
Cali
Comercialización y procesamiento de café
La primera guerra mundial influye fuertemente en lo que podemos llamar el periodo inicial de modernización en Colombia. Los cambios ocurridos en el periodo entreguerras, como la crisis de la república señorial y la configuración del modelo capitalista, subdesarrollado y dependiente, se inserta en un sistema de mercado mundial, cuyo protagonismo se desplaza de golpe, de Inglaterra a los estados Unidos. La aristocracia latifundista y minera que había conservado el control de la riqueza, la cultura y el poder político, observa como se gestan en este periodo profundos cambios estructurales, con una alta complejidad y en un breve periodo de tiempo.
En la posguerra, a partir de la apertura del mercado norteamericano, el auge cafetalero de 1923 a 1928 duplicó las extensiones de siembra. La exportación se realizaba mediante corporaciones transnacionales especializadas en comercialización de productos del trópico; el valor anual del comercio exportador en este rubro, pasó de 61 millones de dólares en 1913 a más de 200 millones en 1924. La economía bananera que integró en su proceso productivo prácticas de moderna agricultura, representó el 6% de las exportaciones nacionales para el periodo de 1925 a 1929; 1100 millones de dólares. Donde cerca de las tres cuartas partes de estas exportaciones se destinaban a satisfacer las demandas de mercado estadounidense. (García,1985) El auge de la modernidad para Colombia, que se presenta en la década de los 20´s; en lo que se conoce como la Danza de los millones, “Los años de la Danza de los millones fueron de trabajo intenso en las obras públicas y en las inversiones financieras en todos los órdenes. Un ejemplo fue la construcción de carreteras: en 1911 Colombia tenía 578 kms en carreteras, cifra que pasó en 1922 a 3437 Kms y en 1930 a 5743 Kms”. (Ocampo, p. 280) Estas inversiones posibilitan una insólita transición a un país predominantemente urbano con características de modernidad basada en la industrialización. De esta forma, se presentan cambios radicales en la composición de la población económicamente activa, en los modos de producción, en la implementación de tecnologías, en el asentamiento urbanístico y en la participación de los sectores populares en la vida nacional.
Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla, se establecieron como centros político, administrativos, manufactureros y financieros del sistema capitalista de mercado; desarrollándose con ello una densa constelación de espacios residenciales del cinturón andino cafetalero. La población creció de 5.86 a 7.43 millones de habitantes, lo que modificó radicalmente los patrones hispanocoloniales de población (García 1985). La modernidad urbana se estaba conformando en lo que aún es hoy Colombia y que en la segunda mitad del siglo definiría los conflictos sociales causados por esa gran brecha de desigualdad y miseria entre los centros urbanos y los territorios del interior.

Grafico 1 Elaboración personal. Fuente (Ocampo, p. 270)

Mientras que el aparato bancario que regulaba las operaciones financieras y crediticias ce ciñó a la Misión Kemmerer (conformada por un grupo de técnicos financieros estadounidenses que propusieron una serie de reformas jurídicas como paliativo a la crisis comercial y financiera de 1920), imponiendo el sistema norteamericano de banca central, orientada por la ley del patrón oro y la liquidez de cartera; dando lugar al surgimiento del Banco de la República con una participación bastante marginal del gobierno colombiano, lo que precipitó la concentración bancaria en los nuevos centros urbanos y la desaparición de la banca local entre 1924 y 1928. En este periodo de transformaciones, se consolidó el proletariado de la industria manufacturera, del petróleo, la minería, los textiles, las plantaciones de banano, el café y de los sistemas de transporte ferroviario y marítimo; definidos por un sistema de estado absolutista:
-          Carencia de salarios mínimos
-          Disociación entre productividad y remuneración
-          Inexistencia de prestaciones y seguridad social
-          Durísima represión policial a los conflictos laborales
-          Ilegalidad de las luchas sociales y sindicales
Razones por las que el movimiento obrero irrumpió en la escena social, de manera violenta y revolucionaria, enfrentando al absolutismo del estado señorial que imponía la ruda hegemonía imperialista estadounidense. (García 1985)
En lo referente a la vida política del país, se presentaba ante el mundo con una imagen de gran estabilidad con respecto al periodo de la segunda mitad del siglo XIX, el movimiento conocido como Regeneración  (1886 – 1930) instauró una república Conservadora. Después de la guerra civil de los mil días (1899-1902), durante el gobierno de José Manuel Marroquín; la encomienda política fue la de establecer un programa de restauración nacional que permitiera mejorar la economía y sanear las finanzas públicas. El devenir de los gobiernos civiles colombianos después de la incipiente dictadura del general Reyes, transitaron más o menos pacíficamente entre ideólogos del orden conservador y la naciente burguesía liberal, por lo menos hasta la instauración de las dictaduras militares.
Presidente
Periodo
Vertiente ideológica
Rafael Reyes
1904 a 1909
Dictador
Jorge Holguín
(interino) 1909
Conservador
Ramón González Valencia
1909 a 1910
Conservador
Carlos Eugenio Restrepo
1910 a 1914
Unión Republicana
José Vicente Concha
1914 a 1918
Conservador
Marco Fidel Suárez
1918 a 1921
Conservador
Jorge Holguín
1921 a 1922
Conservador
Pedro Nel Ospina
1922 a 1926
Conservador
Miguel Abadía Méndez
1926 a 1930
Conservador
Enrique Olaya Herrera
1930 a 1934
Liberal
Alfonso López Pumarejo
1934 a 1938
Liberal
Eduardo Santos
1938 a 1942
Liberal
Alfonso López Pumarejo (2o periodo)
1942 a 1945
Liberal
Alberto Lleras Camargo
1945 a 1946
Liberal
Mariano Ospina Pérez
1946 a 1950
Conservador
Laureano Gómez
1950 a 1951
Conservador
Roberto Urdaneta Arbeláez
1951 a 1953
Conservador
Periodos presidenciales antes de las dictaduras militares
  
Referencias

Bethell Leslie (1990) Historia de América Latina. V7. Barcelona, España: Crítica.

Cueva Agustín (1978) El desarrollo del capitalismo en América Latina: Ensayo de interpretación histórica. México: Siglo Veintiuno Editores

Deas, Malcolm (1990) Venezuela, Colombia y Ecuador. En: Leslie Bethell. Historia de América Latina. V. 6. Barcelona, España: Crítica

Díaz Espino, Ovidio (2003). El país creado por Wall Street. La historia no contada de Panamá. Bogotá: Planeta

Freeman Smith, Robert  (1990). América Latina, los Estados Unidos y las potencias europeas, 1830-1930. En: Leslie Bethell. Historia de América Latina. V7. Barcelona, España: Crítica

García, Antonio. (1985) Colombia: Medio siglo de historia contemporánea. En: Pablo González Casanova, (coordinador). América Latina: Historia de medio siglo  V.1. México: Siglo Veintiuno Editores

Ianni, Octávio (1980) La formación del Estado populista en América Latina. México: Era

Ocampo López, Javier (1989) Breve historia de Colombia. Caracas: Academia Nacional de la Historia


martes, 24 de mayo de 2016

Nueva historia mínima de México (con monitos :)

Nueva historia mínima de México
Análisis sobre la historieta “La independencia”
  
En la versión decómic del clásico "Nueva historia mínima de México", particularmente su segundo tomo: “La Independencia”, basado en el texto de Josefina Zoraida Vázquez e ilustrado por Jorge Aviña, el editor Francisco de la Mora desarrolla el guión a partir de la narración que hace un viejo librero que vive en el centro de la ciudad de México, quien relata a su nieto los sucesos más destacables de la historia sobre la Independencia de México. Ese personaje cálido que nos cuenta historias, refiere a los héroes pero que no es un protagonista ni parte de la historia, sino alguien quien sabe de ésta y la relata en un lenguaje coloquial y sin mayores pretensiones que comunicar al lector esa pasión por nuestro pasado.


Cabe mencionar que El Colegio de México es una institución  muy tradicional en sus publicaciones, incluso algunas no han cambiado el color de su portada en 50 años, por lo que siempre es muy agradable encontrarnos con un texto adaptado e ilustrado en formato de cómic para que públicos diversos se acerquen a la historia nacional de una manera accesible y divertida. En el contexto de las conmemoraciones por el bicentenario de la Independencia, El Colmex y editorial Turner realizaron estas versiones gráficas como una propuesta editoriale para alcanzar lectores que prefieren la lectura gráfica de textos, lo cual representa una forma novedosa de difundir el proceso histórico a públicos más amplios.

Al final de la historieta se presenta una cronología de los acontecimientos más relevantes del periodo y las biografías de los principales personajes históricos.

Cabe destacar que el trabajo monográfico Nueva historia mínima de México ya fue un programa de televisión producido por TV UNAM, ganador de varios reconocimientos nacionales.

Dado la calidad editorial de esta producción, quizá valdría la pena buscar que estos esfuerzos lleguen a las bibliotecas escolares de educación básica para que los alumnos tengan oportunidad de trabajar con materiales variados y bastante novedosos, pues podrían aprender sobre la historia fundacional de nuestra nación con un atractivo campo visual, las fechas, los personajes y rostros, con los procesos básicos de la historia de México.

Bibliografía


La Independencia. Texto de Josefina Zoraida Vázquez e ilustrado por Jorge Aviña. Basado en: Nueva Historia Mínima de México. El Colegio de México y Editorial  Turner. México.

martes, 17 de mayo de 2016

La necedad de las ideas

Domenico Scandella o Menocchio de Pordenone
en la Italia del siglo XVI[1]

Cuando se escribió El queso y los gusanos a finales de los años 70´s, la cuestión de la representatividad en la reconstrucción historiográfica era fundamental. Sea negativa o positivamente, cuando se pretendía hacer un test de representatividad se recurría, no pocas veces, a agregados pequeños de los cuales se sacaban porcentajes que muchas veces no significan nada. Por lo que la historia de Domenico Scandella propone volver desde una perspectiva metodológica (la de Ginzburg) y desde una perspectiva técnica (la de un verdadero cuantitativismo) al verdadero rigor de historiar lo sucesos pasados. La gran frescura que esta obra ofrece con sus modelos de la microhistoria ginzburguiana poseedores de singular originalidad es que trata de rescatar los objetos de estudio desde "la perspectiva misma de los actores" en los procesos históricos que analiza; dejando bien en claro que el echo de que una fuente no posea carácter de objetividad, no impide al reconstructor historiográfico utilizarle con un carácter científico, manipulando procesos inquisitoriales que giran alrededor de un solo individuo con el interés en los grupos marginados; Ginzburg trabajo magistralmente el tema de la circularidad de la cultura, de la relación que existe entre la cultura de las clases subalternas y la de las dominantes y de su influencia reciproca, examinando minuciosamente las ideas, fantasías y sentimientos de Menocchio, un molinero Italiano del siglo XVI, a partir de sus confesiones ante el Tribunal de la Inquisición y de sus lecturas.
En este contexto, el estudio de Ginzburg, cuestiona el paradigma común sobre la pasividad resignada con que las clases subalternas en las sociedades preindustriales se adaptaron haciendo suyos los excedentes culturales de las clases dominantes. Extendiendo “hacia abajo” la noción histórica de individuo aún ante el riesgo de caer en el anecdotario. Podríamos decir que se trata de una obra fundamental de la historiografía europea contemporánea, en lo que se refiere a la posibilidad de imaginar las interacciones de discursos globales y escenarios “micro” en donde las lecturas de esos escenarios adquieren terrenalidad, se localizan en los contextos, son convertidos en experiencias históricas y subjetivas. Colocando a su protagonista Menocchio como actor en tensión con discursos y prácticas de orden hallándose en la historiografía a partir de fuentes escasas pero contundentes. El molinero de Guinzburg representa en sí mismo las tensiones del discurso de la Reforma y la Contrarreforma en el ambiente de la Inquisición.
Pareciera que la trayectoria del pensador italiano es el auténtico eje vertebrador del libro, prestando particular atención a las implicaciones metodológicas de su propuesta sobre una nueva aproximación morfológica a la historia, basada en la exploración de convergencias temáticas y formales en situaciones de ausencia de transmisiones textuales directas, que al mismo tiempo emplaza esta nueva historia cultural en el mundo más amplio de la historiografía italiana.
La historia cultural corre el riesgo del agotamiento de las inspiraciones combativas que marcaron sus etapas anteriores. Y es precisamente aquí donde uno se da cuenta de la auténtica importancia de este texto. Lejos de ser una miscelánea de menudencias y conjeturas, ofrece desde la práctica numerosos elementos de innovación historiográfica para tratar de explicarse el Folclore, la gemología, la historia de las tradiciones populares, y la etnología europea que emergen de las ideas y explicaciones de Scandella; dejando ver que más que una cultura popular, presenciamos una mentalidad con límites mas o menos bien definidos en un contexto histórico determinado.
Durante el desarrollo de la obra observamos que las pocas fuentes con las que cuenta el investigador no son solo utilizadas para restituir la coherencia a una región del pasado, sino para ponerlo en tensión con la historicidad que se está construyendo. No se trata de una historicidad que se hace presente por el solo hecho de ser un libro sobre el  pasado, o en última instancia del relato sobre los juicios inquisitoriales de la Italia Renacentista, sino que se trata de una historicidad capaz de sustraer las pretensiones esencialcitas y homogeneizantes que la Inquisición  procuró instaurar en el proceso de masificar creencias en la identidad colectiva de las clases populares.
Así el autor de El queso y los gusanos desafió algunas de las mayores convenciones positivistas de la práctica histórica, al reconstruir la figura singular de Menocchio a partir de un material visiblemente insuficiente, interpretando como relevante el caso de un molinero del siglo XVI que muchos hubieran visto como una extravagante anécdota histórica y a pesar de la escasez de datos y fuentes documentales decide centrar su libro en ese curioso personaje. La lección que resultar de esta operación es la de demostrar que los historiadores trabajan o pueden trabajar desde dos formas de argumentación diferentes: por un lado la búsqueda de la prueba necesaria y verificable, y por otro lado, la probabilidad, esto es la verosimilitud de lo narrado. Es decir, asume que las fuentes históricas presentan vacíos que deben suplirse mediante conjeturas, aunque los hechos entonces no sean más que meras probabilidades. De este modo se crea una trama y unos personajes protagonistas cuyo perfil psicológico y cuyas pautas de comportamiento resultarán difícilmente verificables. Reconoce igualmente la utilidad de unos recursos literarios, explota el suspense y la expectativa que genera toda trama y acepta que esas mismas características propias de cualquier dramatización hayan podido favorecer la enorme repercusión alcanzada por su libro. Defendiendo con hechos la idea de que es perfectamente respetable, y muchas veces necesario, que un historiador lleve a cabo cierta manipulación de los hechos como resultado de un ejercicio imaginativo y a su vez, acepte los efectos estéticos de dicha manipulación. Al fin y al cabo el historiador italiano ha afirmado en repetidas ocasiones que escribir historia es también contar historias y, por lo tanto, este ingrediente retórico de la narrativa histórica no amenaza la cientificidad de una disciplina cuyo valor epistemológico sigue residiendo para el en el contrato de verdad con su objeto de estudio. En la voluntad de preservar el pasado de cualquier manipulación o falseamiento. De algún modo, el modelico ejercicio de Ginzburg admite que el referente extralingüístico es insuficiente por el mismo y delata la dimensión creativa del historiar. Forma parte del llamado retorno o resurgimiento del relato pero no vulnera el estatuto propio del discurso histórico pues reconoce su necesaria “organización foliada” -expresión con la que Michel de Certeau aludía a la presencia en forma de cita de los materiales de los que intenta producir una comprensión- y también su necesaria sumisión al acontecimiento a través de la “huella” que deja en forma de archivo. En resumen, reconoce la especificidad de un discurso narrativo que depende de los procedimientos propios de una disciplina del saber.
La imprenta - La reforma protestante - La Contrareforma - 

¿Cuales son las líneas principales del modelo de historia cultural y su relación con la historia de la lectura y la escritura, que el historiador Carlo Ginzburg desarrolla en si libro “El queso y los gusanos”?
El resurgimiento o retorno al relato significa para la historia la conciencia de su pertenencia al género de la narración. Así, la práctica del historiador admite moverse en un espacio mixto que oscila entre la ciencia y la ficción, y su régimen de verdad no es el de la certeza científica ni tampoco el de la ficción literaria. Por este Camino la proximidad de historia y ficción ha llegado a ser mucho más intima de lo que querían los partidarios de una comprensión positivista de los acontecimientos. El descubrimiento y análisis de las formas discursivas a través de las cuales se da el relato histórico ha llevado finalmente esa proximidad a la confusión y a la indistinción genérica. Si la historia es una modalidad discursiva, entonces es tan solo un caso particular del discurso en general y no puede así dejar de prestar atención a las teorías del discurso que se han dado en el seno de la teoría y la entica literaria. Este es el punto de vista desde el que algunos han creído ver una oportunidad para establecer una topología universal de los relatos e identificar las estrategias retóricas que gobiernan todos los modos posibles de narración.
La historia de la lectura también es, pues, la de sus prácticas, sus usos y significaciones. Esta es una preocupación central y de debate actual de la historiografía francesa, italiana y anglosajona sobre la historia de la lectura en el contexto de la historia cultural.
Desde una historia con espíritu etnográfico o de la microhistoria se ha abordado la perspectiva de las distintas apropiaciones que los lectores hacen de los textos y las formas en que se comprenden y utilizan, expresada en los trabajos de Darnton en Estados Unidos y de Ginzburg en Italia, respectivamente 18. Las aportaciones del primero sobre la historia cultural francesa han tenido una notable influencia, al plantearse cómo construyen los lectores cambiantes textos mudables. La obra del segundo ha alumbrado cómo se puede estudiar la apropiación de un texto por parte de un lector y las significaciones que percibe.
El problema es cómo gestionar la cuestión de la parte y el todo a la hora de intentar exponer la verdad del paisaje epocal que se estudia. La idea del puzzle, al que nos enfrentamos sólo a partir de fragmentos o cortes parciales, no es exactamente equiparable al modelo que propone Bégout , pero guarda importantes parale- lismos con una forma de trabajar que está abriéndose camino en el análisis de la cultura. Según esta versión, la historia sería «. . .una disciplina que funcionaría por fragmentos: una averiguación, una pesquisa que pone en relaciónconjetural vestigios, huellas,indicios.» (Serna, Justo y Pons, Anaclet, Cómo se escribe la microhistoria.Ensayo sobre Cario Ginzburg,Madrid, Cátedra - PUV,2000, pág. 15).
Es obvio que la oralidad y la escritura tienen en la producci6n literaria sus propios códigos, sus propias historias y que inclusive remiten a dos racionalidades fuertemente diferenciadas, pero no lo es menos que entre una y otra hay una ancha y complicada franja de interacciones

Referencias Bibliográficas.

Aguirre Rojas, Carlos Antonio. A modo de Introducción: El queso y los gusanos: un modelo de historia crítica para el análisis de las culturas subalternas. En: Tentativas. Morelia, Michoacán: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Historia, 2003
Ginzburg, Carlo. El hilo y las huellas. Series en Sección de Obras de Historia. México: FCE, 2010
El queso y los gusanos. Series en (El ojo infalible). México: Océano, 1997




[1] Carlo Ginzburg es actualmente profesor titular de la Cátedra de Estudios sobre el Renacimiento Italiano en la Universidad de California, en Los Angeles; y profesor visitante en la Universidad de Siena, Italia. Entre sus obras más representativas encontramos: Los benandanti. Brujeria y cultos agrarios entre los siglos xvi y xvu; El queso y los gusanos. El cosmos, según un molinero del siglo XVI; Pesquisa sobre Piero; Mitos, emblemas e indicios. Morfologia e historia; Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre; El juez y el historiador. Consideraciones al mar gen del proceso Sofri; Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia; Ninguna isla es una isla. Cuatro visiones de la literatura inglesa desde una perspectiva mundial, entre otras.