viernes, 14 de mayo de 2021

Comentarios a La bancarrota del Virreinato de Carlos Marichal

Según el autor en la historiografía del México decimonónico tiende a explicarse el derrumbamiento del régimen colonial a partir de un conjunto de elementos políticos, sociales, económicos e ideológicos, y se pone un énfasis particular en los primeros dos.

Este ensayo ofrece un tipo de explicación con menor fortuna en la historiografía, que ha resultado sugerente para el caso de otros países con procesos revolucionarios en el mismo periodo. Su hipótesis sobre que la supervivencia de un régimen político depende de su solvencia financiera. Es decir, sostiene la idea de que la bancarrota fiscal y crediticia de un estado es condición para su derrumbe (cita el ejemplo el antiguo régimen Francés y la revolución de 1789) 


A finales de la época colonial existía en el virreinato de la Nueva España poca conciencia sobre cómo se relacionaba la extracción fiscal y la creciente inestabilidad política y social que se estaba produciendo. “Las razones de Estado se imponían por encima de las reclamaciones en contra de los nuevos gravámenes que los ministros de Hacienda del imperio fueron imponiendo a la sociedad novohispana desde mediados del siglo XVIII” (Marichal, Carlos, 1992, p. 154)


Las cargas fiscales fueron aumentando de manera constante desde las reformas administrativas y económicas que impuso José Galvez tras su visita a Nueva España en 1760; esta reforma fiscal fue la base de lo que se conoce como Reformas Borbónicas; un factor fundamental para extraer recursos económicos de la sociedad Novohispana.


¿Qué fueron las Reformas borbónicas?

Podemos hablar de las Reformas borbónicas como el “periodo de la época colonial muy importante que definió la historia de México, incluso después de haberse independizado de España.”(Jáuregui 2013) Toma su nombre de una serie de políticas Españolas en el siglo XVIII que pretendían conseguir recursos de donde fuese en el menor tiempo posible para tratar de fortalecer el imperio que enfrentaba problemas cruciales derivados por las consecuencias de la derrota sufrida en la guerra de los 7 años y la subsecuente pérdida de territorios que los acuerdos de paz impusieron; mientras que el empuje de un nuevo orden en las ideologías económicas que privilegiaban el naciente capitalismo sobre las costumbres feudales dejaban en claro que la administración de las colonias americanas de los tradicionales Virreyes y encomenderos era bastante deficiente, privilegiando la acumulación de capitales en manos particulares, en detrimento de los intereses de la Corona, particularmente en el territorio peninsular y en sus posesiones ultramarinas en América y las Filipinas.


¿Quiénes las propusieron y por qué?

Los monarcas Borbones de la Corona Española, Felipe V, Fernando VI y, especialmente Carlos III, durante el siglo XVIII; “el visitador José de Galvez encarnaría la mano dura de las Reformas Borbónicas en todo el territorio colonial, tal como si fuera los ojos y el criterio mismo de su Rey Carlos III” (Jauregui, 2015, min. 8:35)


¿Qué impacto tuvieron en la sociedad?

Entre 1760 y 1808 se fueron implantando cambios en materia fiscal, producción de bienes, comercio, religión y militares, reducción  del poder de las elites locales y aumento al control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica. Intentando redefinir la relación entre España y sus colonias en beneficio de la península; lo que propició el descontento generado entre las elites criollas locales y aceleró el proceso de emancipación por el que España perdió la mayor parte de sus posesiones americanas en las primeras décadas del siglo XIX. 


Como el reformismo borbónico pretendía terminar con el monopolio económico-comercial ejercido por algunos grupos de criollos y peninsulares radicados en Nueva España, se estableció que la casa de moneda estuviera exclusivamente bajo control de la corona y sus representantes, al tiempo que se establecían los consulados de Veracruz y Puebla, limitando las relaciones de importación-exportación de productos a la autorización expresa de las aduanas novohispanas.


En el artículo David Brading, citado por Marichal, introduce el concepto “revolución en el gobierno” en donde defiende la idea de que las reformas estuvieron encaminadas a promover una mayor centralización y eficacia administrativa en las colonias americanas” (Marichal, Carlos, 1992, p. 156); en el terreno de la eficacia fiscal (capacidad de recaudación) fueron muy exitosas.


En el tema de la minería que Lucas de Lazaga y Velázquez de León proponían financiar las actividades mineras, tratar de reducirles las cargas fiscales, solucionar los conflictos por la posesión de las minas o el desagüe, precisar el contenido de las ordenanzas mineras y dotar al gremio de organismos directivos.


Militares y marinos de la real armada quedaban exentos de cualquier pago de impuestos.


Una de las principales modificaciones a la sociedad virreinal, fue la creación de cuadros burocráticos leales a la Monarquía de los Borbones, acotando la representatividad de los  criollos en la administración de Nueva España.


El territorio se dividió en provincias que operaban bajo la Real audiencia respecto a la administración de justicia, al tiempo que fueron nombrados intendentes de la administración central encargados de recaudar los impuestos y promover el desarrollo.


“Para los primeros años del siglo XIX podía decirse que el principal propósito de las Reformas Borbónicas en la Nueva España se había cumplido, los ingresos de la corona se habían multiplicado por cuatro y los novohispanos pagaban al rey un 70% más de impuestos que los contribuyentes de España…” (Jauregui, 2015, min. 15:08)


¿Repercusiones para los procesos de principios del siglo XIX?


“Si bien las Reformas Borbónicas significaron un auge en la economía mexicana que no se volvería a lograr hasta aproximadamente cien años después durante el Porfiriato. El tremendo despojo de recursos que llevó a cabo la corona española, significó también el principio de la ruina de la economía nacional durante el México independiente” (Jauregui, 2015, min. 20:55)


Básicamente podemos decir que las Reformas Borbónicas fueron un factor súper importante para que los Criollos decidieran independizarse de la Corona Española, pues “el aumento de la percepción y de la presión fiscal tenía límites que parecen haberse alcanzado alrededor de 1790, cuando se estancaron los ingresos por los impuestos tradicionales” (Marichal, Carlos, 1992, p. 159)

En los últimos años del sXVII en México el desarrollo tendría que basarse en el crecimiento económico pero para considerar la economía Novohispana como desarrollada económicamente, tendríamos que observar una variación de las estructuras que permitieran tanto la mejorar en la calidad de vida como en la organización productiva de su economía, lo cual al parecer no fue así, pues además de esperar conceptos cuantitativos como la acumulación de capital, esperaríamos  elementos cualitativos que nos permitieran observar cierta capacidad en la organización colonial para crear riqueza a fin de promover y mantener la prosperidad o bienestar económico y social de sus habitantes. Si bien se dieron grandes cambios en las diferentes estructuras novohispanas que alteraron elementos económicos, políticos, sociales, religiosos y culturales (un cambio profundo) Todos estos cambios buscaban la centralización del poder en la Corona peninsular, con la idea de conseguir mayor producción para remitir toda la materia prima posible y recaudar la mayor cantidad de impuestos a sus arcas; actividades que no obstante eran realizadas por los habitantes de las Colonias y generaban grandes ganancias mismas que no se les retribuía en modo alguno.


Por todo lo anterior es posible afirmar que las “Reformas Borbónicas” estaban pensadas para eficientar la producción de  las Colonias ultramarinas, es decir propiciar el “Crecimiento económico” de la Corona y en ningún sentido pretendían armonizar las actividades productivas, propiciar la infraestructura y capacitar la mano de obra colonial


Referencias.


Diccionario de economía y finanzas. En: http://www.eumed.net/cursecon/dic/D.htm#desarrollo, consultado el 26/08/2015


Marichal, Carlos (1992) "La bancarrota del Virreinato: finanzas, guerra y política en la Nueva España, 1770-1808", En:  Interpretaciones del siglo XVIII mexicano, Vàzquez, J. Z.(coord.), México, Nueva Imagen.


Las reformas borbónicas, adaptación gráfica. Texto original Luis Jáuregui. Francisco de la Mora y otros (guión), Colmex y Consejo editorial cámara de Diputados, México, 2013, p. 2


Reformas Borbónicas de Luis Jauregui basado en el libro de Nueva Historia mínima de México. (Video) En: https://www.youtube.com/watch?v=Lv2nuxtWQbc&feature=youtu.be consultado el 20/08/2015


lunes, 8 de marzo de 2021

Desarrollo, nacionalismo y relaciones exteriores en Brasil de los años cincuenta

Rossotto Rafael. Agrandando el pastel. Políticas de desarrollo, nacionalismo y relaciones exteriores en el Brasil de los años cincuenta. En Foro internacional, vol, 47, No. 2, 2007

La posguerra ejerció un fuerte impacto en la economía brasileña, la guerra le afectó positivamente, produciendo un superávit en sus intercambios comerciales durante el conflicto, pero comenzada la reconstrucción el capital se enfocó hacia los países involucrados directamente en la guerra, y la economía brasileña cayó drásticamente, forzando a las élites a redefinir sus prioridades productivas, pues los productos brasileños no podían competir en mercados internacionales y la dependencia tradicional de las exportaciones de café se vió afectada por medidas proteccionistas en Europa y Estados Unidos. El interés en promover una industrialización acelerada se volvió prioritário para Getulio Vargas y Juscelino Kubitschek. Aunque cada uno transitó caminos diferentes, compartían la idea de que la estabilidad social del país dependía de lograr un alto nivel de crecimiento económico en el menor tiempo posible. Terminada la WWII, nuevas organizaciones financieras y políticas internacionales se constituyeron para fortalecer la interdependencia de las economías nacionales, reforzando los vínculos entre los países de la esfera capitalista en el contexto de la bipolaridad política de la Guerra Fría. Una de estas organizaciones diseñada para buscar la manera en que Latinoamérica podría aprovecharse de este nuevo ciclo de desarrollo capitalista, fue la CEPAL, creada por la ONU en 1948. Los programas de desarrollo de la década de los 50´ en Brasil fueron ideados por las dos administraciones basados en las formulaciones técnicas de este organismo.

En esa década América Latina experimentó una crisis crónica en sus balanzas de pagos, dado su déficit en el comercio exterior. La política centrada en una rápida industrialización a través de la sustitución de importaciones y la producción doméstica de bienes industrializados con base en programas estatales de desarrollo llegó a ser conocida en Latinoamérica como desarrollismo nacional, este modelo de desarrollo asume la necesidad del involucramiento del Estado en el proceso de industrialización ya a través de la posesión directa de la infraestructura industrial básica, o como coordinador de la economía mediante incentivos legales y materiales (subsidios) enfocados en regular la oferta de productos, capital y trabajo. El desarrollismo nacional fue la polìtica económica más importante en América Latina durante la década de los cincuenta; apoyó agresivamente una industrialización enfocada en los sectores básicos, como el siderúrgico, maquinaria y químico; fomentó la acumulación de capital para impulsar la industrialización, con una creciente dependencia de fondos extranjeros para inversión, tanto públicos como privados; y finalmente extendió el papel del Estado en la dirección de los distintos programas de desarrollo como clave para la consolidación de una nación capaz de reciprocar en la prosperidad, la justicia y seguridad. Sin embargo, como proyecto económico, el desarrollismo nacional estaba basado en la creencia de que la industrialización per se era una condición sine qua non para lograr la autonomía económica. Se creía que la caída de las exportaciones de los productos agropecuarios llevaría a los países de América Latina al subdesarrollo, si no se adoptaban nuevas políticas.

El escenario político brasileño de los años cincuenta ha sido considerado tradicionalmente como el de una república populista y el crecimiento de la población políticamente activa en Brasil durante esos años incrementó de 3.1% durante los últimos años de la vieja república (1889-1930) a 19% durante los años 1945 a 1955. La clave para el entendimiento del carácter populista de aquel periodo está en el hecho de que existiendo partidos políticos a escala nacional, ninguno pudo contar con un amplio apoyo entre los diversos segmentos de la sociedad, esta inhabilidad para canalizar las aspiraciones populares a través de las instituciones políticas llevó a la continuación, y a veces al fortalecimiento de la relación clientelar entre las masas y caciques locales.

La promoción del desarrollo nacional a través de un esfuerzo masivo, lo cual implicaba la sustitución de importaciones de productos manufacturados y reformas estructurales a través de grandes préstamos del extranjero, fue la principal meta perseguida por Brasil en los años cincuenta

Vargas comprendió que existían áreas específicas, denominadas cuellos de botella, por sus características restrictivas para el potencial productivo: transporte y el sector energético. Dada la limitada capacidad del Estado brasileño para invertir en ellas tendrían que depender de fondos públicos otorgados por gobiernos extranjeros, especialmente el de los Estados Unidos, a pesar de la retórica populista y nacionalista tras la que se escudaba. El desarrollo económico era visto como garantía de que el malestar social provocado por la miseria podía ser evitado, esto asumía que la industrialización llevaría a un bienestar económico generalizado, asegurando que lo que Kubitschek llamaba ideologías extranjerizantes, al referirse explícitamente a programas de izquierda comunistas, serían contenidas. Y sólo el progreso podía mantener la estabilidad nacional, aunque paradójicamente este crecimiento dependiera de la incorporación de capitales extranjeros dentro del contexto de una base política que se autodefinía como nacionalista, reavivando los sentimientos nacionalistas que habían florecido durante los años treinta, pero que menguaron en la segunda mitad de los años cuarenta, con espacios político más liberales e internacionalizantes en manos de los tecnócratas que dirigieron el gobierno durante la administración de Dutra (1946-1951).

Kubitschek tomó el poder en 1956 con una agenda similar la de Vargas en desarrollo económico, pero sólo pudo impulsar su Plan de Meta, creó agencias aisladas como centro de planeación burocrática racional con responsabilidades exclusivas para el presidente (valga referir algunas acciones en el México contemporáneo), ya que la estructura partidista y la burocracia tradicional tenían disposición o no eran capaces apoyar una estrategia de desarrollo nacional concertada, se valió de las agencias aisladas para implementar esa política. Su administración dependía de una operación simultánea de la política tradicional y una burocracia aparte. Posiblemente el éxito de Kubitschek al buscar reestructurar la dinámica de las relaciones interamericanas dirigiendo la preocupación por temas del desarrollo se relaciona con que el modelo de aceptación al capital extranjero y no significaba ninguna amenaza a las inversiones que ya operaban en la región.

Kubitschek distanció su postura de alineación política con los Estados Unidos persiguiendo su propio desarrollo económico y obtuvo el apoyo de otras naciones latinoamericanas para sus nuevos esfuerzos diplomáticos proponiendo una guía para lo que deberían ser los nuevos principios de las relaciones interamericanas:
  • Incremento del crédito público internacional para el fomento del desarrollo industrial de la región
  • Revisión de los términos comerciales existentes
El sentimiento nacionalista que Vargas y Kubitschek promovieron se aunó a la idea de que ninguna nación podía lograr, y mucho menos ejercer, la soberanía plena si no era económicamente autosuficiente y a salvo de los caprichos de los países industrializados. Es clara la utilización de la ideología nacionalista como propuesta racional para alcanzar metas materiales y sociopolíticas concretas expresadas a través de cifras de crecimiento económico y vendidas a los como un requerimiento para asegurar la estabilidad social.A pesar de la insistencia brasileña, la administración de Eisenhower apoyaba políticas económicas liberales que pugnaban por crear climas para la inversión privada, maximización de ganancias y estabilidad monetaria; contra préstamos de gobierno a gobierno impactaron de manera importante en Brasil durante los años cincuenta, fue por el ambiente propicio que encontró entre las élites políticas y económicas que habían estado involucradas en programas de industrialización, la influencia de estas ideas desarrollistas se deriva del hecho de que sus modelos probaron ser útiles para aplicar programas de desarrollo económico. La conceptualización del nacionalismo en Brasil se asoció con la idea del desarrollo y con el objetivo de un crecimiento económico acelerado para evitar disturbios sociales causados por la pobreza extrema. Este razonamiento pro statu quo, asume que el pastel (económico) tiene que agrandarse para que no tenga que ser dividido. La discusión entre países latinoamericanos y Estados Unidos en la posguerra refería a las fuentes de inversión en América Latina. Mientras que Eisenhower apoyaba el uso de fondos privados para promover el desarrollo en la región, los países latinoamericanos pedían por el establecimiento de fondos públicos internacionales para financiar su agenda de industrialización.

lunes, 1 de marzo de 2021

Marginalidad en América Latina

 


La preocupación por la marginalidad en América Latina surgió después de la II Guerra Mundial, cuando las favelas brasileñas de condiciones precarias y generalmente ilegales se replicaron en la periferia de muchas de las grandes ciudades. El enfoque para enfrentar el problema ha sido diverso: desde la escasez de vivienda (que omite que la infravivienda es sólo un indicador de una situación compleja, caracterizada por el desempleo y el subempleo); el de Aníbal Quijano (CEPAL, 1966), que señala la existencia de dos enfoques principales para plantear el tema, el ‘estructuralismo funcionalista’ (en donde la integración de elementos en relación a la estructura social es consecuencia de las características de este elemento y se resolvería modificando estas características con ajustes en algunos sectores de la estructura social sin modificarla en su carácter fundamental) y el ‘estructuralismo histórico’ (la marginalidad es el resultado de las contradicciones en la naturaleza de la estructura social); otros estudios analizan la estructura ocupacional y su capacidad o incapacidad de absorber mano de obra. El texto de Oliven propone organizarse en tres aspectos:

Aspectos económicos

1- La dependencia sería la causa de la marginación de vastos sectores de población urbana, en el sentido que ellos no son incorporados al mercado formal de trabajo. La industrialización en América Latina sigue el mismo camino histórico de los países desarrollados, obligados a adoptar una tecnología que requiere de grandes capitales si desean competir en el mercado internacional y la abundancia de mano de obra barata formada por trabajadores sin calificación les es de poca utilidad, este patrón de incorporación al mercado internacional se torna crónicamente incapaz de generar una demanda real de fuerza de trabajo. pero no porque ella provoque desempleo tecnológico al utilizar técnicas que requieren una elevada composición orgánica del capital, sino porque el excedente así producido no es acumulado por entero dentro de estos países

2 - El debate sobre el problema del tamaño de la masa marginal y su utilidad para el mercado de trabajo, así como la articulaciones del sector marginal de la economía (las actividades económicas que la masa marginal debe desempeñar para sobrevivir) con la economía en general, procurando explicar cómo esto ayuda a intensificar la acumulación capitalista, pues las actividades desarrolladas por el sector informal de las ciudades latinoamericanas, lejos de ser marginales, cumplen con importantes funciones en relación a la acumulación.

Aspectos políticos

1 - Radicalización y violencia política. Su argumento central es el de que los migrantes internos van a las ciudades con expectativas que no les son satisfechas por la economía urbana y al verse frustrados se vuelcan hacia la izquierda política y la violencia constituyendo efervescentes poblaciones urbanas altamente politizadas

2 - La relativa apatía revolucionaria de los pobres urbanos. Por infrahumanas que sean sus condiciones de vida, esta es mejor de la que tenían en el campo. Miseria y opresión puede llevar a irrupciones de violencia ocasionales e inconsecuentes, pero incapaces de generar una efectiva conciencia política o de conducir a la acción revolucionaria organizada

Aspectos culturales

De inicio el autor lanza una serie de consideraciones que cuestionan la utilización del término de marginalidad en un análisis con perspectiva cultural.

1 - Autores que aceptan que los pobres tienen una cultura aparte, los retratan, con frecuencia, también como una amenaza y un trastorno público, este enfoque’La cultura de la pobreza’ plantea que el sector marginal construye su estructura y lógica en un modo de vida tradicional heredado generacionalmente. Esto se propone desde una perspectiva antropológica tradicional en la medida en que una cultura así proporcionaría a los seres humanos que la conforman un esquema de vida, un conjunto inteligente de soluciones para problemas humanos, y desempeña una significativa función adaptativa.
  • La falta de participación efectiva e integración de los pobres en las principales instituciones de la sociedad.
  • Al nivel de la comunidad local, condiciones habitacionales precarias, hacinamiento, gregarismo, un mínimo de organización que trasciende el nivel de la familia nuclear y extensa
  • Ausencia de la infancia en cuanto a estado especialmente prolongado y protegido del ciclo de vida, iniciación sexual precoz, uniones libres o matrimonios consensuales, incidencia de abandono de las esposas e hijos, tendencia a las familias centradas en la madre o en una mujer, fuerte predisposición al autoritarismo, falta de privacidad, y la competencia por los escasos bienes y por el afecto materno, fuerte sentimiento de marginalidad, de desamparo, de dependencia y de inferioridad.

Las implicaciones de este tipo de concepto son altamente protectoras del statu quo, pues si los pobres son culturalmente diferentes, existe poco o nada que podamos hacer por ellos

2 - Enfatizar exageradamente las buenas cualidades de los pobres, una perspectiva que implícitamente acepta que precisan ser defendidos y sus virtudes probadas, asuminedo una postura paternalista, se preocupa en forma exagerada de averiguar las características de los pobres en vez de analizar la estructura social y comparar diferentes grupos y clases sociales para obtener un panorama más global

La propuesta de Oliven es que en vez de postular una de las dos posiciones unidimensionales donde los pobres son culturalmente o diferentes (marginales) o iguales (integrados), parece más apropiado percatarse que está ocurriendo un proceso dinámico en el que simultáneamente se comparten perfiles de la cultura dominante y al mismo tiempo se muestran elementos que no pertenecen a ella, esto como un doble mecanismo de sobrevivencia. Por otra parte, la aceptación de ciertos trazos de la cultura dominante es necesaria para su subsistencia y convivencia social y el desarrollo de características culturales propias es un modo de mantener su identidad a través de la creación de perfiles que no aceptan íntegramente las reglas de las clases dominantes (resistencia).


Oliven, Rubén George. “Marginalidad urbana en América Latina” En: Revista EURE, vol. 7, No. 19, octubre, 1980

lunes, 22 de febrero de 2021

La postguerra del Chaco en Bolivia




Gallego propone la idea de que el golpe militar no fue un movimiento cívico-militar sino exclusivamente castrense como alternativa a la crisis de la derrota del Chaco y con miras a un poder militar permanente.

El texto parte de reconocer la existencia de un descontento generalizado en la sociedad, pérdida de base social del liberalismo, en el seno de la oligarquía existencia de corrientes ideológicas favorables a la rectificación del camino, descomposición de los canales de legitimidad política y crisis financiera. El cóctel perfecto para una revolución o un golpe de Estado. Sucedió lo segundo… en el que el movimiento militar socialista no aspiraba a convertirse en una organización de masas, sino a crear una élite que influyera sobre los oficiales regeneracionistas del Chaco, sensibles a un programa fundamentalmente nacionalista, cuyo nacionalismo se limitaba a la eliminación de la oligarquía y su sustitución por una burguesía nacional, estaban convencidos de que la nación se encontraba en el atraso y su modernización requería de una moderna clase media emprendedora, tutelada por el Estado militar y no subordinada a la oligarquía minera como tradicionalmente ocurría en Bolivia.

Después de la revolución de 1920, el partido Republicano toma el poder y se suceden distintos tipos de gobiernos que se enlistan a continuación:

1920 - Bautista Saavedra

  • Influencia en los primeros núcleos de la clase obrera organizada (franjas más humildes, radicales y numerosas)
  • Caudillaje paternalista
  • Primeras leyes sociales
  • Enemigo de la oligarquía minera
  • Incremento de impuestos para subsanar la posible quiebra del Tesoro público por la caída de ingresos estatales
  • Dependencia de capital extranjero, principalmente estadounidense a cambio de explotación petrolera hasta 1937 (nacionalización)
  • Dura represión a actores obreros individuales

1926 - Hernando Siles

  • Buscó sumar a sus bases a universitarios y jóvenes profesionales
  • Marxismo, Aprismo, ejemplo mexicano y corporativismo componían su retórica
  • Pérdida de su estandarte dirigente ante sindicatos e intelectuales
  • Reducción de ingresos estatales - incremento de deuda externa
  • Golpe cívico militar

1931 - Daniel Salamanca

  • Ideología conservadora
  • Incremento de deuda externa
  • Disminución de ingresos estatales
  • Descontento social - protestas y movilizaciones por parte de trabajadores y funcionarios
  • Destituciones y nombramientos de orden militar, lo que aceleró su rompimiento de apoyo y el golpe militar

Guerra del Chaco (Perú - Paraguay)

1934 - Tejada Sorzano

  • Intención de instaurar un poder militar permanente
  • Dificultad para unir en torno suyo a los partidos tradicionales
  • Ineficacia para encarar la posguerra
  • Confrontación con el caudillo Bautista Saavedra, cuya agenda programática era mucho más clara: liquidar permanencia liberalista del gobierno y abrir el camino al reformismo

Golpe militar

1936 - David Toro

  • Emergencia de nuevas fuerzas políticas (Fascistas, socialistas)
  • Importante nacionalismo en su programa de gobierno
  • Formación de nuevos sindicatos con influencia en el gobierno
  • Reformismo militar para superar el antiguo régimen
  • Implementación de socialismo de estado = entendido como capitalismo productivo y fecundo con repartición social
  • Negociación con oligarquías mineras, sindicatos, élites intelectuales y económicas

1937 German Busch

  • Disolución de junta de gobierno mixta = poder exclusivamente militar
  • Implementación de programas de modernización técnica
  • Impuestos sobre concesiones mineras
  • Legislación reformista radical en materia de trabajo: reglamentación de la huelga, salubridad laboral, derechos de sindicalización, vacaciones anuales, descanso dominical, prohibición de trabajo infantil
  • Profundo aislamiento político

El cambio en la composición del movimiento obrero, la aparición de fuerzas política nuevas y la muerte del caudillo según Gallego son factores que inician el fin del proyecto militar.

lunes, 15 de febrero de 2021

El peronismo y la clase trabajadora


El texto de James aborda el periodo de formación del movimiento peronista y los motivos de identificación entre la clase trabajadora con su retórica, en ese sentido esboza de inicio la situación de contexto sociolaboral en Argentina con las siguientes características: rápida expansión económica sin beneficio para la clase trabajadora, rezago salarial ante la inflación, represión a la protesta por empleadores y Estado; y escasa legislación laboral y social.

Perón se consagró a atender algunas de las preocupaciones de la emergente fuerza laboral industrial, al tiempo que socava la influencia de las fuerzas de liderazgo sindical que competían con él; impulsó en el ámbito de lo laboral una estructura de organización centralizada por rubros productivos incorporándose a un monolítico movimiento peronista y llamándoles a la acción como agentes del estado ante los trabajadores: a cada sector de la actividad productiva sólo se le otorgó un sindicato con reconocimiento oficial, la ley obligaba a los empleadores a negociar con el sindicato y los salarios y condiciones acordados en esa negociación se aplicaban a todo el rubro, mientras el Estado quedaba como supervisor y articulador de esa estructura. En lo sociopolítico, reconoció el status cívico-político de la clase trabajadora como fuerza social y promovió la integración de esa fuerza a una coalición política emergente, pero de la mano con las estrategias laborales esta integración quedaba supervisada por el Estado que promovía un proyecto justicialista con pretensiones corporativistas para organizar y dirigir grandes esferas esferas de la vida social, política y económica.

Resulta lógico entender que la propuesta Peronista de un Estado reformista que ofrecía ventajas concretas en el corto plazo a la clase trabajadora aún cuando su libertad de acción se viera comprometida al margen del centralismo sindicalista impuesto, lo que permite pensarles como actores dotados de una conciencia de clase en busca de un camino realista para la satisfacción de sus necesidades materiales, pero influidos por un pragmatismo básico, atento a las necesidades del capital y su satisfacción.

El atractivo político del Peronismo estaba en su capacidad para redefinir la noción de ciudadanía dentro de un contexto esencialmente socio-económico, en el que se prometía acceso a la plenitud de los derechos políticos, ante la inercia de exclusión que los sectores laborales sufrían aún cuando muchos de esos derechos político-sociales ya se tenían anteriormente. La novedad es que el Peronismo exigía su restablecimiento, y para ello construyó una retórica con prevalencia elementos caudillistas y símbolos de lucha contra la oligarquía, mediante un lenguaje tradicional (con constantes referencias a la cotidianidad y figuras alegóricas importadas de canciones de tango), en el que la idea de luchar por los derechos en el orden de la política implicaba inevitablemente un cambio social que les garantiza reconocimiento y representación en la vida política de la nación, con acceso directo y privilegiado al Estado por medio de sus sindicatos. En esa ecuación la principal responsabilidad se trasladaba a la fuerza laboral, pues Perón se consideraba sólo como su vocero, pero el éxito dependía de su capacidad de unión y organización para enfrentar los retos de industrialización y nacionalismo económico.

Pero la credibilidad Peronista no estaba sujeta sólo a su lógica axiomática de las promesas, sino a la inmediatez con que la justicia social y la integración político-social podía atraer los anhelados cambios sociales, en ese sentido el proyecto ignoraba la necesidad de contar con élites políticas profesionales y promovía un profundo antiintelectualismo, afirmando suficiencia y validez de hábitos, valores, estilos de vida y costumbres de la clase trabajadora, tal y como los encontraba

Para James el Peronismo marcó una coyuntura decisiva en la aparición de la clase trabajadora moderna en Argentina, su existencia y su sentido de identidad como fuerza nacional en lo político y lo social; esta no llegó al Peronismo plenamente consciente de su capacidad para constituirse como fuerza de acción con injerencia a nivel estatal, sino que encontró en la retórica Peronista un vehículo para satisfacer sus necesidades materiales. Y si bien esta retórica procuraba la identificación e incorporación de la clase trabajadora con el Estado (suponiendo cierto grado de pasividad y somnolencia en esa relación por parte del la fuerza de trabajo), paradójicamente el movimiento sindical emergió con fuerza portando un espíritu reformista no anticipado de gremialismo activo y autónomo.

lunes, 8 de febrero de 2021

El socialismo militar boliviano revisitado

 


El texto propone analizar las especificidades del antiliberalismo en Bolivia de los años 30. Parte de reconocer la emergencia de una oficialidad militar joven que participó en la guerra del Chaco, pero sin el estigma de haber llevado al país al desastre como sus generales, con credenciales de heróicidad y portadora de un discurso de regeneración nacional que despreciaba al régimen oligárquico y establecía alianzas con sectores civiles, particularmente el sindicalismo independiente. Esto según Stefanoni impulsó un régimen militar que buscaba alinear al país con las teorías sobre el Estado social moderno con capacidad de regulación e intervención económicas, por ello socialistas, nacionalistas e incluso una parte de la oligarquía alentaron un golpe de Estado (valga la observación paradójica de dicha alianza, dados sus intereses de clase tradicionalmente  antagónicos); naturalmente esa utopía de democracia funcional se enfrentaría a la tensión entre clasicismo y organicismo difícil de mantener. 

El gobierno militar golpista proponía que el país debía reorganizarse íntegramente con un Parlamento que funcionara bajo una doble representación: de partido, mediante voto individual igualitario y de gremio, mediante voto social de grupos. Pero como suele ocurrir con los gobiernos militares, corrupción y mala administración se delatan como problemas fundamentales del nuevo orden, siendo combustible de descontento social. La implementación de una ley de sindicación obligatoria es muestra de la ineficacia para gobernar, en una realidad de 80% campesina, indígena y analfabeta.

         En el mundo (antes de la II WW), la crisis sistémica del capitalismo y el libre mercado granjearon adeptos a ideas antiliberales y en varios sectores se veía a Alemania, Italia y URSS como modelos emblemáticos hacia el Estado centralizado y un despertar político, económico, cultural y moral. 

Los militares socialistas bolivianos buscaban un renacimiento nacional sostenido en la unidad, para un país históricamente fragmentado social, ética y geográficamente, por lo que la ideología comunista (lucha de clases) no aportaba a su afán unificador del nuevo orden, incluso se le veía como divisionistas anarquizantes. Así, ideologías fascistas y nacionalsocialistas les coquetean por su crítica al egoísmo y materialismo, pero sin atentar contra la propiedad privada y el mercado; al tiempo que brindaban insumos de unidad nacional orgánica y armónica.

            Se alejan de Estados unidos principalmente al efectuar la privatización, buscan alianzas políticas-comerciales con Alemania e Italia, pero estas naciones no veían posibilidad de réplica de sus naciones y sólo estaban interesadas en sus recursos para la guerra, por lo que no apoyan directamente la implementación de un régimen similar a los suyos en Bolivia.

La derrota del Chaco generó una profunda crisis en los marcos ideológicos sobre los que se sostenía el Estado liberal-conservador, convocando a intelectuales marxistas/socialistas y nacionalistas a proponer fórmulas de refundación influenciados por las experiencias fascistas, comunistas, nacionalsocialistas e incluso el Estado socialista mexicano.

El proyecto hegemónico se expresó en un socialismo organicista y anticomunista que  buscaba una democracia funcional en donde los intereses colectivos imperaran sobre los individuales apuntalado en los debates abiertos tras la derrota del Chaco que contribuyeran a la construcción de un imaginario movilizador de unidad nacional y fortalecimiento estatal.


viernes, 29 de enero de 2021

Historia, historias y estructuras formales del tiempo

Koselleck, Reinhart. “Historia, historias y estructuras formales del tiempo” En: Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos. Barcelona : Paidós, 1993


Koselleck investiga experiencias históricas del tiempo y sus concepciones en diferentes momentos históricos, vistos desde el paradigma de la modernidad hace comparaciones con periodos pre modernos mediante la recurrencia a datos socio históricos, analiza testimonios lingüisticos que evidencian sus distintas experiencias temporales, comparándolas entre sí.

Su argumento es que desde el punto de vista semántico se pueden obtener indicios concretos para seguir las huellas de las transformaciones de la historia como disciplina y las modificaciones en la percepción de los tiempos históricos de quienes los experimentan. Desde la idea de que la investigación histórica exige una correcta datación para ordenar, narrar y analizar los acontecimientos del pasado es una presuposición del historiador (una construcción social de su tiempo y contexto) y en términos cronológicos no determina su propio tiempo histórico, pues se solapan diferentes ámbitos de experiencia y se entrecruzan distintas perspectivas de futuro. Así los tiempos históricos quedan vinculados a unidades políticas y sociales que dotan de capacidad de agencia entre actores e instituciones, con ritmos temporales propios, es como si viéramos muchos tiempos superpuestos unos a otros. Afirma que “para preservar la unidad de la historia como ciencia tienen que desarrollarse premisas teóricas que sean capaces de descubrir tanto las experiencias pasadas que pertenecen a un tipo completamente distinto, como también las experiencias propias”, por lo que pretende identificar las estructuras temporales de análisis para las historias.

Koselleck afirma que la historia no tiene un objeto de estudio propio pues participa de todas las ciencias sociales y del espíritu y se distingue sólo por sus métodos y sus reglas para llegar a resultados comprobables y los cuestionamientos por las estructuras temporales parecen servir al estudio teórico de su ámbito de investigación; entonces de ello se generan algunas inquietudes personales: ¿No será el tiempo el verdadero objeto de estudio?, ¿Tienen los historiadores sus tiempos propios no calendáricos u horarios?, ¿De ser así se presenta en distintos ritmos (aceleraciones, ralentizaciones, repeticiones, pronósticos, profecías, cálculos)?, ¿Qué sería entonces el tiempo histórico para la teoría de la historia en particular y la ciencia histórica en general? 

Para indagar sobre las estructuras temporales de la historia moderna y las historias en plural, y sus modalidades temporales de experiencia, recurre al análisis de épocas con órdenes temporales distintos, como retículos de conocimiento histórico que en la vida cotidiana, la política y las relaciones sociales, evidencian discusiones sobre las estructuras temporales institucionales, no sobrepasadas por las distintas épocas: Grecia y Persia clásicas (democracia/aristocracia); tradición judeocristiana (consideración de sus antagónicos para la legitimación de su propia historia); edad media (relativización de acontecimientos terrenales respecto al juicio final) y antiguo régimen (capacidad teórica para asimilar el derecho divino).

Así demuestra que el vínculo entre la historia en la modernidad, con la pluralidad de historias en el pasado, muestra razonablemente que las estructuras históricas y las experiencias del pasado se formularon aún antes de que se concibiera semánticamente la historia como progreso = Modernidad.

“El enlace natural de los decursos históricos en el mundo experiencial de la cosmología griega y el ordo temporarum teológico de la doctrina savífica judeocristiana, contenían conocimientos históricos que sólo podían alcanzarse haciendo abstracción de una totalidad de la historia”

Entonces:

¿Qué categorías de la historia moderna le diferenciarán de las concepciones del tiempo, analizados en los ejemplos?

Para responder, propone considerar los movimientos aceleraciones/ralentizaciones en las experiencias y expectativas históricas del mundo tecnificado, pues ya no es el juicio final, el derecho divino, o la cosmogonía mitológica; sino la suma de partes del mundo pensado como sistema.


sábado, 3 de octubre de 2020

Formas de hacer historia de Peter Burke

“En este universo en expansión y fragmentación se da una progresiva necesidad de orientación. ¿Qué es eso que se ha llamado nueva historia?, ¿Hasta que punto es nueva? ¿Es una moda pasajera o una tendencia a largo plazo? ¿Sustituirá – por voluntad o por fuerza – a la historia tradicional o podrán coexistir en paz ambas rivales?”



A finales del siglo XX y particularmente como resultado de los convulsos 60´s, la diversificación y expansión de los objetos, objetivos e intereses de la historia, provocó a una época de `crisis en la experiencia histórica´ lo que potenció la aparición de una nueva historia que plantea nuevos enfoques en busca una disciplina más estructural, escrita de manera deliberada contra las formas tradicionales de hacer historia, el presente cuadro siguiente contrastar las diferencias entre ambas propuestas epistemológicas:

Paradigma tradicional

Nueva historia

Su objeto de estudio esencial es la política y el Estado: Historia es la política del pasado y la Política es la historia del presente


Se interesa por cualquier actividad humana, pues sostiene con firmeza “todo tiene una historia y todo tiene un pasado”

Aquello que se consideraba inmutable se ve ahora como una construcción cultural, sometida a variaciones en el tiempo y el espacio


Se escribe la historia como una narración de acontecimientos


Considera la historia como el análisis de estructuras, introduciendo la idea de la longe duré


Centra su interés en las élites


Busca la historia desde abajo, las mentalidades colectivas, la gente y su experiencia de los cambios sociales


Sus insumos sólo son documentales


Sus métodos valoran fuentes alternativas como testimonios orales, cifras estadísticas, etc.


Tiene una visión reduccionista en la formulación de explicaciones históricas


Búsqueda exhaustiva de posibilidades de explicación histórica


Trata de compilar los hechos tal como sucedieron


Interdisciplinariedad


Mediante la profesionalización y definición de sus estructuras mantiene las temáticas cerradas


Heteroglosia


Elaboración propia a partir del libro Formas de hacer historia de Peter BurkeElaboración propia a partir del libro Formas de hacer historia de Peter Burke


Las características anteriormente enunciadas permiten articular la respuesta sobre la novedad metodológica ene esta concepción histórica en la que una de las principales ventajas de la nueva historia es su aceptación del relativismo cultural en la construcción historiográfica, pues afirma que percibimos el mundo a través de redes de convenciones, esquemas de estereotipos y prejuicios culturales, por lo que habrá que potenciar la comprensión de los conflictos desde la discusión de puntos de vista diferentes, pero esta ventaja significa a su vez el origen de sus problemáticas:

  • De definición, en cuanto los nuevos historiadores se están introduciendo en territorios desconocidos.
  • De exposición, en donde el reto será demostrar cómo se relaciona la cotidianidad con los grandes acontecimientos y estructuras.
  • De método, pues la noción de lo cotidiano es menos precisa y más complicada de lo que parece.
  • De fuentes y la búsqueda contante para otorgar validez al origen de los datos.
  • De explicación, para identificar los verdaderos agentes de la historia los individuos o los grupos.
  • De síntesis, pues la expansión del universo de acción tenderá por fuerza a dificultar la comunicación disciplinar.

Una de sus más grandes interrogantes para la nueva historia, es el tratar de responder ¿cómo pensar la historia sin hacerla anacrónica al recurrir a la explicación tradicional y simplona de apropiación capitalista, sin pensar en las características particulares que poseen los diversos actores de distintas temporalidades; pues sería deseable encontrar explicaciones que trasciendan los presupuestos de lucha de clases como el único factor explicativo de las estrategias que los hombres utilizan para enfrentar su desarrollo, sus conflictos y su futuro, pues existe evidencia de que la humanidad no piensa y siente eternamente de la misma manera a lo largo del tiempo y permitir la desfamiliarización disciplinar de esas maneras diferentes de enfrentar la realidad juega a riesgo de que el pasado resulte ininteligible. Por tanto pareciera no ser esta una moda pasajera sino una propuesta epistémica sumamente joven pero con bases bastante sólidas para consolidarse a futuro.

sábado, 19 de septiembre de 2020

La historia cultural entendida como una observación de observaciones



Los postulados de Alfonso Mendiola sobre los cambios paradigmáticos en la constitución de las sociedades modernas que van de los modelos industrializantes a los modelos comunicativos, dan pie a una propuesta de análisis con un modelo de investigación autológica de autoobservación, en que se somete a la historia cultural y sus objetos como sistemas de comunicación que vuelve sumamente relevantes los temas de apropiación y consumo; planteando una distinción entre las ideas que se emiten y lo que se entiende. En este contexto resulta pertinente referirse a la teoría de la observación de segundo orden de Niklas Luhman y sus criterios teórico-metodológicos para la observación de observaciones, pues la historia cultural plantea que la realidad es siempre realidad observada y su quehacer no es describir el pasado, sino las observaciones sociales en términos históricos de este.

La propuesta parte de leer todos los textos bajo la lógica de la pregunta y la respuesta, asumiendo que ningún texto se entiende si se aísla de su contexto dalógico, y el reconocimiento de que no hay lectura sin prejuicios, pues toda lectura sigue las reglas que ha construido convencionalmente la comunidad a la que pertenece. Así la historia cultural construye sus referencias a lo real por mediación de las observaciones, transitando de la idea de entender el pasado como real a entender el pasado como observación de lo real, proceso en que la ciencia histórica se entiende como una ciencia de la sociedad que se reproduce a través sistema de comunicación peculiar, por medio de ideas que circulan en soportes materiales y prácticas sociales que se difunden a través de formas específicas de sociabilidad.

La historia cultural define su campo de investigación a partir del modo de enfocar sus problemas desde la representación del mundo, es decir de la observacione de sus objetos de comunicación; obligándose a aprender a observar cómo se observa al mundo desde distintas sociedades, en distintos momentos históricos y cómo esta observación queda plasmada en sus objetos de comunicación sobre lo contingente, esto exige grados de abstracción muy altos, pues plantea la necesidad de encontrar semejanzas en mundos diferentes y comunicar en dos niveles: lo real y lo contingente, pues al reconocer la validez de que las cosas se pueden ver de distintas formas la sociedades modernas se descubre la riqueza de estas contingencias para pensar soluciones a problemas futuros. El problema planteado por esta metodología radica en que es innegable que la evolución estructural de la sociedad va unida a la apropiación de palabras que sintetizan cuestiones básicas, es decir conceptos, así si queremos entender el significado conceptual estamos obligados a analizarlo en sus contextos sintáctico, semántico y pragmático, pues los significados dependen de sus usos sociales.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Reseña - De la Historia a la historiografía



Mendiola, Alfonso y Guillermo Zermeño. De la Historia a la historiografía. Las transformaciones de una semántica En: Revista Historia y grafía, No. 4, 1995



Para Mendiola y Zermeño, la autodescripción de la sociedad cambió a mediados del siglo XX debido a una extensión y radicalización de los medios de comunicación, así la segunda mitad del siglo XX está dominada por el paradigma de la comunicación y no como en el s XIX que se tenía la imagen del mundo como industria. En este contexto enmarca dos visiones sobre la historia como acontecer más vinculado al presente y la historia como pasado o sujeto de estudio del historiador decimononico.


Plantean que el ideal de ciencia que se construye en los últimos siglos dio lugar a la figura del intelectual comprometido con la verdad y preocupado por fijar las esencias, pero en el caso de los historiadores, estos llegan por mérito propio siempre tarde al acontecer, por lo que no pueden (ni deben) considerarse parte del mismo, gracias a este distanciamiento el positivismo argumentaba que permanecían lejos de los vicios de la coyuntura, lo que les garantizaba objetividad profesional, facultándoles de conciencia crítica y legitimidad, por lo que se esperaría que los actores de la realidad recogieran sus críticas históricas para orientar mejor las acciones de la sociedad. Pero los renovadores de la ciencia histórica francesa postularon la figura de un intelectual/historiador no desligado de presente, afirmando entre otras cosas que no existe otra manera de acercarse al pasado sino a partir de los condicionamientos y valores del presente, pues el pasado no es cognoscible por sí mismo, sino a partir de preguntas y problemas surgidos del presente. Esto para la escuela de Annales ha generado en la disciplina lo que él llama presentismo histórico, una especie de extensión o ampliación artificial del presente que de alguna manera puso en duda la pretensión de objetividad profesional del XIX, al introducir consideraciones como la mediación de valores presentes en la observación de observaciones pasadas (textos escritos en el pasado), al tiempo que pretendieron que los historiadores marcados por las influencias del presente, construyeran una serie de operaciones y metodologías para producir una visión ampliada “total” del presente-pasado, algo así como la construcción de una especie de espejo sobre el cual podríamos reflejar nuestras aspiraciones y expectativas vigentes para con mucha disciplina contrastarlas con las de los pasados observados; “Un enfoque, una forma reflexiva de acercarse a la historia (acontecer) que renuncia a la objetividad imposible del naturalismo historiográfico y piensa los problemas centrales de leer el pasado por medio de sus fuentes (observación de segundo orden)”. 

Así la transformación de fondo se dá en una percepción de la sociedad como cosa, al entendimiento de la sociedad como sentido. Entender a la sociedad como cosa le permitió a la disciplina la distinción entre ciencia histórica (que estudia los hechos pasados) e historiografía (que sólo se abocaba a lo escrito sobre estos hechos), pero en la medida en que Annales contribuyó a radicalizar la autodescripción de la sociedad como sistema de comunicaciones productoras de sentido, disminuye la distinción entre el estudio de hechos pasados (ciencia histórica) y el estudio de los escritos del pasado (historiografía). El historiador tiene acceso a los llamados hechos por la mediación de la escritura (la historia se hace con documentos) y esta son comunicaciones producidas en las sociedades que estudia, entonces en realidad no hay hechos, sino comunicaciones, surge la posibilidad de analizar esas fuentes desde un nivel estilístico, ahora importa el ¿cómo escriben el estado del mundo esas sociedades que nos interesan?

Los argumentos anteriores permiten a Mendiola afirmar que la historiografía es una autoobservación de lo que lleva a cabo el historiador, y esta autoobservación es hecha en términos histórico-sociales, es decir estudia socioepistemológicamente el quehacer del historiador para ofrecer una autocomprensión histórica de su quehacer profesional. Definiendola como el estudio del proceso técnico y social del modo en que se construye el pasado (de Certeau) - el interés por las formas anteriores de escritura de la historia actúa en función de entender la forma actual - es un estudio de la representación que se hace de la sociedad moderna de las relaciones entre pasado, presente y futuro (Mendiola) todo acto reflexivo que se preocupa por descifrar los efectos (restos, residuos vestigios, trazos) del pasado en el presente y viceversa, considerando las relaciones entre narración tiempo y acción.

análisis del discurso (narrativa)

teoría social (tiempo y acción)

El objetivo de la investigación historiográfica es reconstruir ese proceso comunicativo en que se inserta el texto analizado, hay que ir de la estructura inmanente a su función en la sociedad que lo produjo (método reflexivo) después de hacer la construcción social del funcionamiento del texto se regresa con la finalidad de iluminarlo. Aceptando que el documento no está destinado originalmente al uso del historiador, pertenece a un proceso de comunicación específico.


Planos de análisis historiográfico:

  1. reglas formales que estructuran el discurso: mecanismos que sigue el texto para producir efectos de realidad y verosimilitud ¿qué recursos retóricos o poéticos usa el autor ?
  2. lugar social desde donde se produce el texto: análisis socioinstitucional del texto ¿cómo en cada época se recluta socialmente al autor? ¿cúal es la trayectoria que hace que un individuo se convierta en historiador? y ¿de donde se escribe la historia?
  3. formas de percepción o apropiación del texto: estudio social de la práctica de lectura del discurso de la historia ¿a quienes estaba destinado el texto?
Elementos del análisis historiográfico:

información - lo que se dice en el documento

acto de comunicar - cómo se dice

comprensión - cuáles son los conocimientos que debe tener el lector de la época para entenderlos

Diferencias en la construcción del conocimiento histórico

s XIX - filosofía de la conciencia


- se pregunta por las condiciones de posibilidad del conocimiento verdadero 

- reduce la realidad a la relación sujeto cognoscente y objeto conocido

- comprende a la sociedad como un conjunto de entes que para ser conocidos basta con observarlos de manera controlada, bajo un método para impedir que los prejuicios del historiador la distorsionen



s XX - filosofía del lenguaje


- se pregunta por las condiciones de posibilidad de comunicación

- representa la realidad por medio de los procesos comunicativos como mediación del mundo social

- comprende a la sociedad como un sistema de comunicación, su especificidad no está en las cosas, sino en la producción de sentido.

sábado, 15 de agosto de 2020

Reseña - Ordenes del tiempo, regímenes de historicidad



Hartog, Francis. Ordenes del tiempo, regímenes de historicidad En: Revista Historia y Grafía, No. 21, 2003



Para Hartog, el tiempo se ha convertido en el pan cotidiano del historiador, al grado que terminó por ser naturalizado e instrumentado permaneciendo impensado, por ello propone el término de “regímenes de historicidad” como una modalidad de conciencia de sí misma por parte de una comunidad humana, y se pregunta ¿Cómo reacciona una comunidad ante diferentes grados de historicidad y si estos pueden ser idénticos para todas las sociedades? Reconoce que existen diversos modos de relacionarse con el tiempo relación que comprende un vaivén entre el presente y los pasados, algunos distantes temporal y espacialmente, por lo que entender estas relaciones podrían contribuir los momentos de crisis del tiempo y las categorías que organizan estas experiencias y permiten expresarlas. A ese respecto de Hahana Arent recupera el término “brecha” – interregno en el tiempo histórico en que se cobra conciencia de un intervalo en el tiempo que está determinado por cosas que ya no están o que están por existir, ej: 1968 puso en duda el tiempo como progreso.

El “régimen de historicidad” pone a nuestro alcance las condiciones de posibilidad de la producción de historias y según las relaciones respectivas de los tiempos (pasado, presente y futuro) ciertos tipos de historias son factibles y otros no. El tiempo histórico lo produce la distancia que se crea entre el campo de la experiencia y el horizonte de expectativas y se engendra por la tensión entre ambos, entre más escasa es la experiencia mayor se torna la espera. Campo de experiencia y horizonte de expectativas son términos que recupera del trabajo de Koseleck, quien buscaba definir de qué manera se relacionaban las dimensiones temporales del pasado y el futuro en cada presente posible.

Concluye que en nuestro tiempo se ha impuesto una configuración caracterizada por la máxima distancia entre el campo de la experiencia y el horizonte de expectativas, creando la impresión de un presente perpetuo, inmóvil, que intenta a pesar de todo producir su propio tiempo histórico. Los crímenes del sXX fueron tempestades que dieron origen a oleadas de “memoria” un vocablo de gran alcance, una categoría metahistórica.

sábado, 1 de agosto de 2020

Historia sensorial, geografía cultural y literatura. Ejercicio historiográfico a partir de la novela “El periquillo Sarniento”

Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, 

se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, 

se adormecen, se despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, 

se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, 

se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, 

se retuercen, se estiran, se caldean

Girondo

 

El presente trabajo pretende ejemplificar la oportunidad que brindan algunas narraciones de ficción como fuentes documentales, para analizar y proponer interpretaciones historiográficas sobre la manera en que las descripciones sensitivas que sus autores (y personajes), ofrecen desde la cotidianidad social; y cómo estas se entretejen para conformar cierta geografía cultural en un pasado que para algunos habitantes de la Ciudad de México tuvo significados muy distintos a los que les atribuimos en la modernidad. Una triple relación propuesta entre geografía cultural, historia sensorial y  literatura, pretende abonar a la historia de la conciencia sensorial en la Ciudad; que como toda entidad viva crea con el tiempo significantes distintos, tanto en sus espacios físicos como en las prácticas sociales de sus habitantes.

La propuesta es tratar de reflexionar sobre los diferentes niveles de percepción sensorial y espacial, a partir de la lectura de un par de pasajes en la obra literaria de Lizardi: ‘El periquillo Sarniento’, y cómo estos pudieron contribuir a ordenar su mundo narrativo a partir de olores, sabores texturas y sonidos que en la actualidad no interpretamos lo que olemos, probamos, escuchamos o sentimos, de la misma manera que a inicios de la época independiente. Pero también se pretende llamar a la reflexión sobre ciertas continuidades en la percepción sensorial que nos permiten reconocernos con las situaciones narradas, pues existe cierta convicción de que “los sentidos no se limitan a darle sentido a la vida mediante actos sutiles o violentos de claridad, (sino que) desgarran la realidad en tajadas vibrantes y las reacomodan en un nuevo complejo significativo” (Ackerman, p. 15). Por ello ¿qué mejor recurso para dar una buena mordida a uno de esos tajos de realidad en el pasado, que recurrir a la narrativa picaresca y chispeante de Lizardi? y la sutileza con la que retrata los espacios sensoriales que ofrecían a los habitantes de su ciudad los inicios del siglo XIX. 

 

Los sentidos, los lugares y las fronteras de la conciencia

Las modalidades de comprensión del mundo varían entre culturas y espacios temporales y “Lo más sorprendente no es cómo los sentidos tienden un puente sobre las distancias y las culturas, sino cómo lo hacen sobre el tiempo. Los sentidos nos conectan íntimamente al pasado con una eficiencia que no lograrían nuestras ideas más elaboradas”. (Ackerman, p. 14)

Es común aceptar que nuestra percepción sensorial ha sido controlada por fenómenos evolutivos, íntimamente relacionados con las condiciones físicas y químicas del ambiente que nos rodea, pero ¿Qué tanto podemos saber de la historia sensorial del México independiente?, ¿cuán diferentes fueron los olores de sus espacios de lo que lo son ahora?, ¿qué tan similares pueden llegar a ser nuestras propias percepciones en la modernidad con respecto a otras épocas? Y ¿de qué fuentes historiográficas podríamos echar mano para responder estas preguntas? Pues quizá sea posible que en diferentes espacios temporales se interpreten las sensaciones recibidas de modo diferente pero los mecanismos sensoriales son los mismos y podamos echar mano de esos fenómenos evolutivos para responder algunas de estas preguntas.

En varias ocasiones autoridades civiles y eclesiásticas de la Ciudad de México emprendieron reformas cuyo trasfondo era la imposición de una sensibilidad nueva respecto a las prácticas sociales de la vida cotidiana, particularmente en lo referente a los olores y los sonidos. Como ejemplo de ello podemos citar las reorganizaciones del espacio citadino para que la basura fuera depositadas en las garitas y que los barrios de indios fueran lugares limpios, argumentando que las enfermedades se transmitían por ‘miasmas’ contenidos en el aire y el agua contaminados y malolientes; o la imposición de silencio a los campanarios que tradicionalmente marcaban los tiempos y las rutinas de los habitantes de la Ciudad quienes definitivamente tuvieron que haber desarrollado cierta sensibilidad auditiva y un lenguaje de interpretación muy particular a esos sonidos. (Davalos, 2001)

Por ello no es descabellado afirmar que los personajes de las novelas son tambien usuarios del espacio público, que viven y se adueñan de sus calles, sus plazas, sus centros de intercambio comercial, exigiendo su lugar en el mundo al sentir los mundos sociales en la traza antigua que les tocó percibir e interpretar sensorialmente.

 

El Periquillo Sarniento

A José Joaquín Eugenio Fernández de Lizardi Gutiérrez (1776-1827), originario de la Ciudad de México se  le recuerda especialmente  por  su Periquillo Sarniento (1816),  obra que para muchos se considera como la primera novela hispanoamericana. “El Periquillo de Lizardi fue casi un accidente histórico: la censura de prensa le obligó a suspender la  publicación  de  su periódico didáctico El Pensador Mexicano y a buscar un medio menos estridente para expresar sus opiniones. Con todo, “el Periquillo es una muestra excelente de las ideas de la Ilustración que dominaban en la época” (Skirius, 1982, p.257). Y ofrece una  mezcla  de  entretenimiento y enseñanza” como mosaico  social, como documento lingüístico y  como epítome de  las ideas de  la Ilustración en  su época, tanto que  para Agustín Yáñez, la voz de Fernández de Lizardi, puesta en solfa por el Periquillo Sarniento, su protagonista “clamó urgencias que subsisten sobre el desierto de nuestra conciencia colectiva”, con un estilo casero y familiar en que los  dicharachos, chanza y refranes  del vulgo sirven de  carnada  para  interesar a un público de lectores que ha trascendido a través del tiempo. Posible razón por la que el autor tuvo que escribir sin afectación ni pedantismo aunque en muchas ocasiones ostenta la erudición del periodista ilustrado, a pesar de su declarada simplicidadidad.

Para efectos de presente nos remitiremos a ciertos pasaje, en el que cuenta Periquillo la bonanza que tuvo y otras cosillas nada ingratas a la curiosidad de los lectores, en uno de ellos Lizardi narra la experiencia de pernocta en un tuquillo de juego y no es difícil imaginar las sensaciones y emociones que el hecho genera en el protagonista de la novela: “no extrañé los saltos de las pulgas y ratas, las chinches, la música de los desentonados ronquidos de los compañeros; el pestifero sahumerio de sus mal digeridos alimentos, el porfiado canto y aleteo de un maldito gallo que estaba en mi cabecera y lo mullido del colchón de tablas”. Llama la atención que no sea el único durmiente en el tugurio, la alusión a la presencia naturalizada de insectos parásitos y roedores asociados a la falta de higiene y transmisión de enfermedades, así como la convivencia con animales de granja al interior de las habitaciones; pero es aún más interesante plantearse las continuidades sensitivas que doscientos años después del episodio anteriormente comentado, nos permiten hacernos esa idea familiar de las sensibilidades experimentadas por el personaje.

En otro de estos pasajes a los que nos referimos, observamos el proceder sobre la autoconciencia de poder adquisitivo o invisibilidad de clase que el Periquillo tiene muy clara y que no dista mucho de la relaciones de clase que podemos observar en la modernidad, no obstante que la estratificación social en la era contemporánea, se ha configurado de maneras diferentes a las referidas en la novela:

“Como el dinero infunde no sé qué extraño orgullo, luego que entré los saludé no con encogimiento como antes, sino con un garbete que parecía natural.

-¡Cómo va, amigo coime?¿Qué hay, camaradas? - les dije.

El y ellos apenas alzaron los ojos al verme, y haciendo un dengue como la dama más afliligranada volvieron a continuar su tarea sin responderme una palabra.

Yo entonces apreté las espuelas del caballo de mi vanidad, y como rabiaba para participarles mi fortuna les dije:

-!Hola¡ ¿Ninguno de ustedes me saluda eh? Pero ni es menester. Gracias a Dios que tengo mucho dinero y no necesito a ninguno de ustedes.”

Queda latente la resistencia a la invisivilidad a la que es sometido por pobre y desarrapado el Periquillo, ese “no te veo” y “no te escucho” para desaparecerte del contexto narrativo, que su condición de clase imponía, quizá similar a la negación social impuesta a la creciente desigualdad de la modernidad capitalista.

 

La antigua Alcaicería

“Ya a las doce del día no veía yo de hambre, y para más atormentar mi necesidad tuve que pasar por la Alcaicería, donde saben ustedes que hay tantas almuercerías, y como los bocaditos están en las puertas provocando con sus olores el apetito, mi ansioso estómago piaba por soplarse un par de platos de tlemolillo con su pilón de tostaditas fritas; y así hambriento, goloso y desesperado, me entré en un tuquillo indecente que estaba en la misma calle en que había juego de pillaje.” (Lizardi, p.12)

Los ecos del término se remontan a su pertenencia grecolatina caesarea y a su adaptación árabe al-qaysariyya que por influencia morisca derivó al castellano alcaicería, “tal es el caso de la Alcaicería, que dentro del reino nazarí, sólo existió en los centros urbanos de cierta categoría, como por ejemplo Málaga, Almería o Granada” (Castilla), y hace alusión a los pequeños barrios del viejo continente, en donde artesanos y comerciantes dedicaban sus días la venta de la seda entre callejuelas angostas.

A México el término habrá migrado en el proceso de colonización cultural, y me inclino a pensar que logró establecerse como geosímbolo cultural de la actividad cotidiana en el centro de la Ciudad, es decir como unidad espacial estructural y anímica de los habitantes de la Ciudad, quienes encontraron en el comercio el eje central sobre el que giró a lo largo de trescientos años la Colonia Novohispana y que de alguna manera fue base para la capitalización de los actores  de la transformación independentista.

            La calle de la Alcaicería, hoy llamada 5 de Mayo, se situaba de oriente a poniente y comenzaba a la mitad del Empedradillo, que era el área de jardines e hilera de casas que corrían desde la parte occidental de Catedral, pasando por Plateros hasta Tacuba (Marroquí, 1969, p.108), también era un espacio donde confluyen todas las clases sociales, en el que los personajes de la novela de Lizaldi y los reales habitantes de la Ciudad de México transformaron el paisaje urbano materializado en geosímbolo referencial de la narrativa que nos atañe. 

Desde el siglo XVI al menos tres mercados diferentes se ubicaron en el primer cuadro de la Ciudad: el mercado de bastimentos o los « puestos de indios » administrado por los indígenas, el mercado de manufacturas artesanales usadas y nuevas, también conocido como “Baratillo de la Plaza Mayor” y el mercado de productos ultramarinos o “Los cajones de madera” de la Alcaicería. Y es en este sitio en que Periquillo es asaltado abrazadoramente por las sensaciones que describe, y muy probable que por muchas otras que no son signadas en la narración: Los apetitosos olores de las almuercerías, pero también los pestilentes desperdicios de estas misas se debieron entremezclar en el ambiente; Las conversaciones a voces altas e incluso el pregonar de la vendimia, el sonido de los cacharros de cocina, el llamado de las campanas de Catedral cada determinado tiempo; el calorcito de las estufas de leña, la textura del jarro en que el pulque se servía, las bancas y mesas de madera posiblemente ásperas, y obviamente el regusto de los platillos que en estos espacio se mercaban.

            Así, la calle de la Alcaicería se vuelve personaje para mostrar el revuelo del escenario social materializado por el contacto directo de los personajes y sus espacios de convivencia cotidiana.


Reflexiones

 

Quedan (aunque apenas esbozados) los argumentos que pretenden justificar el uso de la novela de costumbres para tratar de establecer lazos sensoriales que nos podrían unir desde la modernidad, con temporalidades más lejanas a nuestra cotidianidad y aún cuando se ha echado mano de analizar la percepción sensorial de personajes de ficción, no debiera esto demeritar su cercanía a la validación historiográfica, pues la recurrencia al concepto de geosímbolo como unidad espacial estructural y anímica de un territorio específico propuesta por Jöel Bonnemaison, dá pie a considerar que las fronteras de la conciencia planteadas en la narrativa novelada, cuentan con referentes de realidad en el contexto sociocultural del que sus autores habitaron y tenían pleno conocimiento.

Si bien el pasado al se ha referido, tuvo significados muy distintos a los que les atribuimos en la modernidad y la configuración del paisaje urbano es por mucho diferente a lo que podemos apreciar en la actualidad los habitantes de la Ciudad; la interpretación sensorial que naturalmente poseemos, permitiría hacernos una idea del modo en que se delimitaban las fronteras de la conciencia de sus habitantes en la cotidianidad local.

Por último y a modo de reflexión muy personal, descubrir la existencia de una antigua Alcaicería en la Ciudad de México, como término y espacio de sincretismo cultural, cuyos antecedentes se remontan incluso a la influencia de lo ocupación Árabe en España y tener la oportunidad (aunque con evidente limitación de fuentes) de poder seguir su rastro, hasta establecer su posible localización histórico-geográfica en un territorio familiar, ha sido una aventura de ejercicio intelectual particularmente significativa.


Referencias

 

Acevedo, Antonio. La Ciudad de México en la Novela. México, Secretaría de obras y servicios  DDF, Ediciones conmemorativas, 1975

 

Boonnemaison, Jöel. La géographie culturelle. París, Ediciones del comité de trabajos históricos y científicos, 2000

 

Castilla Brazales, Juan. Andalusíes: la memoria custodiada Vol. II, Junta de Andalucía - Consejo de Cultura, Granada, 

 

Davalos, Marcela. ¿Por qué no doblan las campanas? En: Revista Historias No. 50, sep-dic, 2001

 

Payno, Manuel. Los bandidos del Río Frío, México, Porrua, 1986

 

Flores, Enrique. “Lizardi y La Voz o Cuando Los Pericos Mamen.” En: Iberoamericana, Vol. 3, No. 10, 2003

Fernández de Lizardi, José Joaquín. El Periquillo Sarniento, México, Instituto nacional de estudios hiStóricoS de las revoluciones de México, SEP, 2012

Marroquí, J.M. La Ciudad de México, México, Jesús Medina editor, 1969

Skirius, John. “Fernández de Lizardi y Cervantes” En: Nueva Revista de Filología Hispánica, vol. 31, no. 2, 1982