sábado, 16 de julio de 2016

La era Hobsbawm en historia social (Reseña)

Piqueras, José Antonio. La era Hobsbawm en historia social. Ciudad de México, El Colegio de México, 2016, 310 pp. – (Colección Jornadas) 

No es una mala época para dedicarse a la Historia

 “Es habitual la tendencia de idealizar el pasado cuando el presente no nos gusta, o nos gusta menos. Idealizamos el compromiso intelectual, creyéndolo general en otros tiempos” ( José Antonio Piqueras p. 23)
En esta edición rustica de El Colegio de México, Piqueras nos conduce al puro estilo del Virgilio de Dante, a lo largo de la trayectoria intelectual de Eric Hobsbawm… En tres capítulos magistrales mediante sucesivas aproximaciones al desarrollo de la historiografía contemporánea, desmenuza minuciosamente el trabajo historiográfico de Hobsbawm, para reconstruir una de las más fecundadas líneas de la historia social, ya considerada como clásica. El libro nos obsequia un cuarto apartado en el que se reproduce la conversación que tuvo lugar en mayo de 1995 (en la residencia londinense de Hobsbawm), con los entonces editores de la revista Historia Social: Javier Paniagua y el mismo Piqueras.

Para Piqueras, la historia científica con reglas metodológicas principios de verificación documental y verosimilitud razonada, es producto del s XIX; en un inicio positivista y de simple narración, legitimadora de naciones de reciente construcción, épicas modernas y grandes figuras. Pero que se hizo social en el siglo XX; antes de eso se ocupaba sólo de personalidades singulares, la marcha de los estados y las grandes gestas. 


Esta nueva historia es analítica, se interesa por los fenómenos colectivos, la sociedad, los conflictos, las condiciones de vida, las formas de pensar, los sectores subalternos, en fin, da lugar a la gente común.

Respecto a los antecedentes y desarrollo de esta transformación en la construcción disciplinar, Antonio Piqueras nos recuerda que ya en 1894 Pierre Lacombe reclamaba una perspectiva sociológica que trascendiera los hechos singulares para centrar el interés en el estudio de las civilizaciones, para 1900 Henri Berr invitaba a buscar una síntesis de los campos científicos del conocimiento para abandonar la historia historizante, reducida a la esfera estatal; mientras Francois Simiand invitaba a los historiadores a pasar del fenómeno singular al regular, buscar relaciones estables, leyes, sistemas de causalidad, abandonando de una vez por todas la historia episódica; así entonces se historizaba en los años 40´s, antes de que los intelectuales quedaran reducidos a la figura del francotirador independiente o entrara en la institucionalidad financiada por poderes públicos y agencias de inteligencia; o incluso a la militancia de izquierda, muchas veces adoctrinando sin la suficiente calidad disciplinar. Posteriormente Fernand Braudel propuso una ambición totalizadora y sociológica para la historia, pronunciándose por el estudio de las estructuras de larga duración, y Labrousse trataba de explicar los movimientos sociales mediante los movimientos políticos, uniendo estructura y coyuntura.

“Es habitual la tendencia de idealizar el pasado cuando el presente no nos gusta, o nos gusta menos. Idealizamos el compromiso intelectual, creyéndolo general en otros tiempos”
(José Antonio Piqueras)
En 1952 la revista Past and present pugna por una historia analítica, motivada por la historia económica y social, con interés en los grupos y la sociedad, siempre de la mano del materialismo histórico. Y es en este punto histórico en que Piqueras nos introduce al momento en que Hobsbawm se identifica con la historia de la sociedad moderna, capitalista e industrial, reconociendo que esta cambia más rápido que sus miembros, quienes reproducen las estructuras tradicionales, los valores y las actitudes clásicas; lo que da lugar a conflictos de adaptación entre viejos modos de vida en una realidad nueva. Hobsbawm estudia la clase trabajadora del s XIX, la expansión del capitalismo y el Imperialismo, pero también es sensible a las reacciones sociales poco tipificadas por carecer históricamente de voz, lo que le conduce a interesarse por las relaciones entre base y las superestructuras (que constituyen una constante en su trabajo), como un esfuerzo por establecer en la historia y el análisis social una jerarquización de fenómenos que permitiera explicar la dirección histórica. Piqueras reconoce que es difícil separar los estudios interpretativos de Hobsbawm, de sus otras obras de síntesis, en las que se mezclan sociedad y política.

“No sólo nos restan numerosos porqués por estudiar, sino que su número crece en la medida en que los historiadores somos capaces de pensar la realidad problematizándola, construyendo nuevos problemas sobre el pasado, a cuya explicación posible, dedicamos nuestro tiempo y nuestro esfuerzo. No es una mala época para dedicarse a la Historia” (Piqueras, p.68)

José Antonio Piqueras, es profesor en la Universitat Jaume I, donde dirige el grupo de Historia Social Comparada. Oriundo de Enguera, Valencia. Catedrático de Historia Contemporánea, se interesa por el pasado y el presente de España y de América Latina; Especialista en el análisis de las relaciones sociales y de las actitudes políticas, investigador en el campo de la historia social, del pasado al presente, en su sentido más amplio.




martes, 12 de julio de 2016

Códice Bodley

FICHA TÉCNICA
Origen:           Mixteco (Oaxaca)
Tipo:              Precolombino (1519?-1521?)
Material:        Piel de venado
Temática:       Genealogía y rituales de las familias reales de la Mixteca Alta, desde el siglo X hasta el XVI - Histórico genealógico
Dueños:          Actualmente en Universidad de Oxford, Inglaterra

Manuscrito pictórico de origen prehispánico, perteneció a la cultura Mixteca. Escrito por ambos lados, el frente registra genealogía de Tilantongo y Achiutla y se vincula con Tilantongo en su parte final, a partir del siglo X; mientras que por el otro narra los orígenes míticos de los señores de “Lugar de Bulto de Xipe” y contiene la biografía del señor “Cuatro Viento”. Se considera invaluable para el conocimiento de la genealogía y rituales de las familias reales de la Mixteca Alta, de los siglos X al XVI.

Alfonso Caso describió este documento como una tira larga de piel de venado, aproximadamente de 22 de pies de largo (11.60 m) y 10 pulgadas de ancho (26.5 cm). Doblado para crear páginas individuales, divididas con bandas rojas. Es uno de los libros pictográficos de más difícil acceso para los investigadores mexicanos debido a la distancia y las medidas de conservación que prohíben la manipulación de las obras.

Salió de México durante la conquista española, es poco conocida su historia antes del siglo XVII, fecha en que llegó a la Biblioteca Bodleiana, fundada por Sir Thomas Bodley en 1602 en la Universidad de Oxford, Inglaterra. De esta primera etapa encontramos referencia por María Sten: “Robert Devereux, segundo conde de Essex, favorito de Isabel I, saqueó la gran biblioteca del obispo Gerónimo Osario, de Faro Portugal (decapitado en 1601). Entre los libros del obispo se encontró el famoso códice que hoy conocemos bajo el nombre de Códice Bodley, ya que fue Sir Thomas Bodley quien lo recibió como regalo del infortunado conde de Essex.” (Sten, 1970, pp. 46)

Este mismo episodio lo describe John Pohl, en el proyecto “famsi”: "[...] cuando llegó a la Biblioteca Bodleian en la Universidad de Oxford, Inglaterra. El arqueólogo británico J. Eric Thompson propuso a Alfonso Caso que el manuscrito había pertenecido una vez al Obispo Heronymous Osorius de Faro, Portugal. Thompson sugirió que Robert Devereux, el Conde de Essex, había saqueado el manuscrito durante una redada a lo largo de la costa de Portugal y se lo dio a su amigo Thomas Bodley. Cualquiera que hayan sido las circunstancias específicas, la premisa básica de confiscación inglesa parece creíble. Era el momento de "contra-armadas" enviadas en venganza por la invasión fracasada de Felipe II de Inglaterra en 1588. La unidad naval de las Indias Occidentales y sus bases navales estaban siendo saqueadas a lo largo de la costa Atlántica Continental, culminando con el ataque de Cádiz, España en 1596." (John Pohl: www.famsi.org)


Gutiérrez Solana hace mención sobre el estudio previo de N. Troyke al códice Bodley, respecto a su importancia, vigente en la acutualidad: “El Códice Bodley es objeto de un minucioso estudio por parte de N.Troike en su artículo de 1979 "Preliminary Notes on Stylistic Pattternsin the Codex Bodley". La importancia singular de este manuscrito, según nos explica, es que tiene las genealogías más completas de los reinos mixtecos de entre todos los códices conservados. La metodología empleada por Troike es la de analizar cómo el pintor organizó y distribuyó los rasgos dibujados, es decir, los patrones estilísticos. Gracias a su estudio se llega a una mayor precisión cronológica de las dinastías. Así dice: cuando a un personaje se le dibuja sobre un asiento carente de glifos toponímicos significa que, a pesar de que el individuo pudo heredar el poder, nunca llegó a gobernar en la realidad.” (Gutiérrez Solana, 1987)




Referencias.

Gutiérrez Solana, Nelly (1987) Avances en los Estudios sobre los Códices Mixtecos En: Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas. Vol. XV, No. 58

Pohl, John. Libros Antiguos: Códices Grupo Mixteco En: Mesoamérica (página electrónica) http://www.famsi.org/spanish/research/pohl/jpcodices/bodley/ consultado el 27 de abril de 2014

Sten, María (1970) Historia desconocida de los códices mexicanos. En: Revista de la Universidad Volumen XXIV, números 5-6/enero-febrero

martes, 5 de julio de 2016

Códice Azcatitlan

Códice Azcatitlan

El Códice Azcatitlan es un libro de historia mexica que narra desde el momento en que deciden salir de su lugar de origen para buscar mejores horizontes, se reseña con detalle su peregrinación y establecimiento en Tenochtitlan y los primeros años posteriores a la conquista española.

Es posible que el documento de Azcatitlan haya pertenecido a Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, miembro distinguido de la nobleza indígena colonial; bisnieto de Nezahualpiltzintli de Texcoco y de Ixtlilxóchitl, figura clave en la conquista de México. Se conoce de Ixtlilxóchitl su interés por la historia y se supone que investigó con ahínco todo lo concerniente al pasado prehispánico. A su muerte, muchos de sus documentos pasaron a manos de Carlos de Sigüenza y Góngora, grande sabio del barroco mexicano, quien a su vez heredó su biblioteca a los jesuitas mexicanos.

Lorenzo Boturini Benaduci en su gusto por coleccionar este tipo de documentos adquirió importantes fondos de los jesuitas; hasta que el Virrey Pedro Cebrián y Agustín, conde de Fuenclara; ordena su deportación y la confiscación de su colección de documentos, que quedan a resguardo de la Secretaría de Cámara del virreinato. Boturini, de vuelta en Europa y con la intención de rescatar sus valiosos documentos hace un recuento de la colección incautada o “Catálogo del museo histórico indiano”. En dicho catálogo menciona al Códice Azcatitlan: “...Otro Mapa en papel europeo de 25 fojas, quizás traducido de otro mas antiguo, explica la Historia Mexicana; la venida de sus gentes a la Nueva España; mansiones que hicieron en los lugares, con caracteres de los años y símbolos de los días; la llegada de los españoles, predicación del Santo Evangelio, y ritos de nuestra Sagrada Religión”.(Boturini, 1746, pág. 10).


Hacia la primera mitad del siglo XIX, el códice pasó a manos de Joseph Marius Alexis Aubin, director de la sección de ciencias de la Escuela Normal Superior de París, “quien originalmente llega a México con propósitos de investigación en el campo de la física y la astronomía, pero que al ponerse en contacto con el tema del México antiguo cambia sus intereses, centrándose en la investigación histórica”.(Graulich, 1995, pág. 18) En 1840 Aubin se lleva toda la colección a Francia y la vende a Eugène Goupil y a la muerte de este, es donada a la Biblioteca Nacional de Francia donde se conserva hasta la fecha en la sala de manuscritos orientales, registrado dentro de la colección de fondos mexicanos con el número 59-64.

martes, 28 de junio de 2016

El Códice Florentino

El Códice Florentino
Compendio enciclopédico atribuido a Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590) con apoyo de escribanos procedentes principalmente del Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco; escrito principalmente en náhuatl; y originalmente en cuatro volúmenes, de los cuales sólo se conservan tres que complementan lo registrado textualmente en la Historia general de las cosas de la Nueva España, con datos del mundo gráfico imperante en la tlacuilolli tradicional (arte de la pintura de libros). Técnicamente su formato es el de un libro por lo que para efectos del presente no debemos considerarlo un códice, sin embargo su importancia radica en ser una de las primeras investigaciones sobre las culturas originarias en la década de 1540´s utilizando cierta metodología que en opinión de algunos es precursora de las técnicas moderna en el campo antropológico. Respecto a esta metodología, encontramos una interesante descripción en el sitio oficial de la Biblioteca Digital Mundial (WDL, por sus siglas en inglés) Sahagún obtuvo la ayuda de dos grupos indígenas importantes: los ancianos (principales) de numerosas ciudades de México central y los estudiantes nahuas y exalumnos del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, donde Sahagún trabajó durante gran parte de su estadía en México. Los principales respondían cuestionarios que preparaba Sahagún sobre la cultura y la religión, y sus respuestas eran registradas en su propia forma pictórica de escritura. Los estudiantes nahuas interpretaban las imágenes y ampliaban las respuestas, transcribiendo fonéticamente el náhuatl con caracteres latinos. Sahagún luego revisaba el texto en náhuatl y agregaba su propia traducción al español. Todo el proceso llevó casi 30 años y finalmente se completó entre 1575 y 1577 con una copia nueva y completa del manuscrito preparado.[1] Y Xavier Noguez corrobora esta información en un artículo publicado para Arqueología mexicana: Sahagún inicia su trabajo a fines de 1575, y hacia fines de 1577 parece haber tenido la versión final. (Noguez 2012).

Se conoce que el documento llego España en 1580, y es probable que de España se haya enviado a Roma y de ahí a Florencia, Italia, en donde Angelo María Bandini, bibliotecario florentino, realizó la primera descripción cuidadosa del manuscrito, en un catálogo publicado en 1793. El nombre del documento se lo debemos a  García Icazbalceta quien en el año de 1886 le nombra Códice Florentino, en su bibliografía mexicana del siglo XVI.

Alessandra Russo, encargada de manuscritos y libros raros de la Biblioteca Laurenziana comentó a la Jornada el año pasado, que la figura clave para la sobrevivencia del códice, así como su envío a Florencia fue Rodrigo de Sequera, comisario general de la orden franciscana para la Nueva España y protector de Bernardino de Sahagún. Fue él quien se encargó de la traducción castellana del códice. (Ortiz, 2013) Estas afirmaciones las realizó basada en los resultados de un convenio internacional firmado en 2008 que permitió el análisis de los pigmentos y las imágenes del códice; a cargo de Clara Bargellini, Diana Magaloni y Alessandra Russo, quien continúa:  De España, el manuscrito llegó a Florencia entre 1580 y 1588. Lo sostengo porque el inventario privado del cardenal Ferdinando I de Medici (futuro gran duque de Toscana) de 1587, describe un códice con las mismas características del nuestro. Además, al año siguiente, en un nuevo inventario, se identifica una traducción de cinco libros De costumbres de Mexicanos. Esto significa que Berdinando lo mandó traducir al italiano vulgar, lo que demuestra su entusiasmo por el códice. Probablemente la traducción restante no se logró completar o se perdió. Localicé el manuscrito que tiene la cubierta roja y el emblema cardenalicio Medici en la Hispanic Society de Nueva York, donde se encuentra hoy día. Las motivaciones de fray Rodrigo no pueden verificarse, pero lo debió de haber donado a alguien que sabía que lo cuidaría y apreciaría. (Ortiz, op. Cit.)

Podemos decir que Francisco del Paso y Troncoso el primero en tratar de descifrar metodológicamente su contenido, en una edición cromolitográfica de 158 láminas. El trabajo de copiado estuvo a cargo del artista Genaro López. Estas imágenes fueron utilizadas a color o en blanco y negro, en numerosos trabajos posteriores. Fue hasta 1979, cuando el Archivo General de la Nación de México publica una edición facsimilar del códice, que ha impulsado análisis más confiables en torno a la proveniencia iconográfica, formas, colores, ubicaciones y relaciones del material gráfico con los textos escritos. (Noguez 2012)

En la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia, Italia, el Códice Florentino pertenece a la sección del fondo Mediceo Palatino, números 218-220.




[1] Descripción general del Códice Florentino en el portal de la WDL en: http://www.wdl.org/es/item/10096/#additional_subjects=Florentine+Codex; consultado el 25/4/14

martes, 14 de junio de 2016

La cortina de hierro Vs el mundo occidental: La Guerra fría


Para efectos del presente texto, trataré de confrontar la visión de historiadores de la talla de Eric Hobsbawm y Ramón Villares; ambos editaron sendas obras sobre el acontecer histórico mundial del siglo XX en las que dedican de manera monográfica capítulos específicos para tratar de explicar el periodo conocido como la Guerra Fría. Periodo que a mi entender puede servir a los estudiosos de la historia contemporánea para tratar de comprender las causas de muchos de los problemas económicos, sociales y políticos contemporáneos. En los textos contrastados, Ramón Villares y Ángel Bahamonde elaboran una narrativa puntual del acontecer histórico del siglo XX con un declarado afán de divulgación, mientras que Hobsbawm plantea un análisis crítico de los acontecimientos, aún que en varias ocasiones no muestra reparo en emitir juicios de valor y lanzar calificativos sobre los sucesos y actuaciones de los principales protagonistas. El ejercicio de oposición resulta interesante puesto que se obtiene un grado de complementariedad narrativa y analítica entre ambas visiones de un mismo hecho histórico.
Nuestra visión del mundo se ha transformando de un modo radical en los últimos años, los avances en materia de las tecnologías comunicacionales ahora nos dan la falsa impresión de que las fronteras geográficas se diluyen en secuencias binarias que fluyen en libertad alrededor del orbe y solo basta que nos decidamos a tomar parte en esta fiesta cosmopolita para acreditarnos como ciudadanos del mundo civilizado. Transitamos de la aldea rural a una aldea global, caracterizada por un extraordinario desarrollo tecnológico y de globalización económica, muchas de las limitaciones que en el siglo XX nos imponía el espacio y el tiempo han sido superadas, pues desde finales del corto siglo pasado nos hallamos en el camino de una nueva civilización, claramente diferente a la forjada por la sociedad industrial de principios del siglo XIX. Pero no siempre fue así; si en 1919 la humanidad comprendió que los conflictos bélicos podían extenderse hacia múltiples fronteras y que la capacidad letal de los ejércitos en disputa se había incrementado exponencialmente gracias al desarrollo de la industria balística; en 1940 nos quedó muy claro que somos capaces de acabar con la vida de millones de seres vivos a miles de kilómetros de distancia y con una inversión de recursos relativamente pequeños. Pero fue durante el periodo que los historiadores reconocen como de postguerra, cuando las fronteras ideológicas imaginarias configuraron y enfrentaron dos grandes bloques con sistemas económicos y sociales opuestos.
            El concepto
Walter Litman popularizó el concepto de Guerra Fría para referirse a las relaciones internacionales en escala global, desde 1947 hasta la década de los 90´s, mientras que Winston Churchill prefería usar el término El telón de acero: conceptos que comprendían estasnea imaginarias de los bloques antagónicos de ideología económica y las relaciones globales entre sí. En los años 50 ya estaban configurados estos dos grandes bloques ideológicos a nivel mundial: Capitalismo vs Comunismo. Mientras el resto del mundo se autoproclamaba como no alineado pero su accionar político, social y económico estaba condicionado por la evolución de las relaciones entre las superpotencias. (Villares, 2001, p. 317)
            Al respecto Hobsbawm dedica pocas líneas definitorias: “el enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la segunda guerra mundial, la denominada <<guerra fría>>” (Hobsbawm 1995, p.230). Pero en varias ocasiones no duda en calificar de absurda la creencia occidental de que con el triunfo de los aliados en la gran guerra, la era de las catástrofes no se había acabado y que el futuro de la sociedad liberal continuaba en peligro
            Lo anterior llevó al mundo a un estado de tensión permanente con conflictos localizados lejos de los espacios neurálgicos de las dos superpotencias ideológicas, por un lado los Estados unidos de Norteamérica y por el otro la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Esto, alteró sensiblemente el tejido social, económico y político del conjunto de países que formaban la sociedad internacional, así como instigó el terror psicológico a la amenaza nuclear y el odio al enemigo.
            Antecedentes Norteamericanos
Los padres de la nación norteamericana, especialmente Thomas Jefferson; esbozaron un tipo ideal de sociedad norteamericana que permitiría más tarde realizar el sueño de los fundadores de los Estados Unidos y sus predecesores. El mismo James Monroe el 2 de diciembre de 1823 lanzó la idea que germinó s tarde en la Doctrina Monroe, la cual era una barrera que cerraba el paso a las potencias colonialistas europeas y a la penetración de sistemas políticos extraños. Los fundadores del estado nacional norteamericano crearon un proyecto pensando que el sistema se extendiera al mundo entero y en sus inicios se apoyaron en cuatro factores básicos, que permitieron el equilibrio de poderes en el marco democrático representativo y no se permitiera agudas disputas fratricidas entre los distintos sectores de la burguesía que condenaran a esta sociedad al fracaso: Frente al proteccionismo, al gobierno imperial, al aislacionismo y el elitismo muy en práctica en los gobiernos europeos, moldearon un esquema programático: Libre cambismo, gobierno limitado, destino imperial y espíritu democrático. Estos factores fueron el pivote fundacional de la sociedad norteamericana, la base operativa ideológica y territorial sobre la que se sustentaron los nacientes Estados Unidos a finales del siglo XVII (las trece colonias), comenzó a expandirse gradualmente a través de compras territoriales y guerras de rapiña, como el caso de la guerra contra México.
                Al finalizar la guerra de secesión, se aprecia un proceso interno, en el que la sociedad norteamericana articula sus corrientes políticas, y económicas Y es hasta la década de los 80´s del siglo XVIII en que se vislumbra de forma nítida el expansionismo político-económico de los Estados Unidos. Se celebran dos conferencias significativas en esa época: La conferencia Panamericana de Washington (1889) y la conferencia Monetaria Americana de Montevideo (1933). En ellas se diseñó la política de intervención y penetración en la vida de las sociedades latinoamericanas, cuyo tema central fue la imposición a estas de responder con un rotundo no a la relación con Europa, procurandose los Estados Unidos, garantizar mercados seguros para sus productos, inversión de capital y materias primas baratas y fáciles de obtener.
                Antecedentes Socialistas
En 1917 el imperio ruso fue el primero en caer a consecuencia de las repetidas derrotas militares y el Zar Nicolás II se vio obligado a abdicar. La revolución Rusa, para los países del bloque oriental, tuvo una importancia similar al de la revolución Francesa, los partidos políticos de oposición al Zarismo escenificaron varios movimientos  insurreccionales, aún que vale la pena aclarar que no todos fueron de corte popular socialista, pues las diferentes agendas de los partidos de oposición (PSR, POSDR y KADETE) actuaban bajo una irreconciliable inconexión de intereses de clase.  “Marx había argumentado que la revolución comunista, en la que la clase obrera explotada de las industrias se uniría y se revelaría contra sus patronos capitalistas, aboliendo la propiedad privada y creando una <<sociedad sin clases>>, era más probable que se produjese en países con una clase obrera numerosa, como Alemania, Gran Bretaña, Bélgica y Holanda. De hecho, para muchos marxistas, el campesinado era una fuerza reaccionaria” (Brigs 2000, p. 231) pero Lenin decidió que la formula sería una dictadura revolucionaria del proletariado y los campesinos más pobres y el surgimiento y empoderamiento de los Soviets sobre el gobierno provisional, se presentó como una alternativa a la distribución y ejercicio del poder.
            La revolución Rusa plantea la prohibición del trabajo asalariado y la compra-venta de la tierra, pero no el usufructo de la misma. Y para llevar a cabo estas reformas radicales en un mundo acostumbrado a la explotación del hombre por el hombre mismo, fue necesaria la implantación del Comunismo de guerra de 1912 a 1921, este se creó porque no había otra alternativa, es decir, como una medida pragmática para solucionar las necesidades del ejército rojo: Nacionalización de la tierra y la industria; control obrero; distribución igualitaria del producto del intercambio de bienes; requisa de cosechas; centralización y control del poder; Prohibición de toda oposición al partido Socialista. Se echaba a andar la construcción de un nuevo imperio Soviético basado en una gran cantidad de medidas coercitivas a las libertades individuales tan valoradas desde Occidente. De hecho Lenin construye su concepción de imperialismo de la siguiente forma:
Las luchas de clases se expresan en el reparto del mundo y la lucha por el nuevo reparto
Las necesidades del proceso de acumulación generan las necesidades de exportación de capitales así como la importación de materias primarias baratas
La demanda de financiamiento productivo, deviene en la concentración bancaria y esto a su vez en el capital financiero controlado
            Para Hobsbawm al fin de la guerra la URRS “se encontraba en ruinas, desangrada y exhausta, con una economía civil hecha trizas y un gobierno que desconfiaba de una población gran parte de la cual, fuera de Rusia, había mostrado una clara y comprensible falta de adhesión al régimen.(Hobsbawm 1995, p.236)
                El enfriamiento de las relaciones
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y con el surgimiento del campo socialista en la escena económica internacional, se abre un nuevo periodo en las relaciones mundiales en donde la lucha de clases se internacionaliza en forma aguda y se ve expresada en la oposición de los bloques Este-Oeste. A opinión de Hobsbawm, en 1945 era inminente el fin de los imperios coloniales de Occidente en Asia, este fue el escenario de competencia por conseguir apoyo e influencia a favor de alguna de las superpotencias, aun cuando la URSS no deseaba que los comunistas chinos se hicieran con el poder, “el <<bando comunista>> no presentó síntomas de expansión significativa entre la revolución china y los años setenta, cuando la China comunista ya no formaba parte del mismo” (Hobsbawm 1995, p.232). Con la conformación de la OTAN, presumiblemente para garantizar la paz post conflicto, se configura el bloque occidental que escenificará la Guerra Fría, con Estados Unidos a la cabeza
“La alianza del Atlántico Norte (OTAN), tenía carácter militar y fue constituida en abril de 1949 por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Canadá, Italia, Bélgica, Holanda Luxemburgo, Portugal, Noruega, Dinamarca e Islandia. Estaba dirigida a organizar la defensa colectiva de los países firmantes. Años después se integraron Grecia y Turquía (1952), la República Federal Alemana (1954) y finalmente, España (1981)” (Villares, 2001, p. 324)
Tras la aparente salvación del capitalismo en Estados Unidos, mediante el New Deal; y la política económica keynesiana, “al acabar la guerra los países beligerantes, con la excepción de los Estados Unidos, eran mundos en ruinas habitados por lo que a los norteamericanos les parecían poblaciones hambrientas, desesperadas y tal vez radicalizadas, predispuestas a prestar oído a los cantos de sirena de la revolución social y de políticas económicas incompatibles con el sistema internacional de libertad de empresa, libre mercado y libertad de movimiento de capitales que había de salvar a los Estados Unidos y al mundo.” (Hobsbawm 1995, p.234) Se abre así una nueva perspectiva política hacia el mundo. Franklin Roosvelt tenía como política la búsqueda de soluciones viables a través de la diplomacia ofensiva, allí donde los conflictos fueran candentes como en el caso de la Revolución del 33 en Cuba: Menguar la izquierda, con la utilización de las fuerzas de centro derecha tratando de evitar por todos los medios el empleo de marines salvo en casos muy críticos o especiales.
                Así comienza la guerra Fría a nivel mundial e interno en los países capitalistas, el concepto de seguridad nacional traspasa los límites de Estado-Nación y abarca áreas y continentes enteros, cada bloque en pugna, arguye planteamientos distintos; según las concepciones político-ideológicas que sustenta cada régimen socioeconómico.
La singularidad de la guerra fría estribaba en que, objetivamente hablando, no había ningún peligro inminente de guerra mundial. Más aún: pese a la retórica apocalíptica de ambos bandos, sobre todo del lado norteamericano, los gobiernos de ambas superpotencias aceptaron el reparto global de fuerzas establecido al final de la segunda guerra mundial, lo que suponía un equilibrio de poderes muy desigual pero indiscutido. La URSS dominaba o ejercía una influencia preponderante en una parte del globo: la zona ocupada por el ejército rojo y otras fuerzas armadas comunistas al final de la guerra, sin intentar extender más allá su esfera de influencia por la fuerza de las armas. Los Estados Unidos controlaban y dominaban el resto del mundo capitalista, además del hemisferio occidental y los océanos, asumiendo los restos de la vieja hegemonía imperial de las antiguas potencias coloniales. En contrapartida, no intervenían en la zona aceptada como de hegemonía soviética. (Hobsbawm 1995, p.231)
                Esta oposición de política de bloques conformada por el antagonismo no reconciliable de ideologías distintas, abre un camino emulativo en el plano político, ideológico económico y militar último aspecto que destaca por su acelerada carrera armamentista por alcanzar la supremacía militar
            Con vista a la aplicación y ejecución de una política de gran potencia los Estados Unidos inician desde el fin de la Segunda Guerra Mundial el chantaje nuclear, como estrategia ideológico-política de contención al comunismo de donde se derivan varias doctrinas geopolíticas “Generaciones enteras crecieron bajo la amenaza de un conflicto nuclear global que, tal como creían muchos, podía estelar en cualquier momento arrasar a la humanidad” (Hobsbawm 1995, p.230)
            El campo socialista se ve obligado ante este nuevo fenómeno a aumentar su capacidad militar defensiva y a la vez a llegar a una paridad militar de fuerzas en el orden estratégico que sea capaz de garantizar sus fronteras, reivindicando a su vez su propio concepto de seguridad nacional. “Una vez que la URSS se hizo con armas nucleares cuatro años después de Hiroshima en el caso de la bomba atómica (1949), nueve meses después de los Estados Unidos en el de la bomba de hidrógeno (1953)—, ambas superpotencias dejaron de utilizar la guerra como arma política en sus relaciones mutuas, pues era el equivalente de un pacto suicida.” (Hobsbawm 1995, p.230) Queda claro que para Hobsbawm la acelerada carrera armamentista de la URSS corresponde a la provocación que el exagerado arsenal estadounidense representaba, e incluso se puede hacer una lectura que le calificaría de no expansionista: “la URSS ni era expansionista menos aún agresiva— ni contaba con extender el avance del comunismo más allá de lo que se supone se había acordado en las cumbres de 1943-1945. De hecho, allí en donde la URSS controlaba regímenes y movimientos comunistas satélites, éstos tenían el compromiso específico de no construir estados según el modelo de la URSS, sino economías mixtas con democracias parlamentarias pluripartidistas, muy diferentes de la «dictadura del proletariado» y «más aún» de la de un partido único, descritas en documentos internos del partido comunista como «ni útiles ni necesarias» (Spriano, 1983, p. 265; citado por Hobsbawm), para Hobsbawm, la postura de la URRS no era ofensiva sino defensiva.
            A mediados de los setenta la situación mundial era razonablemente estable hasta que el sistema internacional entro en otro prolongado período de crisis política y económica. Las superpotencias habían aceptado el reparto desigual del mundo, hecho esfuerzos por resolver las disputas sobre sus zonas de influencia sin confrontaciones abiertas que pudiese derivar en una guerra e incluso habían demostrado los hechos contra el discurso de la Guerra Fría que la coexistencia pacífica entre ambas era posible, confiando en la moderación de sus dirigentes, aun cuando en varias ocasiones estuvieron oficialmente a punto de entrar en guerra. Durante la guerra de Corea de 1950-1953, participaron oficialmente los norteamericanos, pero no los rusos “Washington sabía perfectamente que unos 150 aviones chinos eran en realidad aviones soviéticos pilotados por aviadores soviéticos
(Walker, 1993, pp. 75). Durante la crisis de los misiles de 1962 en Cuba, la principal preocupación de ambos bandos fue evitar que se malinterpretaran gestos hostiles como preparativos bélicos reales.
Mapa que muestra la influencia de ambos bandos a escala global Fuente: Autor desconocido
            Al cerrarse la red de acero de la Guerra fría sobre el planeta, los países que tenían libertad de acción quisieron mantenerse al margen de los dos sistemas de alianzas de lo que suponían la tercera guerra mundial. Los Estados Unidos habían abandonado su tradición anticolonialista de la noche a la mañana después de que el mundo quedase dividido y buscaban aliados entre los elementos más conservadores del tercer mundo: Irak (antes de la revolución de 1958), Turquía, Pakistán e Irán, que constituyeron la Organización del Tratado Central (CENTO); Pakistán, Filipinas y Tailandia, que formaron la Organización del Tratado del Sureste Asiático (SEATO), ambas pensadas para completar el sistema militar antisoviético cuyo pilar principal era la OTAN. Cuando el grupo afroasiático de los no alineados se convirtió en tricontinental tras la revolución cubana de 1959, sus miembros latinoamericanos se reclutaron entre las repúblicas del hemisferio occidental menos allegadas al «gran hermano del norte». No obstante, a diferencia de los simpatizantes de los Estados Unidos en el tercer mundo, que podían unirse a sistema occidental de alianzas, los estados no comunistas no tenían intención alguna de verse involucrados en una confrontación mundial entre las superpotencias, ya que, como demostraron las guerras de Corea y Vietnam y la crisis de los misiles cubanos, estaban en la primera línea potencial del conflicto. Cuanto más estable fuesen las fronteras Europeas, más probable era que llegada la hora de las armas y las bombas, éstas se cebasen en las los territorios de Asia, África o América Latina.
Etapas de la guerra fría
Primera etapa
Segunda etapa
Tercera etapa
Máxima tensión (1947 a 1953)
Fin de monopolio nuclear de Estados Unidos
Reagan presidente de EUA 1981
Crisis de Berlín 1947
Muerte de Stalin 1953
Gorbachov presidente de la URSS 1985
Guerra de Corea 1950-1953
Elección Dwight D. Eisenhower Presidente de los Estados Unidos (1953-1961)
Perestroika y Glásnost

Guerra de Vietnam 1975
Disolución del bloque socialista 1989
Fuente: Elaboración propia, con base a la calendarización de Villares y Bahamonde

            KGB VS CIA
En pleno conflicto ideológico surgen dos figuras que por su propia naturaleza se envuelven de un halo de suspenso, que en el imaginario colectivo se les tiene como maestras del espionaje, el sabotaje, la guerra económica y la guerra psicológica. Ambas agencias de inteligencia participaron activamente en operaciones encubiertas durante los cuarenta y cinco años que duró el conflicto. Aún que en este tema observamos posturas diferentes entre ambos autores analizados.
La guerra fría, que sí procuraba estar a la altura de su propia retórica de lucha por la supremacía o por la aniquilación, no era un enfrentamiento en el que las decisiones fundamentales las tomaban los gobiernos, sino la sorda rivalidad entre los distintos servicios secretos reconocidos y por reconocer, que en Occidente produjo el fruto más característico de la tensión internacional: las novelas de espionaje y de asesinatos encubiertos. En este género, los británicos, gracias al James Bond de Ian Fleming y a los héroes agridulces de John Le Carré —ambos habían trabajado por un tiempo en los servicios secretos británicos, mantuvieron la primacía, compensando así el declive de su país en el mundo del poder real. No obstante, con la excepción de lo sucedido en algunos de los países más débiles del tercer mundo, las operaciones del KGB, la CIA y semejantes fueron desdeñables en términos de poder político real, por teatrales que resultasen a menudo. (Hobsbawm 1995, p.232)
            Desde la visión de Hobsbawm, la danza de espionaje y contraespionaje protagonizada por ambas agencias de inteligencia y que a muchos fascina, se encuentra más en el campo de la ficción literaria y cinematográfica, pero afirma que “el anticomunismo era auténtica y visceralmente popular en un país basado en el individualismo y en la empresa privada, cuya definición nacional se daba en unos parámetros exclusivamente ideológicos («americanismo») que podían considerarse prácticamente el polo opuesto al comunismo“ (Hobsbawm 1995, p.239)
            Una Comunidad Europea
La guerra fría repercutió fuertemente sobre la política internacional de Europa al grado de que impulsa la creación de la Comunidad Europea: forma de organización política sin precedentes, como un organismo de larga duración que pretende integrar las economías y los sistemas legales de varios estados en la región, formada al principio en 1957 por Francia, República Federal de Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, pero que a finales del siglo XX cuando los productos de la guerra fría se tambaleaban, se adhirieron seis países más: Gran Bretaña, Irlanda, España, Portugal, Dinamarca y Grecia. Esto personalmente parece de fundamental importancia para comprender el devenir de la configuración regional en la actualidad.
            El periodo de Distensión
A principio de los años sesenta las tensiones de la guerra fría que desde 1947 con la guerra de Corea habían transcurrido sin una conflagración global, aún cuando se esperaba lo peor tras la muerte de Stalin en 1953, Europa occidental se dio cuenta de que estaban viviendo una época de prosperidad inesperada. “N. S. Kruschev estableció su supremacía en la URSS después de los zafarranchos postestalinistas (1958-1964). Este admirable diamante en bruto, que creía en la reforma y en la coexistencia pacífica, y que, por cierto, vació los campos de concentración de Stalin… Sin embargo, la distensión tuvo que sobrevivir primero a lo que pareció una etapa de confrontaciones de una tensión insólita entre la afición de Kruschev a las fanfarronadas y a las decisiones impulsivas y la política de grandes gestos de John F. Kennedy (1960- 1963), el presidente norteamericano más sobrevalorado de este siglo” (Hobsbawm 1995, p.239) Durante este periodo se instaló el mítico teléfono rojo: Una línea de comunicación directa entre el Kremlin y la Casa Blanca.
Entre 1977 y 1985 el mundo asistió a un rebote de la guerra fría cimentado en nuevas tensiones y en el incremento de la carrera de armamentos, sobre todo en su vertiente nuclear. La estrategia soviética persiguió alcanzar la hegemonía militar. en 1977 la URSS desplegó por su territorio europeo y asiático los misiles SS-20 de 5000 kilómetros de alcance y provistos de tres cabezas nucleares; esto suponía la amenaza directa a los territorios de Europa occidental. Al mismo tiempo creció su presencia en el Tercer Mundo: sus intervenciones en Etiopía, Angola, Mozambique y especialmente Afganistán son los casos más representativos” (Villares, 2001, p. 337)
Queda claro que para Villares, a diferencia de la ya comentada visión de Hobsbawm; la URSS si pretendió una política expansionista de ofensiva en el asunto armamentista, sobre todo en esta segunda etapa del conflicto.
            Tanto para Villares como para Hobsbawm, las intervenciones militares en Vietnam y Oriente medio, debilitaron la postura de Estados Unidos y entre 1974 y 1979 surgió una nueva oleada de revoluciones en el mundo, una serie de regímenes africanos, asiáticos y americanos se comulgaron con el bando soviético facilitando a la URSS bases militares. “La coincidencia de esta tercera oleada de revoluciones mundiales con el fracaso y derrota públicos de los norteamericanos fue lo que engendró la segunda guerra fría(Hobsbawm 1995, p.249), que la URSS no continuara en su confinamiento regional era una prueba fehaciente de que la supremacía occidental se vería comprometida si no se reafirmaba mediante el uso de la fuerza militar. La política de Ronald Reagan, pretendía negar esa humillación demostrando la supremacía incontestable de los Estados Unidos con la invasión de la isla de Granada en 1983, el ataque contra Libia en 1986 y la invasión de Panamá en 1989. Así Reagan no sólo arremetía contra el «imperio del mal», sino que veía con desconfianza a aquellos dirigentes que practicaban las políticas del estado del bienestar y recrudecía las políticas intervencionistas en el Tercer Mundo.
            Fin de la Guerra Fría
Para HobsbawmLa guerra fría acabó cuando una de las superpotencias, o ambas, reconocieron lo siniestro y absurdo de la carrera de armamentos atómicos, y cuando una, o ambas, aceptaron que la otra deseaba sinceramente acabar con esa carrera. (Hobsbawm 1995, p.253), mientras que para Villares, “El fin de la guerra fría, en definitiva, es fruto del desplome del sistema soviético” (Villares, 2001, p. 338), aún que reconoce otras variables como la insostenibilidad de la costosa carrera armamentista que bloqueaba el avance económico para ambas partes, aún que como bien apunta, paradójicamente fue el periodo en que el impulso a los avances científicos y técnicos plantea los cimientos de muchos de los beneficios tecnológicos que ahora disfrutamos.
           
Referencias
Briggs, Asa. Capítulo VI. Una guerra civil europea, 1914-1918. En: Historia contemporánea de Europa 1789 – 1989, Barcelona, Crítica, 2000
Hobsbawm, Eric. Capítulo VII. La Guerra Fría. En: Historia del siglo XX. España: Crítica (Series: Mayor), 1998

Villares, Ramón y Angel Bahamonde. Capítulo 11. La Guerra Fría. En: El mundo contemporáneo. Madrid: Taurus (Series: Pensamiento), 2001.