martes, 7 de junio de 2016

Colombia en la primera mitad del siglo XX

Colombia en la primera mitad del siglo XX

La conquista de América, como proceso histórico tuvo desde el inicio características comerciales, llevada a cabo por empresas mercantiles en que intervinieron grandes capitales privados y participación monárquica. En la Nueva Granada mediante encomiendas y mercedes se establecieron enormes ordenanzas oligárquicas terratenientes, mientras que las poblaciones indígenas conquistadas fueron sometidas a las más brutales formas de opresión y explotación, este "sistema feudal americano" no era una economía cerrada de autosubsistencia, como el caso del feudalismo europeo, sino que respondía a las necesidades de la agricultura colonial monoproductiva que abastecía a los centros mineros, los emplazamientos militares o los mercados europeos. (Bethell, 1990)
En 1819 en su empresa independentista, Bolívar establece la República de la Gran Colombia, acorde a su idea de formar una gran Confederación entre las Repúblicas hispanoamericanas; pero a su muerte en 1830 y a falta de identidades consolidadas que permitieran continuar la amalgama del sueño de una Hispanoamérica unida, se produjo la ruptura de la Confederación Grancolombiana que termina por disgregarse en varias naciones: Colombia, Ecuador y Venezuela. Este acontecimiento marcará trascendentalmente y con características particulares el desarrollo de la región, pues nos plantea de inicio una fisura de intereses nacionales, con sus estados vecinos al sur.
Durante este periodo de formación y consolidación  nacional, en Colombia se levantaron una gran cantidad de confrontaciones armadas de magnitud diversa, entre guerras civiles, cuartelazos, sublevaciones campesinas, pronunciamientos burgueses y golpes de estado. Sobre todo generados por las terribles condiciones de desigualdad social, el vacío de poder resultante del proceso de independencia, las marcadas diferencias entre regiones, diferencias de interés entre caudillos independentistas y gamonales, la pugna entre federalistas y centralistas, la confrontación de los abolicionistas contra los esclavistas. En suma hablamos de un país al que la factura de la libertad le ha resultado particularmente onerosa en sangre de patriotas, por lo que alcanzó la paz sobre una sociedad terriblemente fracturada y dolida.
Tras la ruptura con el dominio español, Colombia entra en contacto con el capitalismo expansivo de Inglaterra y Estados Unidos, ofertando la producción de materias primas, principalmente tabaco, bananas y café; y en menor medida una incipiente industria minera. Su estructura social mayoritariamente agraria y señorial se organizaba en torno a la hacienda y la vida rural.
Los hechos hasta aquí planteados pudieran antojarse ajenos al periodo propuesto, pero les consideramos relevantes al punto que son los determinantes de la configuración a las condiciones económicas, políticas y socioculturales de la Colombia del siglo XX. Por un lado tener presentes las continuidades coloniales tanto en su sistema productivo y en su organización sociopolítica; y por el otro es imprescindible considerar la confrontación ideológica e irreconciliable que se plantea en el terreno de los intereses en las elites criollas de Conservadores versus Liberales decimonónicas. Resulta también indispensable, en el ámbito de lo macro, plantear la posibilidad de desligar a Colombia, como estado nación, del conjunto sudamericano; para pensarle ante la perspectiva que sus propias relaciones con América del norte evidencian, aún que habrá que mantener siempre una óptica transversal para distinguir sensiblemente los aspectos específicos multiculturales y multiétnicos, que su propia composición social ofrece y que constituyen en buena medida la riqueza particular en la narrativa del siglo XX en la región.         
En 1903 Panamá se separa de Colombia, separación particularmente instada entre los sectores de la oligarquía comercial conservadora de la ciudad de Panamá, como agentes de la conspiración separatista, que ya en varias intentonas desde el siglo XIX venían procurando con lo que se conoce como las "actas separatistas": 1826, 1830, 1831, 1840-41, 1860. Pero que encontraron apoyo coyuntural en el expansionismo imperialista de Estados Unidos, durante la presidencia de Teodoro Roosevelt; la quiebra de la Compañía Nueva del Canal, con capitales franceses; y la actuación del  abogado William N. Cromwell. (Díaz Espino, 2003)
“Las negociaciones para la firma del correspondiente tratado entre Colombia y los Estados Unidos venían celebrándose desde hacía casi dos años. Habían empezado a petición de Colombia y Roosvelt y el secretario de Estado, John Hay, creían que las condiciones definitivas del tratado Hay-Herran cumplían los deseos del gobierno colombiano. Pero el presidente de Colombia convocó un congreso especial que, bajo su liderazgo, dio largas al asunto y, al cabo de una semanas, rechazó el tratado. Los panameños se sublevaron, y Roosvelt respondió invocando el tratado de Bidlack de 1846 para impedir que Colombia desembarcara más tropas. El reconocimiento siguió rápidamente a la instauración de la república de Panamá, y doce días después los Estados Unidos y Panamá firmaron un tratado relativo al canal, en vista de ello el presidente de Colombia se brindó a aprobar el tratado anterior, pero Roosevelt no le hizo caso. Los colombianos se quejaron y acusaron a los Estados Unidos de robo. Pero Colombia solo había ejercido un control intermitente de Panamá y se había apoyado siempre en la intervención norteamericana para mantener cierta apariencia de soberanía” (Freeman, p.89)

Y es este el acontecimiento con el que pretendemos plantear el primer apartado de nuestra tesis sobre la clásica pertenencia regional de Colombia, al conjunto de naciones sudamericanas. Pues ya anteriormente habíamos señalado que la ruptura de la Confederación Grancolombiana pudiera pensarse como una grieta continental al sur respecto a la identidad de Colombia; sostenemos que con la separación de Panamá se amplifica el aislamiento regional, pues la ingerencia directa de Estados Unidos en el proceso le obliga a establecer relaciones en completa desigualdad con esta nueva potencia mundial, voraz, intervencionista y demócrata-imperialista -valga la contradicción de origen-.
“La apertura del Canal de Panamá, hizo viable la terminación del ferrocarril del Pacífico y la expansión de la frontera agrícola en las zonas de vertiente de la cordillera central y la definición de una nueva vía exportadora, quedando así articuladas en este corto ciclo histórico los sistemas transportadores del Atlantico y del Pacícico, los que en decenios posteriores determinarían la orientación de la infraestructura física de integración de la sociedad colombiana” (García, p.174-175)

En este contexto, algunos autores determinan que Colombia estaba regida por un esquema de república señorial, heredera de los viejos patrones coloniales. (García, 1985 y Bethell, 1992)
Características de la república señorial
Archipiélago de regiones incomunicadas
Desconocimiento de la vida marítima
Concentración de la actividad política y social en pequeños centros urbanos
Dinamización de la organización municipal
Nucleación de grandes centros urbanos
Medellín
Industrial textil y comercio
Cali
Comercialización y procesamiento de café
La primera guerra mundial influye fuertemente en lo que podemos llamar el periodo inicial de modernización en Colombia. Los cambios ocurridos en el periodo entreguerras, como la crisis de la república señorial y la configuración del modelo capitalista, subdesarrollado y dependiente, se inserta en un sistema de mercado mundial, cuyo protagonismo se desplaza de golpe, de Inglaterra a los estados Unidos. La aristocracia latifundista y minera que había conservado el control de la riqueza, la cultura y el poder político, observa como se gestan en este periodo profundos cambios estructurales, con una alta complejidad y en un breve periodo de tiempo.
En la posguerra, a partir de la apertura del mercado norteamericano, el auge cafetalero de 1923 a 1928 duplicó las extensiones de siembra. La exportación se realizaba mediante corporaciones transnacionales especializadas en comercialización de productos del trópico; el valor anual del comercio exportador en este rubro, pasó de 61 millones de dólares en 1913 a más de 200 millones en 1924. La economía bananera que integró en su proceso productivo prácticas de moderna agricultura, representó el 6% de las exportaciones nacionales para el periodo de 1925 a 1929; 1100 millones de dólares. Donde cerca de las tres cuartas partes de estas exportaciones se destinaban a satisfacer las demandas de mercado estadounidense. (García,1985) El auge de la modernidad para Colombia, que se presenta en la década de los 20´s; en lo que se conoce como la Danza de los millones, “Los años de la Danza de los millones fueron de trabajo intenso en las obras públicas y en las inversiones financieras en todos los órdenes. Un ejemplo fue la construcción de carreteras: en 1911 Colombia tenía 578 kms en carreteras, cifra que pasó en 1922 a 3437 Kms y en 1930 a 5743 Kms”. (Ocampo, p. 280) Estas inversiones posibilitan una insólita transición a un país predominantemente urbano con características de modernidad basada en la industrialización. De esta forma, se presentan cambios radicales en la composición de la población económicamente activa, en los modos de producción, en la implementación de tecnologías, en el asentamiento urbanístico y en la participación de los sectores populares en la vida nacional.
Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla, se establecieron como centros político, administrativos, manufactureros y financieros del sistema capitalista de mercado; desarrollándose con ello una densa constelación de espacios residenciales del cinturón andino cafetalero. La población creció de 5.86 a 7.43 millones de habitantes, lo que modificó radicalmente los patrones hispanocoloniales de población (García 1985). La modernidad urbana se estaba conformando en lo que aún es hoy Colombia y que en la segunda mitad del siglo definiría los conflictos sociales causados por esa gran brecha de desigualdad y miseria entre los centros urbanos y los territorios del interior.

Grafico 1 Elaboración personal. Fuente (Ocampo, p. 270)

Mientras que el aparato bancario que regulaba las operaciones financieras y crediticias ce ciñó a la Misión Kemmerer (conformada por un grupo de técnicos financieros estadounidenses que propusieron una serie de reformas jurídicas como paliativo a la crisis comercial y financiera de 1920), imponiendo el sistema norteamericano de banca central, orientada por la ley del patrón oro y la liquidez de cartera; dando lugar al surgimiento del Banco de la República con una participación bastante marginal del gobierno colombiano, lo que precipitó la concentración bancaria en los nuevos centros urbanos y la desaparición de la banca local entre 1924 y 1928. En este periodo de transformaciones, se consolidó el proletariado de la industria manufacturera, del petróleo, la minería, los textiles, las plantaciones de banano, el café y de los sistemas de transporte ferroviario y marítimo; definidos por un sistema de estado absolutista:
-          Carencia de salarios mínimos
-          Disociación entre productividad y remuneración
-          Inexistencia de prestaciones y seguridad social
-          Durísima represión policial a los conflictos laborales
-          Ilegalidad de las luchas sociales y sindicales
Razones por las que el movimiento obrero irrumpió en la escena social, de manera violenta y revolucionaria, enfrentando al absolutismo del estado señorial que imponía la ruda hegemonía imperialista estadounidense. (García 1985)
En lo referente a la vida política del país, se presentaba ante el mundo con una imagen de gran estabilidad con respecto al periodo de la segunda mitad del siglo XIX, el movimiento conocido como Regeneración  (1886 – 1930) instauró una república Conservadora. Después de la guerra civil de los mil días (1899-1902), durante el gobierno de José Manuel Marroquín; la encomienda política fue la de establecer un programa de restauración nacional que permitiera mejorar la economía y sanear las finanzas públicas. El devenir de los gobiernos civiles colombianos después de la incipiente dictadura del general Reyes, transitaron más o menos pacíficamente entre ideólogos del orden conservador y la naciente burguesía liberal, por lo menos hasta la instauración de las dictaduras militares.
Presidente
Periodo
Vertiente ideológica
Rafael Reyes
1904 a 1909
Dictador
Jorge Holguín
(interino) 1909
Conservador
Ramón González Valencia
1909 a 1910
Conservador
Carlos Eugenio Restrepo
1910 a 1914
Unión Republicana
José Vicente Concha
1914 a 1918
Conservador
Marco Fidel Suárez
1918 a 1921
Conservador
Jorge Holguín
1921 a 1922
Conservador
Pedro Nel Ospina
1922 a 1926
Conservador
Miguel Abadía Méndez
1926 a 1930
Conservador
Enrique Olaya Herrera
1930 a 1934
Liberal
Alfonso López Pumarejo
1934 a 1938
Liberal
Eduardo Santos
1938 a 1942
Liberal
Alfonso López Pumarejo (2o periodo)
1942 a 1945
Liberal
Alberto Lleras Camargo
1945 a 1946
Liberal
Mariano Ospina Pérez
1946 a 1950
Conservador
Laureano Gómez
1950 a 1951
Conservador
Roberto Urdaneta Arbeláez
1951 a 1953
Conservador
Periodos presidenciales antes de las dictaduras militares
  
Referencias

Bethell Leslie (1990) Historia de América Latina. V7. Barcelona, España: Crítica.

Cueva Agustín (1978) El desarrollo del capitalismo en América Latina: Ensayo de interpretación histórica. México: Siglo Veintiuno Editores

Deas, Malcolm (1990) Venezuela, Colombia y Ecuador. En: Leslie Bethell. Historia de América Latina. V. 6. Barcelona, España: Crítica

Díaz Espino, Ovidio (2003). El país creado por Wall Street. La historia no contada de Panamá. Bogotá: Planeta

Freeman Smith, Robert  (1990). América Latina, los Estados Unidos y las potencias europeas, 1830-1930. En: Leslie Bethell. Historia de América Latina. V7. Barcelona, España: Crítica

García, Antonio. (1985) Colombia: Medio siglo de historia contemporánea. En: Pablo González Casanova, (coordinador). América Latina: Historia de medio siglo  V.1. México: Siglo Veintiuno Editores

Ianni, Octávio (1980) La formación del Estado populista en América Latina. México: Era

Ocampo López, Javier (1989) Breve historia de Colombia. Caracas: Academia Nacional de la Historia


martes, 24 de mayo de 2016

Nueva historia mínima de México (con monitos :)

Nueva historia mínima de México
Análisis sobre la historieta “La independencia”
  
En la versión decómic del clásico "Nueva historia mínima de México", particularmente su segundo tomo: “La Independencia”, basado en el texto de Josefina Zoraida Vázquez e ilustrado por Jorge Aviña, el editor Francisco de la Mora desarrolla el guión a partir de la narración que hace un viejo librero que vive en el centro de la ciudad de México, quien relata a su nieto los sucesos más destacables de la historia sobre la Independencia de México. Ese personaje cálido que nos cuenta historias, refiere a los héroes pero que no es un protagonista ni parte de la historia, sino alguien quien sabe de ésta y la relata en un lenguaje coloquial y sin mayores pretensiones que comunicar al lector esa pasión por nuestro pasado.


Cabe mencionar que El Colegio de México es una institución  muy tradicional en sus publicaciones, incluso algunas no han cambiado el color de su portada en 50 años, por lo que siempre es muy agradable encontrarnos con un texto adaptado e ilustrado en formato de cómic para que públicos diversos se acerquen a la historia nacional de una manera accesible y divertida. En el contexto de las conmemoraciones por el bicentenario de la Independencia, El Colmex y editorial Turner realizaron estas versiones gráficas como una propuesta editoriale para alcanzar lectores que prefieren la lectura gráfica de textos, lo cual representa una forma novedosa de difundir el proceso histórico a públicos más amplios.

Al final de la historieta se presenta una cronología de los acontecimientos más relevantes del periodo y las biografías de los principales personajes históricos.

Cabe destacar que el trabajo monográfico Nueva historia mínima de México ya fue un programa de televisión producido por TV UNAM, ganador de varios reconocimientos nacionales.

Dado la calidad editorial de esta producción, quizá valdría la pena buscar que estos esfuerzos lleguen a las bibliotecas escolares de educación básica para que los alumnos tengan oportunidad de trabajar con materiales variados y bastante novedosos, pues podrían aprender sobre la historia fundacional de nuestra nación con un atractivo campo visual, las fechas, los personajes y rostros, con los procesos básicos de la historia de México.

Bibliografía


La Independencia. Texto de Josefina Zoraida Vázquez e ilustrado por Jorge Aviña. Basado en: Nueva Historia Mínima de México. El Colegio de México y Editorial  Turner. México.

martes, 17 de mayo de 2016

La necedad de las ideas

Domenico Scandella o Menocchio de Pordenone
en la Italia del siglo XVI[1]

Cuando se escribió El queso y los gusanos a finales de los años 70´s, la cuestión de la representatividad en la reconstrucción historiográfica era fundamental. Sea negativa o positivamente, cuando se pretendía hacer un test de representatividad se recurría, no pocas veces, a agregados pequeños de los cuales se sacaban porcentajes que muchas veces no significan nada. Por lo que la historia de Domenico Scandella propone volver desde una perspectiva metodológica (la de Ginzburg) y desde una perspectiva técnica (la de un verdadero cuantitativismo) al verdadero rigor de historiar lo sucesos pasados. La gran frescura que esta obra ofrece con sus modelos de la microhistoria ginzburguiana poseedores de singular originalidad es que trata de rescatar los objetos de estudio desde "la perspectiva misma de los actores" en los procesos históricos que analiza; dejando bien en claro que el echo de que una fuente no posea carácter de objetividad, no impide al reconstructor historiográfico utilizarle con un carácter científico, manipulando procesos inquisitoriales que giran alrededor de un solo individuo con el interés en los grupos marginados; Ginzburg trabajo magistralmente el tema de la circularidad de la cultura, de la relación que existe entre la cultura de las clases subalternas y la de las dominantes y de su influencia reciproca, examinando minuciosamente las ideas, fantasías y sentimientos de Menocchio, un molinero Italiano del siglo XVI, a partir de sus confesiones ante el Tribunal de la Inquisición y de sus lecturas.
En este contexto, el estudio de Ginzburg, cuestiona el paradigma común sobre la pasividad resignada con que las clases subalternas en las sociedades preindustriales se adaptaron haciendo suyos los excedentes culturales de las clases dominantes. Extendiendo “hacia abajo” la noción histórica de individuo aún ante el riesgo de caer en el anecdotario. Podríamos decir que se trata de una obra fundamental de la historiografía europea contemporánea, en lo que se refiere a la posibilidad de imaginar las interacciones de discursos globales y escenarios “micro” en donde las lecturas de esos escenarios adquieren terrenalidad, se localizan en los contextos, son convertidos en experiencias históricas y subjetivas. Colocando a su protagonista Menocchio como actor en tensión con discursos y prácticas de orden hallándose en la historiografía a partir de fuentes escasas pero contundentes. El molinero de Guinzburg representa en sí mismo las tensiones del discurso de la Reforma y la Contrarreforma en el ambiente de la Inquisición.
Pareciera que la trayectoria del pensador italiano es el auténtico eje vertebrador del libro, prestando particular atención a las implicaciones metodológicas de su propuesta sobre una nueva aproximación morfológica a la historia, basada en la exploración de convergencias temáticas y formales en situaciones de ausencia de transmisiones textuales directas, que al mismo tiempo emplaza esta nueva historia cultural en el mundo más amplio de la historiografía italiana.
La historia cultural corre el riesgo del agotamiento de las inspiraciones combativas que marcaron sus etapas anteriores. Y es precisamente aquí donde uno se da cuenta de la auténtica importancia de este texto. Lejos de ser una miscelánea de menudencias y conjeturas, ofrece desde la práctica numerosos elementos de innovación historiográfica para tratar de explicarse el Folclore, la gemología, la historia de las tradiciones populares, y la etnología europea que emergen de las ideas y explicaciones de Scandella; dejando ver que más que una cultura popular, presenciamos una mentalidad con límites mas o menos bien definidos en un contexto histórico determinado.
Durante el desarrollo de la obra observamos que las pocas fuentes con las que cuenta el investigador no son solo utilizadas para restituir la coherencia a una región del pasado, sino para ponerlo en tensión con la historicidad que se está construyendo. No se trata de una historicidad que se hace presente por el solo hecho de ser un libro sobre el  pasado, o en última instancia del relato sobre los juicios inquisitoriales de la Italia Renacentista, sino que se trata de una historicidad capaz de sustraer las pretensiones esencialcitas y homogeneizantes que la Inquisición  procuró instaurar en el proceso de masificar creencias en la identidad colectiva de las clases populares.
Así el autor de El queso y los gusanos desafió algunas de las mayores convenciones positivistas de la práctica histórica, al reconstruir la figura singular de Menocchio a partir de un material visiblemente insuficiente, interpretando como relevante el caso de un molinero del siglo XVI que muchos hubieran visto como una extravagante anécdota histórica y a pesar de la escasez de datos y fuentes documentales decide centrar su libro en ese curioso personaje. La lección que resultar de esta operación es la de demostrar que los historiadores trabajan o pueden trabajar desde dos formas de argumentación diferentes: por un lado la búsqueda de la prueba necesaria y verificable, y por otro lado, la probabilidad, esto es la verosimilitud de lo narrado. Es decir, asume que las fuentes históricas presentan vacíos que deben suplirse mediante conjeturas, aunque los hechos entonces no sean más que meras probabilidades. De este modo se crea una trama y unos personajes protagonistas cuyo perfil psicológico y cuyas pautas de comportamiento resultarán difícilmente verificables. Reconoce igualmente la utilidad de unos recursos literarios, explota el suspense y la expectativa que genera toda trama y acepta que esas mismas características propias de cualquier dramatización hayan podido favorecer la enorme repercusión alcanzada por su libro. Defendiendo con hechos la idea de que es perfectamente respetable, y muchas veces necesario, que un historiador lleve a cabo cierta manipulación de los hechos como resultado de un ejercicio imaginativo y a su vez, acepte los efectos estéticos de dicha manipulación. Al fin y al cabo el historiador italiano ha afirmado en repetidas ocasiones que escribir historia es también contar historias y, por lo tanto, este ingrediente retórico de la narrativa histórica no amenaza la cientificidad de una disciplina cuyo valor epistemológico sigue residiendo para el en el contrato de verdad con su objeto de estudio. En la voluntad de preservar el pasado de cualquier manipulación o falseamiento. De algún modo, el modelico ejercicio de Ginzburg admite que el referente extralingüístico es insuficiente por el mismo y delata la dimensión creativa del historiar. Forma parte del llamado retorno o resurgimiento del relato pero no vulnera el estatuto propio del discurso histórico pues reconoce su necesaria “organización foliada” -expresión con la que Michel de Certeau aludía a la presencia en forma de cita de los materiales de los que intenta producir una comprensión- y también su necesaria sumisión al acontecimiento a través de la “huella” que deja en forma de archivo. En resumen, reconoce la especificidad de un discurso narrativo que depende de los procedimientos propios de una disciplina del saber.
La imprenta - La reforma protestante - La Contrareforma - 

¿Cuales son las líneas principales del modelo de historia cultural y su relación con la historia de la lectura y la escritura, que el historiador Carlo Ginzburg desarrolla en si libro “El queso y los gusanos”?
El resurgimiento o retorno al relato significa para la historia la conciencia de su pertenencia al género de la narración. Así, la práctica del historiador admite moverse en un espacio mixto que oscila entre la ciencia y la ficción, y su régimen de verdad no es el de la certeza científica ni tampoco el de la ficción literaria. Por este Camino la proximidad de historia y ficción ha llegado a ser mucho más intima de lo que querían los partidarios de una comprensión positivista de los acontecimientos. El descubrimiento y análisis de las formas discursivas a través de las cuales se da el relato histórico ha llevado finalmente esa proximidad a la confusión y a la indistinción genérica. Si la historia es una modalidad discursiva, entonces es tan solo un caso particular del discurso en general y no puede así dejar de prestar atención a las teorías del discurso que se han dado en el seno de la teoría y la entica literaria. Este es el punto de vista desde el que algunos han creído ver una oportunidad para establecer una topología universal de los relatos e identificar las estrategias retóricas que gobiernan todos los modos posibles de narración.
La historia de la lectura también es, pues, la de sus prácticas, sus usos y significaciones. Esta es una preocupación central y de debate actual de la historiografía francesa, italiana y anglosajona sobre la historia de la lectura en el contexto de la historia cultural.
Desde una historia con espíritu etnográfico o de la microhistoria se ha abordado la perspectiva de las distintas apropiaciones que los lectores hacen de los textos y las formas en que se comprenden y utilizan, expresada en los trabajos de Darnton en Estados Unidos y de Ginzburg en Italia, respectivamente 18. Las aportaciones del primero sobre la historia cultural francesa han tenido una notable influencia, al plantearse cómo construyen los lectores cambiantes textos mudables. La obra del segundo ha alumbrado cómo se puede estudiar la apropiación de un texto por parte de un lector y las significaciones que percibe.
El problema es cómo gestionar la cuestión de la parte y el todo a la hora de intentar exponer la verdad del paisaje epocal que se estudia. La idea del puzzle, al que nos enfrentamos sólo a partir de fragmentos o cortes parciales, no es exactamente equiparable al modelo que propone Bégout , pero guarda importantes parale- lismos con una forma de trabajar que está abriéndose camino en el análisis de la cultura. Según esta versión, la historia sería «. . .una disciplina que funcionaría por fragmentos: una averiguación, una pesquisa que pone en relaciónconjetural vestigios, huellas,indicios.» (Serna, Justo y Pons, Anaclet, Cómo se escribe la microhistoria.Ensayo sobre Cario Ginzburg,Madrid, Cátedra - PUV,2000, pág. 15).
Es obvio que la oralidad y la escritura tienen en la producci6n literaria sus propios códigos, sus propias historias y que inclusive remiten a dos racionalidades fuertemente diferenciadas, pero no lo es menos que entre una y otra hay una ancha y complicada franja de interacciones

Referencias Bibliográficas.

Aguirre Rojas, Carlos Antonio. A modo de Introducción: El queso y los gusanos: un modelo de historia crítica para el análisis de las culturas subalternas. En: Tentativas. Morelia, Michoacán: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Historia, 2003
Ginzburg, Carlo. El hilo y las huellas. Series en Sección de Obras de Historia. México: FCE, 2010
El queso y los gusanos. Series en (El ojo infalible). México: Océano, 1997




[1] Carlo Ginzburg es actualmente profesor titular de la Cátedra de Estudios sobre el Renacimiento Italiano en la Universidad de California, en Los Angeles; y profesor visitante en la Universidad de Siena, Italia. Entre sus obras más representativas encontramos: Los benandanti. Brujeria y cultos agrarios entre los siglos xvi y xvu; El queso y los gusanos. El cosmos, según un molinero del siglo XVI; Pesquisa sobre Piero; Mitos, emblemas e indicios. Morfologia e historia; Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre; El juez y el historiador. Consideraciones al mar gen del proceso Sofri; Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia; Ninguna isla es una isla. Cuatro visiones de la literatura inglesa desde una perspectiva mundial, entre otras.

martes, 10 de mayo de 2016

Representación iconográfica en los códices Mesoamericanos

¿Cuáles son los testigos documentales que exponen la importancia del maíz en las culturas Mesoamericanas?

Lugar común en el imaginario sociocultural del México contemporáneo es la presencia del Maíz, constante en muchos de los aspectos de nuestra historia nacional; el término evoca pasado y presente, trabajo, alimentación, cultura y cosmogonía. 

Desde su domesticación en el México precolonial, el Maíz ha sido símbolo de identidad, orgullo, estandarte amalgamador y muchas veces conciliador. Pero de a poco y casi sin darnos cuenta, en el tiempo presente esa figura milenaria se ha ido desdibujando, perdiendo fuerza ante la creciente tendencia de nuestras sociedades contemporáneas que se suman a la cultura de hiperconsumo líquido del fast food y las grandes cadenas de supermercado globalizador, imperante en las últimas décadas.

Se pretende entonces (con toda humildad) ofrecer un micro viaje en el tiempo para dialogar con un grupo de “antiguos poseedores de la palabra”, cuya actualidad artística, cultural y cosmogónica pudiera revitalizar algunas de las estrategias de resistencia al olvido de una parte de nuestras raíces. Si bien muchos son los autores que desde distintas perspectivas han abordado el estudio de la palabra escrita precolombina y colonial, así como sus diferentes soportes, el presente es un acercamiento desde la representación gráfica de la figura de maíz, en diferentes documentos (códices): Como planta sagrada, como alimento fundamental, como motor económico, como mito y leyenda en las culturas originarias de nuestro pueblo actual.

¿Qué son los códices Mesoamericanos? 

Aparentemente el término "códice" proviene etimológicamente del latín: caudex = “tronco” - codex= "libro manuscrito”; vocablo también utilizado por los conquistadores españoles para nombrar los documentos pictóricos realizados por los pueblos originarios de México y América Central, antes y durante el periodo histórico conocido como “La colonia”. Este término en Europa encontraba sentido, pues los primeros manuscritos se conformaban por tablas de madera cosidas entre ellas por algún tipo de cordel. Pero los documentos manuscritos en las culturas americanas poseen otras características. Su formato difiere notablemente de los Códices del Viejo Mundo, pues los libros americanos de procedencia indígena se fabricaban con tiras de piel de animal, fibra de amate, o de maguey; y su superficie se pintaba de blanco para poder escribir sobre ellos con pincel.

Aparte de utilizarse un soporte distinto a los documentos que se utilizaban en Europa y Asia, también difería su formato, pues en vez de formarse con cuadernos doblados y cosidos entre sí, las hojas de amatl se plegaban en forma de acordeón. Entonces, ¿Por qué seguir llamando “Códices” a estos documentos que a todas luces son distintos?

Desde el periodo que los estudiosos llaman “formativo” aproximadamente mil años antes de nuestra era, existen vestigios de escritura Mesoamericana, como ejemplo algunas piezas descubiertas en Monte Albán (Oaxaca); Tres Zapotes (Veracruz); y en Guatemala. Ya en el periodo “clásico”, son abundantes los ejemplos de escritura ideográfica-fonética (culturas, teotihuacana mayas, zapotecas y posteriormente Toltecas). Y es posible afirmar que en el periodo posclásico esta práctica cultural estaba generalizada por toda Mesoamerica.

Como ya se mencionó, los documentos mesoamericanos, antes de Cortés, eran confeccionados principalmente a base de fibras vegetales mediante procesos tecnológicos bastante elaborados, o bien, utilizando pieles de animales curtidas de manera muy particular para servir como soporte de escritura y pintura, los documentos precolombinos; su morfología es la de libros plegados en forma de acordeón y algunas veces encuadernados; escritos muchos de ellos por ambos lados,

Para efectos del presente trabajo podemos dividir los diferentes libros precortesianos que utilizaremos, en tres grandes grupos:
1.- Mexicas - Hechos de amate o piel y correspondientes a la cultura mexica del centro de México.
2.- Mixtecos - Hechos en amate o piel y pertenecientes a la cultura mixteca, ubicada en el estado de Oaxaca.
3 .- Mayas - Fabricados en papel agave y procedentes de Yucatán y Centroamérica.
Es importante destacar que las culturas zapotecas, otomíes y purépechas también realizaron documentos; pero al momento no contamos con información que posibilite establecer si existen representaciones iconográficas del maíz en los que aún se conservan.

Durante la primera mitad del sigo XX se pensaba que los documentos Mesoamericanos solo tenían un carácter ritual-religioso-astrológico-calendario. Pero a raíz de las interpretaciones de Antonio Caso (1949) se les confirió carácter histórico y toponimia, para representar ciertas estructuras de realidad, siempre que no se deje de lado la consideración de las características de "mitohistoria" en sus contenidos y su carácter propagandístico. Es recomendable no pensarlos como documentos fuente de verdad histórica, al menos no hacerlo desde los parámetros contemporáneos.

En lo referente a los componentes principales de los que se valía la escritura precolombina identificamos tres tipos, a saber:
Pictogramas. Signos que representan objetos claramente identificables (casas, templos, plantas, animales).
Logogramas o ideogramas. Similares a las volutas que significan conversación, bultos mortuorios, hombres sujetos por los cabellos.
Glotográficos. Presunciones para términos con varios significados y que expresan estructuras lingüísticas en un idioma determinado.
Es pertinente aclarar que el conocimiento de la lengua es fundamental para comprender la escritura glífica y aunque no es objeto del presente trabajo, abordaremos terminología nahuatl y maya, para contextualizar nuestro objeto de estudio.

Actualmente identificamos muchos de los diferentes documentos manuscritos de America, con nombres que no necesariamente se relacionan con sus autores originales, la cultura, o el sitio geográfico al que pertenecieron; sino con el nombre de los investigadores que los descifraron o estudiaron con mayor dedicación y en algunos casos solo por el simple hecho de haberlos tenido en su poder por algún tiempo.

A la llegada de los conquistadores y por convenir así a sus intereses coloniales, se confeccionaron códices conocidos como post-cortesianos, bajo la forma del códice europeo. Estos libros hechos con papel europeo importado, y distribuidos en cuadernos plegados, cosidos entre sí y encuadernados, eran copiados por manos indígenas ya sea en lenguas y escritura castellana-iconográfica, o solo en lengua y escritura indígena. 


¿Quiénes fueron sus autores? 

En las civilizaciones de la America precolombina, quienes practicaban la escritura glífica debían poseer aptitudes particulares, así como profundo conocimiento de la lengua. Estos posiblemente se formaban en centros de enseñanza destinados a las clases altas, se les escogía desde muy jóvenes, instruidos en la lengua y el saber de su época. En el mundo nahuatl se les llamaba tlacuilos, mientras que en la civilización maya se les conocía como ad´zhid.

Y es esta la primera división que debemos considerar para el presente trabajo; dos cosmovisiones diferentes, dos lenguas diferentes, dos estructuras socioculturales diferentes y sobre todo dos entornos geo-biológicos distintos.

Por un lado la altiplanicie central Mesoamericana, término acuñado por Paul Kirchhoff, sección que iniciaba al suroeste de Estados Unidos, hasta antes de la frontera sur de México, en la que se desarrollaron culturas como la Mixteca, Tolteca, Zapoteca, Chichimeca, Huasteca y Olmeca; Y la cual actualmente reconocemos mediante una "ficticia" unidad que consiguió el grupo Mexica mediante la guerra y el sometimiento.

Por otro lado los grupos Mayas con su exuberante vegetación selvática y esa resistencia cultural que hasta nuestros días ha permitido que los descendientes de esas antiguas civilizaciones continúen con algunas tradiciones y modo de vida como hace 3000 años.

El mundo nahuatl 

En las sociedades nahuatlacas, particularmente en la que conformaron los Mexicas, la enseñanza especializada se realizaba en el calmecac, en que los nobles adquirían el conocimiento de la escritura pictográfica, y los asuntos relacionados con esta, “…se les instruía además en los cánticos que llamaban divinos, que conservaban escritos en papel con letras jeroglíficas (que también les enseñaban a dibujar). Aprendían así mismo la cuenta del tiempo; el arte de augurar y aquella parte de la astrología que dá respuesta a las cosas futuras y predice los acontecimientos lejanos” (Hernández 1570 lib. 1)

A continuación se presentan algunas de las diferentes voces en lengua nahuatl para designar a los hacedores de la palabra escrita:

Voces para nombrar a los escribas en nahuatl 
amatlacuilo Escribano principal
tlatollaliani Escritor que compone
nelli tlacuilo Escritor verdadero
tetlatolicuilo o tetlatolicuiloani Escribano de lo que otro dice
minonotzaliztlacuilo Escribano de contratos
tlatlatlamachiliztli Iluminador de libros
nemiliztlatolycuiloani Historiador
xiuhtlacuilo Cronista
El papel de estos amanuenses era muy importante, pues eran responsables de perpetuar el saber de los pueblos en diferentes especialidades destinados a los centros religiosos, económicos o civiles que necesitaban sus servicios.

Quizá valga la pena detenernos a pensar en las posibles diferencias entre escribas, trazadores, dibujantes e iluminadores quizá en un nivel artesanal y los posibles autores intelectuales de contenidos en los códices precolombinos.

El mundo maya 

Posiblemente, la escritura maya sea la creación cultural más elaborada en Mesoamérica, esta ha sido clasificada por diferentes epigrafistas, como “jeroglífica” por comparación con la escritura egipcia, pero siguiendo el postulado principal de este trabajo, proponemos desvincularle de este tipo de comparaciones colonizadoras; y una de las ventajas que podemos tener para comprender un poco más fácil la cosmovisión de este pueblo originario, es que la civilización maya en realidad no desapareció, pues muchos de sus descendientes aún viven en la región, conservando costumbres ancestrales que favorecen la comprensión de la cultura mayense.

El desciframiento de los escritos mayas se inició con los esfuerzos de Fray Diego de Landa, autor de la Relación de las cosas de Yucatán, en la que trata brevemente sobre los escribas mayas y sus libros: “Los de Yucatan fueron tan curiosos en las cosas de la religión, como en las del gobierno… que escribían sus libros en una hoja larga, doblada con pliegues que se venía a cerrar toda entre dos tablas que hacían muy galanas, y que escribían de una parte a otra a columnas, según eran los pliegues; y que este papel lo hacían de las raíces de un árbol y que le daban un lustre blanco en que se podía escribir bien y que algunos señores principales sabían de estas ciencias por curiosidad y que por esto eran más estimados aún que no las usaban en público.” (Landa, 1566 libro VII) Landa uno de los principales biblioclastas de la historia, de alguna manera arrepentido de haber destruido muchos documentos prehispánicos, intentó construir un diccionario maya, transliterando los símbolos y dando una interpretación colonial que si bien no fue la más afortunada, ha servido de base para que desde el siglo XIX los epigrafistas vayan construyendo los significados, aunque esta es una tarea en proceso.

Una imagen interesante sobre estos hacedores de palabras, la encontramos en la Historia de la vida cotidiana, editado recientemente por el Colegio de México y el Fondo de cultura Económica: “(en la vida cortesana) cierto tipo de personajes muy frecuentes son los custodios de los libros. Se trataba de funcionarios de alto rango, que seguramente no se limitaban a hacer las veces de bibliotecarios, como su nombre lo indica, sino que participaban en la redacción de los códices, escribían también sobre piedra, estuco y madera, llevaban los controles administrativos y, quizá, fungían como consejeros del soberano. Usaban cabello corto con bordes irregulares, pero envuelto en un tocado de tela, un fardo de palillos atado sobre la frente por medio de una tira de papel, en tanto que el tocado se sujetaba con un nudo; a veces también llevaban pinceles o huesecillos con puntas curvas que empleaban para grabar, los cuales, junto con lirios acuáticos, constituían elementos del tocado” (Velásquez, 2004 pp.115)

Sabemos que la lectura se realiza de izquierda a derecha, mediante sus dobles columnas y de arriba hacia abajo, aunque algunas veces hay diferentes combinaciones.



¿Cuál fue su importancia en las culturas originarias? 

La cosmovisión de un pueblo encuentra sentido en las actividades cotidianas de todos los miembros que integran un pueblo, su interacción con el medio y los acuerdos sociales construyen representaciones colectivas generando pautas de conducta en diferentes ámbitos de acción. Así en las culturas originarias de América, la figura del maíz fue una pieza fundamental de esta cosmovisión, responsable de muchos de los mitos que intentan explicar origen y razón de ser de los seres humanos.

La mayor parte de los documentos precolombinos que se conservan, tuvieron una finalidad genealógica, lo que lleva a suponer que las elites en las diferentes estados-naciones de América, se valían de ellos para legitimar sus reinados; pero existen algunos otros documentos con características históricas, o rituales calendáricas, e incluso los hay como libros de cuentas, posiblemente utilizados con fines administrativos.

Durante todo el siglo XVI, se siguió usando el sistema de escritura iconográfico, por parte de los escribas naturales de la Nueva España quienes de alguna manera recogieron y preservaron la historia derivada de la tradición oral. (Como ejemplo podemos citar el “Mapa de Teozacalco”- Oaxaca, que complementa la relación hecha por Hernando de Cervantes para Felipe III; y que demuestra que 60 años después de la conquista se seguía usando este tipo de representación gráfica).

Para los antiguos Mesoamericanos el cultivo de maíz regía los ciclos calendáricos anuales; y alrededor de estos se estructuraba la observación del movimiento de los astros, como lo explica Johanna Broda, al hablar sobre la importancia de Venus en la observación astronómica cuya característica principal es la alternancia de la temporada de lluvias y la de secas, el tiempo de preparación de las parcelas, el inicio de la siembra y la cosecha. (Broda, Johanna

En lo referente a la lectura pública de los documentos en que representaron la figura del maíz, se piensa que posiblemente se realizaba como una representación ceremonial en la que se incluía música, baile y el recitar de memoria los diferentes versos que componían el discurso contenido en los códices. El orden de lectura en estos documentos seguramente estaría indicado por el esquema general de las páginas y la división de apartados mediante las líneas divisorias muchas veces realizadas con pigmentos rojos. Algo así como las partituras musicales.

1. Aparentemente no hay mención de personas que no pertenecieron a la nobleza en los códices, posible búsqueda de legitimación mediática de los grupos de poder.

2. La escritura estaba reservada para grupos nobles, con base en la cosmovisión precolombina sobre el bucle palabra - verdad.

3. No es posible establecer mediante parámetros de análisis de discurso contemporáneos, entre la propaganda política, las descripciones históricas y la invención del mito.

¿Cuál es su importancia en la actualidad? 

Muchos fueron los códices precolombinos destruidos por los conquistadores, en su afán por convertir a los pueblos sometidos. Estos códices en su mayoría religiosos-rituales sufrieron el peor de los destinos biblioclásticos que la barbarie intelectual puede ejercer sobre cualquier documento. Pero no sólo la administración española realizó estás practica de negación cultural, pues los pueblos conquistadores en Mesoamerica, en más de una ocasión re-escribieron la historia de los vencedores, anulando los códices predecesores de los grupos avasallados.

Por tanto, el contenido de los códices precolombinos no puede ni debe ser interpretado bajo los criterios contemporáneos de verdad histórica, y pensar su lectura desde distintas categorías articuladas transversalmente como contenido, sentido, intensión, y objetivo.

Caso apunta cuatro características a considerar al momento de apreciar el valor histórico de los manuscritos precolombinos, en primer lugar reconocer “la posibilidad que tenían los escribas de utilizar un sistema glífico, en parte iconográfico y posiblemente también fonético que les permitía consignar los acontecimientos más importantes”; en segundo, “la existencia de un computo del tiempo debidamente formalizado que les permitía consignar exactamente cuando había ocurrido un acontecimiento, marcando el año y el día”; en tercer sitio reflexiona sobre el hecho de que en varios de los códices precolombinos “encontramos el mismo hecho relatado independientemente, a veces usando un tipo de escritura bastante diferente”. Por último, llama la atención que “el sistema de escritura se continuó después de la conquista y, en consecuencia, tenemos varios documentos en los que aparecen consignados acontecimientos históricos escritos con glifos y en español”. (Caso, 2003 Vol 2 pp.75)

Entonces desde la perspectiva que interesa plantear en el presente trabajo, se puede resumir la importancia de estos documentos ancestrales, como posible “chimalli” de resistencia cultural que haga contrapeso a ese periodo histórico, el más largo en la memoria Mesoamericana: La colonia; y de donde heredamos muchos de los prejuicios y razonamientos modernos. Al mismo tiempo que posibilite un pequeño y humilde referente para resistir los embates globalizadores y supraconsumistas de la sociedades actuales.

En la segunda parte de este trabajo se pretenderá mostrar un breve resumen histórico de los diferentes documentos Americanos en que fue representada la figura del maíz.

Continuará...

martes, 3 de mayo de 2016

Biblioteca Nacional de Antropología e Historia "Dr. Eusebio Dávalos Hurtado”

La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia "Dr. Eusebio Dávalos Hurtado" (BNAH) es una entidad viva que incrementa continuamente sus colecciones bajo resguardo, con el objetivo de preservar y conservar la memoria histórica de nuestro pasado Nacional. Apoyados en modernos procesos de automatización que ofrecen servicios de consulta e intercambio de información a la comunidad principalmente académica del Instituto Nacional de Antropología e Historia, pero también se encuentra abierta al público en general, visitada anualmente por un promediode 25,000 usuarios.

Es importante destacar que su acervo de códices fue registrado en 1997 dentro del programa Memoria del Mundo de la UNESCO. Razón por la cual decidí realizar una visita a este recinto, como complemento al trabajo sobre "Las representaciones iconográficas del maíz en los documentos de las culturas originarias de Mesoamerica".

El objetivo principal de la. Biblioteca es proporcionar apoyo a las áreas de investigación, conservación, difusión y docencia, por lo que la BNAH atiende y coordina la Red Nacional de Bibliotecas, integrada actualmente por 67 centros de información distribuidos en todo el país.
  
La Biblioteca "Dr. Eusebio Dávalos Hurtado" es presumiblemente la más completa en su área, en toda Latinoamérica pues sus acervos permiten realizar un recorrido especializado a través de diferentes áreas del conocimiento como historia, antropología, arqueología, lingüística, etnohistoria entre otras disciplinas.Tiene sus orígenes en la primera etapa del México Independiente con la creación en 1825 del Museo Nacional y gracias a Lucas Alamán adquirió para los investigadores del museo el primer lote de libros en una subasta realizada en Inglaterra; en 1865, Maximilianopropuso que el lugar para albergar los libros se ubicara en la calle de Moneda y en 1888, gracias a Francisco del Paso y Troncoso, se inauguró formalmente la Biblioteca del Museo Nacional para apoyar a investigadores e intelectuales en sus proyectos y consultas. En 1939 la nombran como “Biblioteca Nacional de Antropología e Historia” y en 1964 cambia su domicilio a las instalaciones que ocupa actualmente, al interior de de las instalaciones del Museo Nacional de Antropología.

En el 76 cambia su nombre por el de “Dr. Eusebio Dávalos Hurtado” en homenaje de quien fué el primer antropólogo físico egresado de la ENAH; impulsor del desarrollo museístico en México y promotor cultural, que además fué Director del Museo y posteriormente Director General del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La Biblioteca resguarda códices, documentos de la Inquisición, diarios del siglo XIX, monografías de diferentes órdenes religiosas, libros raros e incunables, revistas especializadas, planos, mapas, libros de oraciones y testimonios audiovisuales de la etapa Revolucionaria, así como algunas tesis e investigaciones actuales.

Sus diferentes colecciones son:

Acervo General; Archivo Histórico; Colecciones Especiales (Pablo González Casanova, Vicente Lira, Alfonso Caso, Luis González Obregón); Fondo Conventual (agustinos, franciscanos, dominicos, carmelita) ; Fondo de Testimonios Pictográficos o Códices (Originales y copias de la época prehispánica o virreinal, digitalizado para trabajar sin necesidad de manipular los originales, los que para su conservación y seguridad se encuentran resguardados, bajo estrictas normas, en la bóveda de códices); Hemeroteca Histórica; Fototeca; Mapoteca; Microfilm; Acervo Sonoro (Raúl Hellmer y Samuel Martí, Archivo de la Palabra, Programa de Historia Oral, la colección Hernández Quezada y la colección Miscelánea)

Los acervos Biblioteca se clasifican en sistema LC (Library of Congress) y organiza el material por áreas y subdivisiones hasta llegar a las especialición.

Cuentan también con un laboratorio de restauración pero desgraciadamente es un área de acceso restringido pues se especializa en la conservación del acervo, manuscritos y fotografías.
  
Referente a sus servicios, la Biblioteca ofrece asesorías, capacitación y material bibliográfico a las 67 bibliotecas de la Red de Bibliotecas INAH en los centros y museos del Instituto en la Ciudad de México y el interior del país, así como visitas guiadas; exposiciones temporales; conferencias y cursos para localizar, seleccionar, preservar, sistematizar y difundir sus acervos.

El acervo de documentos precolombinos y coloniales, que guarda la Biblioteca es uno de los más ricos del mundo, y contiene valiosas herramientas para reconstruir la historia nacional  desde tiempos prehispánicos hasta el siglo XVIII.

A continuación se enlista el catálogo completo de su colección, del que resaltan aquellos que se utilizarán para efectos particulares de la investigación en curso:

Colección de Códices (Documentos originales y reproducciones.)



02. Códice de Azoyú 1
03. Códice de Azoyú 2
04. Códice Badiano
05. Códice Baranda (copia)
06. Codice Boturini (copia)
07. Fragmento Caltecpaneca
08. Códice Coatépetl
09. Mapa de Coatlinchan
10. Lienzo de Coixtlahuaca
11. Códice Colombino
12. Códice de Constancia de Gastos
13. Genealogía de Cotitzin y Zozáhuic
14. Códice de San Cristóbal Coyotepec
15. Mapa de Cuauhtinchan Num. 3
16. Mapa de Cuauhtinchan Num. 4
17. Códice de Cuauhtlanzinco
18. Mapa de San Juan Cuauhtlanzingo
19. Genealogía de Cuauhtli
20. Códice de Cuetlaxcohuapan
21. Códice de la Cueva
22. Chilam Balam de Chan Kan
23. Códice Chavero de Huexotzingo
24. Vista del Río Chiapa
25. Lienzo de Chinantla
26. Códice de Cholula
27. Códice Dehesa
28. Cantares de Dzibalché
29. Genealogía de los Señores de Etla
30. Códice García Granados
31. Catecismo Gómez de Orozco
32. Códice de Huamantla Fragmento 1
33. Códice de Huamantla Fragmento 2
34. Códice de Huamantla Fragmento 3
35. Códice de Huamantla Fragmento 4
36. Códice de Huamantla Fragmento 5
37. Códice de Huamantla Fragmento 6
38. Códice de Huexotzingo Guillermo Tovar
39. Códice de Huichapan
40. Chilam Balam de Ixil
41. Códice de Ixtapalapa
42. Lienzo de Lachiyoo
43. Libro de Oraciones
44. Matrícula de Tributos
45. Códice Mauricio de la Arena
46. Lienzo de Metlatoyuca
47. Genealogía de Metztépetl
48. Códice del Cristo de Mexicaltzingo
49. Libro de Tierras de Santa Magdalena Mixuca
50. Códice Mixteco Post-cortesiano
51. Códice de Tributos de Mizquiahuala Número 1
52. Códice de Tributos de Mizquiahuala Número 2
53. Códice Moctezuma
54. Códice Muro
55. Lienzo de Nahuatzen
56. Lienzo de San Juan Nayotla
57. Genealogía de Nexmoyotla, Ateno, Zoyatitlan y Hueytetla
58. Genealogía de Nopalxóchitl
59. Mapa de Otumba
60. Códice Pérez
61. Genealogía de Pitzahua
62. Plano de Papel Amate
63. Plano Parcial de la Ciudad de México
64. Códice Porfirio Díaz
65. Códice Porrúa Turanzas
66. Códice de las Posesiones de Don Andrés
67. Mapa de Quiotepec, Coyula y Tecomavaca
68. Códice Ramírez
69. Mapa de una Región Boscosa
70. Códice de los Señores de San Lorenzo Axotlan y San Luis Huexotla
71. Lienzo de Sevina
72. Mapa de Sigüenza
73. Lienzo de Tecciztlan y Tecuatepec
74. Códice de San Antonio Techialoyan
75. Chilam Balam de Tekax
76. Códice Teotenantzin
77. Códice de San Juan Teotihuacan
78. Mapa de Tepecoacuilco
79. Genealogía de una familia de Tepeticpac
80. Genealogía de Tetlamaca y Tlametzin
81. Chilam Balam de Tzimín
82. Códice Tributos de Santa Cruz Tlamapa
83. Lienzo de Tlapa
84. Códice del Tecpan de Santiago, Tlatelolco
85. Códice de Tlaxcala
86. Títulos de Tócuaro
87. Códice Topográfico Fragmentado
88. Plano de San Agustín Totolapa
89. Anales de Tula
90. Mapa de Santa María Nativitas Tultepec
91. Códice Valeriano
92. Lienzo de Santo Tomás Xochtlan
93. Lienzo de San Lucas Yatau
94. Lienzo de Yatiní
95. Lienzo de Zacatepec
96. Códice del Tequilato de Zapotitlan
97. Genealogía Zolin

98. Documento 757 de la colección Antigua

martes, 26 de abril de 2016

El atentado político y la violencia anarquista


Proudhon y Bakunin proclamaron que la Revolución debe ser espontánea para que no generara liderazgos perversos que intentaran convertirse en poderes políticos. Por lo que algunos anarquistas utilizaron el terrorismo y la violencia como herramienta política para provocarla, pues creían que la destrucción del estado sólo podía conseguirse tras la destrucción de quienes ostentan el poder. Numerosos crímenes políticos de carácter anarquista se basaron en estas premisas: El asesinato del vigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos William McKinley, a manos de Leon Czolgosz; los asesinatos de los Presidentes Españoles, Antonio Cánovas del Castillo, el 8 de agosto de 1897, por el anarquista italiano Michele Angiolillo y el de Eduardo Dato, asesinado en 1921 por un atentado que llevaron a cabo los militantes anarquistas Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch; en 1881 el grupo terrorista populista ruso Naródnaia Volia asesina al zar Alejandro II; en 1900 Gaetano Bresci mata al rey de Italia Humberto I.


La serie de acciones dirigidas contra figuras públicas y sociedad civil provocó la concepción del anarquismo fuese identificada con el terrorismo en la colectividad capitalista. Pues se le cuestionaba la contradicción de facto respecto al uso de la violencia como subversión y las ideas de fraternidad que al mismo tiempo se encontraban en su discurso ideológico. Así la represión política que sufrieron todos los anarquistas (violentos, o no) fue terrible, al punto de casi desaparecer de la esfera política en numerosos países. Aún que mucha de esa mala fama fue construida artificialmente por capitalistas y socialistas, por ejemplo Uri Eisenzweig dedica su obra Ficciones del anarquismo a hacer un seguimiento de las notas de prensa aparecidas en Paris entre 18 y 18 , tras los primeros atentados presumiblemente atribuidos a simpatizantes anarquistas. En esta obra Eisenzweig demuestra que la prensa sensacionalista se cebó los bigotes con hechos menores que transformaron fácilmente en material noticioso para nutrir el discurso ignominioso sobre la supuesta analogía entre el pensamiento anarquista y el nuevo terror explosivo que el mundo estaba por conocer en manos de reducidos grupos radicales a finales del siglo XIX.

Referencias

Eisenzweig, Uri. Ficciones del anarquismo. Series en (Sección de Obras de Historia). México: FCE, 2004

martes, 19 de abril de 2016

Muerte al Estado… Intentos de solución a la desigualdad social del sXIX

“La emoción dominante era la ira,
 una ira madura y lacerante que surgía casi en cada página:
 ira contra América, ira contra la hipocresía política, 
ira como arma para destruir los mitos nacionales” 
Paul Auster – Leviatán 


Tratar de definir en la actualidad el concepto de anarquismo, es enfrentarse a la dificultad de desmitificar una ideología que pretendió pensar el mundo de diferente manera; y aún que sus orígenes pudieran argumentarse antes del siglo XIX, es en este periodo histórico en el que encuentra sus máximos exponentes y por desgracia, el inicio de su derrumbe en el imaginario de la sociedad contemporánea, para ello se debe reconocer que no se trata de algún credo dogmático del pasado, de una secta de locos y desadaptados, de un culto desquiciado antisocial; sino tratar de confrontar la deformación ideológica que la cultura occidental desde las visiones capitalistas y comunistas han impuesto sobre esta particular forma de concebir el mundo; siempre teniendo en cuenta que durante el siglo XIX y principios del XX, ésta ideología tuvo diferentes pensadores y diferentes formas de entenderla. 



Procuremos entonces la disquisición de lo que significó para el hombre del siglo XIX esta ideología que en un inicio fue de la mano con la alternativa socialista; tratar de contribuir en la construcción historiográfica de una narrativa que permita comprender la transmutación en el imaginario colectivo: de una ideología de resistencia teórica, a ese Leviatán contracultural terrorista con el que comúnmente se le asocia; y procurar rescatar los elementos sustantivos de sus principales ideólogos y que pudieran ser repensados y utilizados por las sociedades contemporáneas. 

Para iniciar, procurando un mero acercamiento definitorio, podría decirse que se trata de una concepción ética y política sobre la vida social, que se rebela contra todo tipo de enajenación autoritaria del hombre sobre el hombre mismo. Etimológicamente la palabra anarquía deriva del griego: a = negativo, y arkhein, autoridad. 


El anarquismo del siglo XIX, plantea una alternativa a los planteamientos de Hobbes (1588 – 1679) y la doctrina de la guerra de todos contra todos tan común en el viejo régimen. Pero también se constituye como oposición a los planteamientos de Rousseau (1712 -1778), pues se propone evitar la hipoteca parcial de la vida de los desposeídos; es decir procuraba constituirse como un camino diferente a la época moderna. En el siglo XIX hay muchos tipos de anarquismos, tantos como anarquistas existieron pacifistas, terroristas, individualistas, socialistas, organizacionistas, anti-organizacionistas, sindicalistas, campesinos, utopistas, etc…Pero todos se rebelan contra cualquier tipo de autoridad del hombre sobre el hombre mismo, con una propuesta ética y política muy característica, basada en el concepto de libertad. Más allá de las diferencias que existen entre los distintos anarquistas, en el fondo todos entendieron lo mismo: que es mejor la asociación a la confrontación (Malatesta). 

Las diferentes posiciones del anarquismo como doctrina política y como filosofía de vida, generó una serie de tácticas de acción: violencia, pacifismo, conspiración, colectivismo, comunismo, etc... Que manifiestan el hecho de que las contradicciones existentes entre la anarquía, los diferentes modos de entenderla, y su utilización en la conformación de un estilo de vida o un modelo de alternativa política, no permitirán una victoria real sin sacrificar sus propios principios. 

Anarquía suele ser entendida como terror, caos y desorden; pero desde la perspectiva de la revisión historiográfica que aquí se presenta, quizá pudiera reconsiderarse más cercana a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que la democracia contemporánea presume de origen. La manipulación informativa que los intereses de la clase burguesa del siglo XIX, generaron en torno a los principios anarquistas una falsa percepción y simplificación a una ideología más compleja de lo que comúnmente concebimos, uno de los obstáculos para favorecer la independencia en el pensamiento y otorgar un sentido crítico y reconstructivo de las ideologías de resistencia.

Continuará...