martes, 18 de octubre de 2016

Las Reformas Borbónicas

¿Qué fueron las Reformas borbónicas?

Podemos hablar de las Reformas borbónicas como el “periodo de la época colonial muy importante que definió la historia de México, incluso después de haberse independizado de España.”[1] Toma su nombre de una serie de políticas Españolas en el siglo XVIII que pretendían conseguir recursos de donde fuese en el menor tiempo posible para tratar de fortalecer el imperio que enfrentaba problemas cruciales derivados por las consecuencias de la derrota sufrida en la guerra de los 7 años y la subsecuente pérdida de territorios que los acuerdos de paz le impusieron; mientras que el empuje de un nuevo orden en las ideologías económicas que privilegiaban el naciente capitalismo sobre las costumbres feudales dejaban en claro que la administración de las colonias americanas de los tradicionales Virreyes y encomenderos era bastante deficiente, privilegiando la acumulación de capitales en manos particulares, en detrimento de los intereses de la Corona, particularmente en el territorio peninsular y en sus posesiones ultramarinas en América y las Filipinas.

¿Quiénes las propusieron y por qué?

Los monarcas Borbones de la Corona Española, Felipe V, Fernando VI y, especialmente Carlos III, durante el siglo XVIII; “el visitador José de Galvez encarnaría la mano dura de las Reformas Borbónicas en todo el territorio colonial, tal como si fuera los ojos y el criterio mismo de su Rey Carlos III”[2]

¿Qué impacto tuvieron en la sociedad?

Entre 1760 y 1808 se fueron implantando cambios en materia fiscal, producción de bienes, comercio, religión y militares, reducción  del poder de las elites locales y aumento al control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica. Intentando redefinir la relación entre España y sus colonias en beneficio de la península; lo que propició el descontento generado entre las elites criollas locales y aceleró el proceso de emancipación por el que España perdió la mayor parte de sus posesiones americanas en las primeras décadas del siglo XIX. 

Como el reformismo borbónico pretendía terminar con el monopolio económico-comercial ejercido por algunos grupos de criollos y peninsulares radicados en Nueva España, se estableció que la casa de moneda estuviera exclusivamente bajo control de la corona y sus representantes, al tiempo que se establecían los consulados de Veracruz y

Puebla, limitando las relaciones de importación-exportación de productos a la autorización expresa de las aduanas novohispanas.

Juan Lucas de Lazaga y Joaquín Velázquez de León propusieron financiar las actividades mineras, reducir las cargas fiscales, solucionar los conflictos por la posesión de las minas o el desagüe, precisar el contenido de las ordenanzas mineras y dotar al gremio de organismos directivos.

Militares y marinos de la real armada quedaban exentos de cualquier pago de impuestos.

Una de las principales modificaciones a la sociedad virreinal, fue la creación de cuadros burocráticos leales a la Monarquía de los Borbones, acotando la representatividad de los  criollos en la administración de Nueva España.

El territorio se dividió en provincias que operaban bajo la Real audiencia respecto a la administración de justicia, al tiempo que fueron nombrados intendentes de la administración central encargados de recaudar los impuestos y promover el desarrollo.

“Para los primeros años del siglo XIX podía decirse que el principal propósito de las Reformas Borbónicas en la Nueva España se había cumplido, los ingresos de la corona se habían multiplicado por cuatro y los novohispanos pagaban al rey un 70% más de impuestos que los contribuyentes de España…”[3]


¿Repercusiones para los procesos de principios del siglo XIX?

“Si bien las Reformas Borbónicas significaron un auge en la economía mexicana que no se volvería a lograr hasta aproximadamente cien años después durante el Porfiriato. El tremendo despojo de recursos que llevó a cabo la corona española, significó también el principio de la ruina de la economía nacional durante el México independiente”[4]

Básicamente podemos decir que las Reformas Borbónicas fueron un factor súper importante para que los Criollos decidieran independizarse de la Corona Española.

Referencias.

Las reformas borbónicas, adaptación gráfica. Texto original Luis Jáuregui. Francisco de la Mora y otros (guión), Colmex y Consejo editorial cámara de Diputados, México, 2013, p. 2

Reformas Borbónicas de Luis Jauregui basado en el libro de Nueva Historia mínima de México. (Video) En: https://www.youtube.com/watch?v=Lv2nuxtWQbc&feature=youtu.be consultado el 20/08/2015



[1] Las reformas borbónicas, adaptación gráfica. Texto original Luis Jáuregui. Francisco de la Mora y otros (guión), COLMEX y Consejo editorial Cámara de Diputados, México, 2013, p. 2
[2] Reformas Borbónicas de Luis Jauregui basado en el libro de Nueva Historia mínima de México. (video) En: https://www.youtube.com/watch?v=Lv2nuxtWQbc&feature=youtu.be consultado el 20/08/2015, min. 8:35

[3] Ibid, min. 15:08
[4] Ibid, min. 20:55

El nuevo camino hacia Ometéotl: Entre el humanismo y la posmodernidad

Una luz, una gruesa tea que no ahúma,
un espejo horadado,
un espejo agujereado por ambos lados.
Suya es la tinta negra y la roja, de él son los códices.
Él mismo es escritura y sabiduría.
Es camino, guía veraz para otros, conduce a las personas y a las cosas, es guía en los negocios humanos.

El presente trabajo propone que desde la perspectiva de los valores fundamentales en la ciencia, la tecnología y la vida universitaria, se construyen vínculos de identidad que contribuyen al fortalecimiento de los lazos empáticos que nuestro propio proyecto de vida genera; pero si recurrimos a partir de una reflexión dual ética-crítica, a la revaloración de conceptos precolombinos como el yolteotl, entendido como una alternativa a la matriz civilizatoria occidental, podríamos fortalecer las redes de solidaridad con nuestros semejantes y el mundo en el que vivimos. Se pretende demostrar mediante una serie de elementos puntuales, que se puede establecer un sentlakotontli ó coniunctus de principios éticos indispensables para hacer frente a la carencia de valores que ha generado la llamada crisis de la modernidad, tomando en cuenta el valor intrínseco del legado cultural mesoamericano. Así, desde los valores fundamentales en la búsqueda personal para la construcción de nuestro propio yolteotl, particularmente en el caso de los habitantes de la Ciudad de México, herederos culturales de la filosofía nahuatl, fortalecemos los vínculos empáticos comunitarios, vigorizando los lazos de lealtad, empatía, solidaridad, amistad equidad, igualdad responsabilidad, compromiso, respeto, libertad de expresión, honestidad, tolerancia, legalidad, creatividad, cuidado del medioambiente, innovación, perseverancia, autonomía e identidad social; aún cuando no se cuente con códigos específicos de acción para la convivencia y el disfrute de la buena vida.

Es lugar común que desde la tradición sociocultural del mundo occidental cuando hablamos del génesis de la ciencia y la tecnología se recurra a la mitología griega, citando la Teogonía que escribió Hesíodo,[1] en que Prometeo engaña a Zeus en el reparto de un buey sacrificado, escondiendo la parte comestible en el vientre del animal, y exponiendo los huesos cubiertos de grasa, Zeus escoge la parte que ve más apetitosa y al descubrir la treta encoleriza vengándose privando a los mortales del fuego. Prometeo, roba el fuego para entregarlo al hombre y Zeus vengativo, urde la entrega de la caja de Pandora, que inicia una era de infortunios para los mortales. En otra versión del mito, Esquilo,[2] trasforma la figura de Prometeo para convertirla en el símbolo supremo de la humanidad; pues éste que había apoyado a Zeus en la lucha contra los titanes esperando que su gobierno fuera más justo que el de Urano y Cronos, se ve decepcionado cuando Zeus resulta un tirano despótico y relega a Prometeo al confín del mundo; la causa no es el robo del fuego, como parecería a simple vista, sino "su desmesurado amor a la humanidad" y cuando el coro de las Oceánides le pregunta el motivo de su castigo que consiste en la condena del titán al terrible suplicio en que un águila en el lejano Cáucaso le desgarrará las entrañas eternamente, Prometeo responde que Zeus quiso exterminar a la raza humana y él fue el único en oponerse; liberando a los hombres del miedo a la muerte, a la oscuridad y a la existencia mortal misma, al entregarles el fuego como símbolo de conocimiento y destreza transformadora, este es por tanto el perfecto pretexto para integrar el concepto de ética al imaginario científico y técnico del ser humano, pues “la búsqueda del conocimiento es, inherente a la naturaleza humana y debe ser normada igual que el resto de las manifestaciones de nuestro comportamiento, sólo que en el caso de la ciencia, la exigencia de probidad ha sido particularmente estricta.”[3] Este obsequio divino, esta entrega redentora planteada por Esquilo: "todas las artes para los mortales vienen de Prometeo",[4] esta concepción humana de progreso, de constante aprendizaje; se opone concluyentemente a la idea pesimista de Hesíodo quien sostiene la paulatina degradación de la raza humana. Posiblemente Esquilo está expresando las ideas optimistas de la élite intelectual de su época, que celebra las conquistas de la razón y la consolidación del poderío ateniense. Pero a nosotros nos da pauta para plantear nuestro propio Prometeo en la postmodernidad, ése que ahora parece liberado y que exige cuentas a la humanidad cuestionando respecto a su proceder y actuación en los últimos siglos. Así planteadas las dos caras de la moneda progreso–degradación, versus esperanza–quebranto y la necesidad urgente de corregir las velas para responder a los cuestionamientos lógicos de un benefactor mitológico-imaginario, es imperativo encontrar recursos que como humanidad nos permitan salir bien librados de un dilema si bien imaginado para efectos del presente discurso, no por ello carente de significados e implicaciones reales, puesto que sabemos bien que “el conocimiento genera poder, y éste propicia corrupción. Prometeo sigue arrebatando el fuego a los dioses, pero ahora lo vende a los mortales”,[5] y la factura a los habitantes del siglo XXI nos está saliendo moral, económica, ecológica, política y socialmente muy cara.

La propuesta alternativa es recurrir a la revalorización de los principios éticos mesoamericanos, articulándoles con el quehacer universitario como fundamento para el desarrollo de cualquier actividad relacionada con la generación de conocimiento y nuestra destreza transformadora, pues “es imperativo que el científico sea cada vez más responsable de su comportamiento ético, y siga mereciendo el respeto que tradicionalmente ha recibido de la sociedad.”[6] Y no solo es responsabilidad de las comunidades de batas blancas y cabellos desaliñados que en el imaginario colectivo denominamos “científicos”; sino que también es deber de estudiantes, académicos y autoridades universitarias hacer frente a esta responsabilidad.

Una mirada desde la filosofía y desde los valores precolombinos

En general se piensa en la Ética como la ciencia de la conducta. Así, Nicola Abbagnano plantea que se puede concebirla en dos entidades filosóficas: Por un lado el ideal del hombre que como objeto de su estudio tiene el fin al que está dirigida la conducta humana y los medios empleados para lograrlo. Mientras que por otro, plantea a la ética como el estudio de la construcción del concepto de humanidad, que estudia los impulsos de la conducta humana intentando dirigirlos y disciplinarlos para lograr esta construcción metafísica[7], así “mientras que la ciencia informa sobre cómo son las cosas, la ética se ocupa de cómo deben ser; en consecuencia, los postulados éticos sólo son aceptados por la influencia del propio grupo que los produce, y operan como reglas de convivencia social, cambiantes en función de los intereses del mismo grupo.”[8] Para efectos de este trabajo la Ética que nos interesa no es la que genera códigos para ser buenos humanos, sino la que invita a reflexionar sobre los motivos de actuación en la cotidianidad académica de los profesionales universitarios.

Son varias las voces que intentan llamar la atención de las culturas contemporáneas, principalmente de las occidentales, respecto a la necesidad imperante de hacer frente a lo que denominan la crisis de la modernidad, que de alguna manera trata de entender y subsanar los aspectos globalizadores negativos resultantes del ejercicio e implementación de un estilo de vida basado en modelos culturales capitalistas de consumo desmedido. Baste de ejemplo aquellos que centran su atención en los aspectos ecológicos que a últimas fechas han cobrado bastante importancia, pues los efectos nocivos de ciertas prácticas, políticas, económicas y sociales a nivel mundial, son por lo menos preocupantes. “La crisis ecológica es crisis de civilización. Son las raíces mismas de la cultura occidental las que han provocado esta situación. Sólo la modificación de aspectos centrales a la misma creará las condiciones para su superación.”[9] Pero la empresa resulta complicada si antes no se cuenta con la reflexión puntual de cuáles podían ser los aspectos mínimos a considerar para modificar las raíces de la cultura presente. Por un lado, parece innegable que en las sociedades contemporáneas, “es necesario que el ciudadano comprenda más a fondo cómo se genera y se desarrolla el conocimiento científico, con sus virtudes y sus riesgos; que sepa que, en efecto, las comunidades científicas se aglutinan en torno a constelaciones de valores, de creencias, de intereses, de técnicas, de prácticas, de métodos de decisiones, de formas racionales de discusión, y que también muchas veces se dan confrontaciones irracionales en el seno de esas comunidades, y entre ellas.”[10] Lo que no queda claro es el alcance de la responsabilidad que los productores y reproductores del conocimiento tienen en esta empresa, y los pasos a seguir para conseguirlo.

Por lo anterior se procura que mediante un ejercicio (aunque no exhaustivo), resultado de la revisión de la literatura existente sobre la concepción filosófica de la cultura nahuatl, se integre a la formación de los lineamientos éticos de la ciencia y la tecnología que construimos en nuestra vida universitaria la idea de una responsabilidad personal por endiosar las cosas en nuestro propio corazón, que era precisamente el ideal del tamatinime precolombino, es decir a penetrar por la vía de las flores y el canto en los secretos del saber, de una manera responsable, pues “Con la amalgama de telecomunicaciones, microelectrónica y cibernética, generando productos de bajo costo, la sociedad tiene acceso a un creciente volumen de datos, y el avance de la democracia en el mundo, contribuye a que se haya elevado en las décadas recientes la exigencia social de la rendición de cuentas de transparencia en el uso de los recursos y de responsabilidad por parte de todos los actores, en la producción de elementos de importancia social.”[11]

Para la civilización náhuatl desarrollada en el altiplano central de la región Mesoamericana durante los siglos IX al XVI, la entidad teológica Ometéotl que aparece en el Códice Florentino, se presenta como principio supremo y dador de vida, pues posee simultáneamente los valores masculinos y femeninos capaces de engendrar y concebir todo lo que en el mundo existe. Y hasta aquí pareciera que por sí mismo pudiera ser el sostén de nuestra realidad, pero en lo que toca a la actuación de los hombres en el pensamiento nahuatl, el ideal del sabio tamatinime busca en todo momento crear y penetrar por la vía del difrasismo flores y canto (In xóchitl in cuicatl), los secretos del saber y la verdad (nettiliztli) como complemento a la realización existencial que otorga Ometeotl, es decir que existe una responsabilidad de responder a las gracias recibidas por sus deidades. Por tanto se propone abordar el tema del Humano deshumanizado: Ética, Ciencia y Tecnología”, desde una perspectiva sincrética que tome en cuenta ambas concepciones del mundo, a saber: La idea hegemónica de la Ética importada desde el viejo continente y las concepciones filosóficas de los pensadores precolombinos.

Una de las principales tareas del pensamiento universitario es la formación de "funcionarios de la humanidad", responsables de la reconstrucción del mundo de la vida, como referente simbólico de totalidad; pues los costos de la espiral del progreso resultado del pensamiento racional científico-técnico en la modernidad, han resultado en el empobrecimiento de lo cotidiano y el olvido del sujeto como principal actor cultural, por lo que no es de extrañar que surjan con fuerza propuestas alternativas que propongan el privilegio de lo regional, lo focal y lo micro; y para aplicarlas hay que considerar en todo momento que "la tarea de la filosofía y de la ciencia, es abrirse a la otredad, tener el coraje de reconocer que los argumentos del otro son tan importantes como los míos, es decir, ponerme en el lugar del otro"[12]

Para los precolombinos neltiliztli que deriva de la palabra nelli, relacionada con el concepto de “raíz, cimiento o base” se utilizaba para designar la idea de verdad y tiene un fundamento de sentido existencial, de estar bien cimentado y enraizado; así lo duradero está relacionado con lo verdadero en contraposición con lo transitorio, para construir estrategias que permiten hacerle frente a la muerte. El que conoce es quien lleva la verdad, porque es quien al entrar en contacto con la flor y el canto, la hace descender a los seres humanos, gracias a que se interesa en construir su corazón endiosado, su propio Yolteotl.

Quienes entienden el concepto de verdad desde la cultura occidental lo primero que podrían cuestionar es que este difiere en la cultura contemporánea de la concepción precolombina y es justo el punto que me interesa defender, en efecto neltiliztli no tiene que ver con lo absoluto, ni con lo auténtico, ni con lo único, sino con la identidad. No se “encuentra por medio del conocimiento científico o de la comprobación o la sistematización, sino a partir de la revaloración de la experiencia interna, es un conocimiento que parte de la intuición y que viene del cielo en su contacto con la tierra, del cielo que es Flor y Canto, una dimensión dual.”[13]

En conclusión, la reflexión ética desde la perspectiva de los valores fundamentales en la ciencia y la tecnología, apoyada en la constitución de valores fundamentados en la idea de verdad en un sentido existencial, podría ayudar al fortalecimiento de vínculos empáticos en nuestro proyecto universitario, vigorizando los lazos de lealtad, empatía, solidaridad, amistad equidad, igualdad, responsabilidad, compromiso, respeto, libertad de expresión, honestidad, tolerancia, legalidad, creatividad, cuidado del medio ambiente, innovación, perseverancia, autonomía e identidad académica. Por que la enseñanza para construir un “rostro y corazón” de quien aspiran a tener su propio yoltéotl, no se basa en actitudes paternalistas, sino que se pretende un dialogo con los individuos para que construyan su identidad y encuentren juntos y juntas su camino. Entonces se ofrece una alternativa a los conflictos de la modernidad, pues el autorreconocimiento del rostro y corazón como proceso humanizante, resulta en un ejercicio imprescindible para desarrollarnos en nuestras sociedades contemporáneas y alienantes, ya que todas y todos los estudiantes universitarios, por el solo hecho de serlo construimos estrategias para ser más humanos y apoyar a otros a conseguirlo también. Y esto solo lo alcanzaremos en cuanto más nos reconozcamos en los otros y las otras, pues la humanización lleva a la solidaridad y la misericordia, al encuentro con “el otro o la otra” como con uno mismo, al rescate de la comunidad y del bien común, valores que hacen contrapeso al sistema individualista y excluyente en el que vivimos.

Esta resulta pues, una humilde propuesta que invita a la urgente revalorización de los aspectos éticos tanto hegemónicos como tradicionales, relativos a la producción y el uso del conocimiento en nuestro quehacer civilizatorio , como fundamento para el desarrollo de cualquier actividad relacionada con la generación de nuevas formas de aprender y nuestra destreza transformadora. Aunque es bien importante tener en cuenta que los paradigmas éticos son construcciones sociales y por lo tanto su vigencia tiende a cambiar junto con la sociedad que los crea, así tenemos la necesidad y responsabilidad de mantenernos atentos a éstos para adecuarles pertinentemente a los cambios culturales que nos toque presenciar.

Referencias bibliográficas

Abbagnano, Nicola. “Diccionario de filosofía, 2a. ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1974.

Aréchiga Urtuzuástegui, Hugo. “Los aspectos éticos de la ciencia moderna”, en: Martín Aluja, y Andrea Birke. El papel de la ética en la investigación científica y la educación superior, México, Fondo de Cultura Económica, 2004.

Arias Maldonado, Manuel. “Prometeo desencadenado. Sobre la concepción marxista de la naturaleza”, en: RIPS. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, Galicia, Universidad de Santiago de Compostela, Vol. 3, No. 2, 2004, pp. 61-83.

Esquilo. “Prometeo encadenado. México, Secretaría de Educación pública, 1946.

León-Portilla, Miguel. “Perspectivas de la investigación sobre la historia prehispánica de México”, en: Historia Mexicana, México, El Colegio de México, Vol. 21, No. 2, oct. - dic., 1971, pp. 198-216

Miranda, Gabriela. “Yolteotl:el arte y la sabiduría de la búsqueda de la verdad”. En: Pasos, segunda época, Santa Cruz de Tenerife, Universidad de la Laguna, No. 140, nov - dic, 2008, pp. 30-35.

Olivé, León. “La ciencia y la tecnología en la sociedad del conocimiento: Ética, política y epistemología”. México, Fondo de Cultura Económica, 2007.

Savater, Fernando. “Ética de urgencia”. Barcelona, Editorial Planeta, 2012.

Uribe Cano, Juan Manuel. “Ciencia, libertad y Ética: Una mirada paradigmática”, en: Revista Lasallista de investigación, Antioquia, Corporación Universitaria Lasallista, Vol. 1, No. 2, 2004, pp. 111-116.

Viera, Jaime. “Miguel León Portilla y el legado cultural indígena”, en: Devenires, Michoacán,  Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Vol. 3, No. 6, 2002, pp. 75-109.



[1] Hesíodo (σίοδος) fue uno de los poetas de la Antigua Grecia en el siglo VII a. c. Se le reconoce la autoría de la Teogonía (literalmente el origen de los dioses), cuya obra poética contiene una de las más antiguas versiones del origen del cosmos y el linaje de los dioses de la mitología griega, entre estos aborda el mito de Prometeo que aquí nos ocupa.
[2] Esquilo (Αισχύλος). Predecesor de Sófocles y Eurípides, considerado el primer gran representante de la tragedia griega. También aborda el mito de Prometeo en su obra Prometeo encadenado.
[3] Hugo Aréchiga Urtuzuástegui. “Los aspectos éticos de la ciencia moderna”, en: Martín Aluja, y Andrea Birke. El papel de la ética en la investigación científica y la educación superior, México, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 43.
[4] Esquilo. “Prometeo encadenado”, México, SEP, 1946. verso 123.
[5] Hugo Arechiga, Op. Cit., p. 45.
[6] Ibid, p. 57.
[7] Nicola Abbagnano. Diccionario de filosofía, 2a. ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1974, p. 78.
[8] Arechiga, Op. Cit., p. 57.
[9] Manuel Arias Maldonado. “Prometeo desencadenado. Sobre la concepción marxista de la naturaleza”, en: RIPS. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, Galicia, Universidad de Santiago de Compostela, Vol. 3, No. 2, 2004, p. 62.
[10] León Olivé. “La ciencia y la tecnología en la sociedad del conocimiento: Ética, política y epistemología”. México, Fondo de Cultura Económica, 2007, p. 35.
[11] Arechiga, Op. Cit., p. 56.
[12] Juan Manuel Uribe Cano. “Ciencia, libertad y Ética: Una mirada paradigmática”, en: Revista Lasallista de investigación, Antioquia, Corporación Universitaria Lasallista, Vol. 1, No. 2, 2004, pp. 114.
[13] Gabriela Miranda. Yolteotl:el arte y la sabiduría de la búsqueda de la verdad. En: Pasos, segunda época, Santa Cruz de Tenerife, Universidad de la Laguna, No. 140, nov - dic, 2008,  p. 32.

martes, 11 de octubre de 2016

Códice Vindobonensis

FICHA TÉCNICA
Origen:           Mixteco (Oaxaca)
Tipo:              Principios del siglo XVI
Material:        Piel
Temática:       Relato sagrado sobre los orígenes míticos del universo mixteco - Ritual astronómico calendárico.
Dueños:          Cardenal Adriano Florencio - Papa Clemente VII - Cardenal Hipólito de Medicis - Cardenal Nicolaus von Schömberg -  Actualmente en Biblioteca Nacional de Austria.


Proviene de la época preshipánica en la Mixteca Alta, actualmente Santiago Apoala, estado mexicano de Oaxaca. Una de sus caras contiene información detallada de la historia de algunos señoríos de la Mixteca Alta. Centrado en la vida de Ocho Venado-Garra de Jaguar, quien dominó un extenso territorio que abarcaba casi toda La Mixteca, estableciendo importantes alianzas con los nahuas del centro de México. Mientras que el anverso se plasmaron algunos mitos relacionados con la cosmología mixteca. Debe su nombre a su ubicación actual pues forma parte de las colecciónes de la Biblioteca Nacional austriaca, en la ciudad de Viena, Austria; cuya traducción al latín es “Vindobona”.

Un interesante relato sobre la “probable” historia no tan reciente de cómo llegó este documento a su ubicación actual, la encontramos contada de manera magistral por María Sten[1] (investigadora polaca-mexicana, estudiosa del legado cultural del México antiguo.) “Los datos que conciernen a su viaje a España están envueltos en el misterio, y todavía son más nebulosos los que se refieren a cómo llegó a Portugal, de Portugal a Italia y de Italia a Alemania. "Lo más probable" es que este "libro pintado" haya sido enviado por Cortés junto con otro códice (¿el Nuttal?), como obsequio al emperador Carlos V. "Lo más probable" es que haya sido encontrado en uno de los muchos templos de los alrededores de Veracruz. Lo seguro es que los primeros presentes enviados por Cortés al emperador llegaron a Sevilla el 5 de noviembre de 1519, y es posible que entre esos presentes estuviese el Codex Hierog/yphicorum lndiae Meridionalis. Pero Carlos V disfrutaba entonces unas vacaciones en Molino de Rey y no. vio personalmente los obsequios, ni los menciona. Pero los vieron los sabios Juan de Oviedo y Pietro Martire d'Anghiera, autor del famoso libro De Orbe Novo Decadas Octo, aunque ninguno habla del "libro pintado". Tampoco habla de él Alberto Durero, que un año después tuvo oportunidad de admirar, en Bruselas, los tesoros recibidos por Carlos V. Queda, pues, envuelta en la oscuridad esta parte de la historia del bellísimo códice” (Sten, 1970, pp. 49)

Posiblemente Carlos V obsequio el códice a su cuñado/suegro Manuel I. "Lo más probable" es que Manuel, a su vez, obsequiara el códice al papa Clemente VII y que éste lo donara al cardenal Ippolito dei Medici.

A “Alemania, el códice llegó por vías no bien comprobadas. Del Colegio de Cardenales de Clemente VII formaba parte el cardenal Nicolaus van Schomberg, de ascendencia germana. Y "lo más probable" es que después de su muerte el códice haya llegado a Alemania junto con los bienes personales del prelado, y que allí lo haya guardado su
familia.” (Sten, Op. Cit.)

Job Ludoff  fue quien estudió por primera vez el documento en Weimar, en 1650, fue él. Haciendo públicos sus descubrimientos en 1677, cuando el príncipe Juan Jorge de Sajonia-Eisenbach lo obsequió al emperador Leopoldo I, que lo depositó en la Real Biblioteca de Viena, designada después Biblioteca Nacional Austriaca.

Como dato curioso se encontró que durante su peregrinación, el códice cambió de nombre 18 veces, hasta que fue definitivamente clasificado en la biblioteca de
Viena como Codex Mexicanus 1. Sin embargo, en México seguimos conociéndolo como códice Vindobonensis o códice Vienna.

Según Miguel Gleason (egresado de la Universidad Iberoamericana),quien encabeza el estudio desde 2012 en el que se catalogó el patrimonio mexicano en Francia, Reino Unido, España, Italia y El Vaticano: "las "joyas" del patrimonio mexicano existente en los dos países germanófonos son el Penacho de Moctezuma, que se conserva en Viena (Austria) y dos códices que se exhiben "con honores" en Alemania, el códice de Dresde y del códice de Vindobonensis", cuya reproducción integral se puede consultar en el dvd-rom sobre el inventario del patrimonio mexicano disperso por el Viejo continente patrocinado por Conaculta y el Instituto Nacional de Antropología (INAH).

Referencias.

Jimenez, Arturo (2007) El país está en deuda con la investigadora María Sten: Homenaje in memoriam en Filosofía y Letras. En: La Jornada jueves 7 de junio. http://www.jornada.unam.mx/2007/06/07/index.php?section=cultura&article=a06n1cul
Consultado el 29 de abril de 2014

León Portilla, Miguel. (2007) María Sten: su entrega a México En: Revista de la Universidad. Nueva Época, No 41 julio

Noguez, Xavier. (2006)  Códice Vindobonensis. En: Arqueología Mexicana Vol. XIV, No. 81, Septiembre-Octubre

Sten, María (1970) Historia desconocida de los códices mexicanos. En: Revista de la Universidad Volumen XXIV, números 5-6/enero-febrero


Sten, María, (1997) Las extraordinarias historias de los códices mexicanos. México. J. Mortiz



[1] En palabras de Miguel León Prtilla, una de las figuras más destacadas en la difusión de la cultura de los pueblos mesoamericanos fué Sten; Traductora de diversos textos — entre ellos la Visión de los vencidos— su trabajo como investigadora abarcó códices mayas, nahuas y mixtecos incluyendo el teatro Náhuatl.

martes, 4 de octubre de 2016

Códice Trocortesiano o Códice de Madrid

FICHA TÉCNICA
Origen:           Maya (Peninsula de Yucatán)
Tipo:              Precolombino (s/f)
Material:        Tira vegetal
Temática:       Ritual astronómico calendárico
Dueños:          Actualmente en Museo de América. Madrid, España


“En su conjunto, el documento se compone de más de 250 almanaques que siguen el calendario ritual de 260 días asociados a actividades seculares de subsistencia y de la vida diaria, como el tejido, la apicultura, la caza del venado, la manufactura de la cerámica, la confección de máscaras, etcétera, las cuales están asociadas a determinadas deidades y rituales que las patrocinan.” (García Ruiz, 2000)

Juan de Tro y Ortolano, archivero y profesor de paleografía en Madrid, adquirió un fragmento de este documento a inicios de la segunda mitad del siglo XIX, y se conoce que el abate francés Brasseur de Bourbourg publicó una interpretación del mismo en Paris unos años más tarde. Otra parte del documento fue adquirida por Juan Palacios en Extremadura quien la vendió a su vez a  José Ignacio Miró, a quien finalmente se la compró el Museo Arqueológico de Madrid entre 1875 y 1872. Leon de Rosny  evalúo ambas partes y confirmó que ambos fragmentos corresponden a un único texto, al que denominó Tro-Cortesiano.


Fue adquirido por el Museo Arqueológico de Madrid en 1888, y es uno de los documentos más importante del Museo de América de Madrid, pero por la necesidad de conservarlo, el original no se expone al público.
http://elhorizonte.mx/escena/cultura/627608/estudiaran-codice-trocortesiano

Recientemente se firmó un acuerdo entre el Ministerio español de Educación, Cultura y Deporte, la Universidad Estatal Rusa de Humanidades y el Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos del estado de Yucatán; para hacer una relectura del códice a través de imágenes visibles (fotografías de alta resolución) y conseguir una transcripción lo más completa posible, según informó el Museo de América en un comunicado. El resultado del estudio será publicado con el fin de ofrecer al mundo el contenido de la magnífica pieza, la cual ayudará a la difusión del patrimonio y la cultura maya. La especialista rusa Galina Ershova es la principal impulsora de este proyecto y se hará cargo de realizar la transcripción de los glifos



Referencias.

García Ruiz, Andrés (2000) El Códice Tro-Cortesiano del Museo de América de Madrid. En: Revista española de Antropología Americana No.30

martes, 27 de septiembre de 2016

Códice Tlotzin o Mapa Tlotzin

FICHA TÉCNICA
Origen:           Nueva España (Meseta central)
Tipo:              Colonial (siglo XVI, 1541-1545)
Material:        Piel
Temática:       Narra el surgimiento de varios señoríos chichimecas y algunos momentos claves de su historia - Histórico genealógico.

Dueños:          Lorenzo Boturini (Italiano) - Diego Pimentel (Crioyo) - Joseph Alexis Aubin (Frances) Actualmente en Biblioteca Nacional de París, Francia.

Es un códice acolhua[1] elaborado junto con el Mapa Quinatzin, posiblemente entre 1541 y 1545, por los alumnos de la Escuela de Texcoco. Narra la historia de los acolhuas desde su sedentarización (siglo XIII) hasta el reinado de Nezahualpilli (a fines del siglo XV). Incluye su migración al valle de Anáhuac y la fundación de Texcoco. Este documento es singular pues está elaborado en piel, probablemente de venado, con un formato diferente al de otros documentos acolhuas, ya que se trata de una tira que mide 31.5 por 127.5 centímetros. Cada uno de los personajes que en este aparecen, tienen su antropónimo o nombre personal pintado en grifos y delineados en color negro. Es un ejemplo de un documento que ha sido doblado para su resguardo y son bastantes los testigos de humedad y los faltantes en sus bordes; pero aún así puede ser apreciado el relato de su historia casi en su totalidad.

El códice Tlotzin “se refiere a los chichimecas, su vida de cazadores nómadas; su migración a la Cuenca de México bajo la dirección de Xólotl; la fundación de Tetzcoco por Tlotzin y un resumen desde esa época hasta Nezahualpilli” (Carrera, Manuel 1965) En este documento las glosas en nahuatl son largas, tratando de explicar las imágenes a lo largo de la tira.

Es posible que el documento se realizara para ser presentado a las autoridades españolas como una explicación sobre el linaje de la nobleza sobreviviente a la conquista. Formó parte de la colección de Lorenzo Boturini Benaducci y existe una nota al reverso del documento en que se menciona que perteneció a Diego Pimentel, descendiente de Nezahualcoyotl y gobernante de Texcoco. También se cree que formó parte de la colección de Fernando de Alba Ixtlixóchitl y posteriormente estuvo en propiedad de Joseph Alexis Aubin. Actualmente forma parte del acervo del Fondo Mexicano de la División Oriental de la Biblioteca Nacional de Francia, en París.

Referencias.

Carrera Stampa, Manuel (1965) Códices, mapas y lienzos acerca de la cultura Náhuatl. En: Estudios de Cultura Náhuatl No. 5 pp. 165-220

Mohar Betancourt, Luz María (         ) Colores en el Códice Acolhuacan. En: Revista Ciencias Vol. 57, No. 4 

[1] Los acolhuas, del náhuatl “ācōlhuah” - Los que tienen antepasados [procedentes] del agua = ā-cōl-huah (ā- 'agua', cōl- 'abuelo, antepasado', -huah poseedor) eran una división tribal del centro de México, en las cercanías de Tenochtitlan; a la región ocupada por ellos se la llamó Acolhuacan y la ciudad principal fue Tetzcoco

martes, 20 de septiembre de 2016

Códice Vaticano o Códice Ríos ó Indorum cultus idolatria et mores

FICHA TÉCNICA
Origen:           Mixteco (Puebla y Oaxaca)
Tipo:              Colonial (siglo XVI, 1547-1562)
Material:        Papel europeo
Temática:       Ritual astronómico calendárico
Dueños:          Actualmente en Biblioteca Vaticana. Roma, Italia.

Se cree que es una traducción al italiano de un manuscrito de la colonia española, el  Códice Telleriano-Remensis, atribuido al  fraile Español Pedro de los Ríos, monje dominico que evangelizó  en Oaxaca y Puebla entre 1547 y 1562, y  que escribió comentarios al pie de las ilustraciones en ambos documentos. Se centra en la cultura Tolteca-Chichimeca del Valle de Tehuacan (actual Puebla y Oaxaca). Pudiera ser que su intención fuera presentar el documento, con glosas en italiano, al papa Pío V que pertenecía a su misma orden. Aún que hay quien piensa que fue  escrito algunos años después de la muerte de Rios en Italia (Anders y Jansen 1996, p. 27).

Contiene noticias sobre religión, calendarios  historia de los pueblo nahuas del Centro de México, pero llama la atención que en el manuscrito haya también constantes datos sobre las creencias y costumbres de los pueblos oaxaqueño como el rito de dios Cocijo, deidad zapoteca de la lluvia; las costumbres funerarias entre mixtecos y zapotecos, y vestimentas de los reyes zapotecos.

“En 1566 el códice ya se encontraba en Roma, pues el prefecto de la Biblioteca Vaticana, el cardenal Marco Antonio Amulio, hizo copiar algunas figuras del documento. Varios testimonios tempranos dejan constancia de que el códice ya se encontraba en el Vaticano, como el del italiano Michel Mercati, quien menciona la existencia de los libros jeroglíficos mexicanos en su obra Gli Obelischi di Roma (Los obeliscos de Roma), publicada en 1589. La cita acerca de un segundo documento mexicano hace pensar que se trata del llamado Códice Vaticano 3773 o Vaticano B, manuscrito de origen prehispánico que llegó a la Biblioteca Vaticana en fecha también temprana.” (Hermann Lejarazu, Manuel, 2010)

Se encuentra catalogado en los inventarios Vaticanos alrededor de 1600, en los que se asentó con el nombre de Indorum cultus, idolatria et mores (Culto, idolatría y costumbres de los indios). Pero parece que poco antes de esta fecha el jesuita Joseph de Acosta accedio al manuscrito, pues en su obra Historia natural y moral de las Indias, publicada en 1590, Acosta hace referencia al códice:

“Así esta todo hoy día pintado en los Anales Mexicanos, cuyo libro tienen en Roma, y está puesto en la sacra biblioteca o librería vaticana, donde un padre de nuestra compañía que ha venido de México, vio esta y las demás historias, y las declaraba el bibliotecario de su Santidad, que en extremo gustaba de entender aquel libro que jamás había podido entender” (Acosta 1962, p. 354) El jesuita al que se refiere Acosta pudo haber sido Pedro Díaz, o  Pedro de Hortigosa, quienes estuvieron en Roma entre 1578 y 1584, respectivamente.

Durante el siglo XVIII y XIX, el documento fue estudiado por diferentes especialistas, como el también jesuita José Lino Fábrega y el alemán Alexander von Humboldt.


Conformado por 101 páginas de papel europeo, doblado en acordeón. Y  actualmente se ubica en la Biblioteca Vaticana, (Roma) conocido también como Códice Vaticano A,  Codex Vaticanus A, ó Codex Vaticanus, bajo la signatura 3738.

Referencias.

Acosta, Joseph de (1962) Historia natural y moral de las Indias, edición de Edmundo O Gorman, FCE, México.

Florimond Joseph. (1899). Reproducción Digital y en línea http://pueblosoriginarios.com/meso/valle/azteca/codices/rios/rios.html consultada el 03/05/2014

Hermann Lejarazu, Manuel A. (2010). Códice Vaticano A-Ríos. En: Arqueología Mexicana No. 105

Códice Nutall o Códice Tonindeye o Códice Zouche-Nuttall

FICHA TÉCNICA
Origen:           Mixteco (Oaxaca)
Tipo:              Precolombino (s/f)
Material:        Piel de venado
Temática:       Historia de los orígenes del señorío de Suchixtlán hasta el advenimiento de la segunda dinastía de Teozacoalco, abarca desde el siglo X hasta el XIV - Histórico genealógico

Dueños:          John Temple Leader (Italiano) - Robert Curzon, cuarto barón Zouche (Ingles) - Actualmente en Museo Británico, Inglaterra.

Uno de los seis documentos mixtecos de tradición prehispánica que sobrevivieron a la conquista española. En uno de sus lados registra la vida de Iya Nacuaa Teyusi Ñaña (gobernante mixteca del siglo XI). Y en el otro habla sobre la dinastía de Tilantongo y Teozacoalco. Conformado por diez y seis tiras de piel unidas que forman un documento de más de once metros de largo, compuesto por 47 láminas. Es posible que la primera etapa de elaboración se realizara en Tilantongo (principal centro político de la Mixteca Alta durante el Posclásico mesoamericano); y la segunda fuese realizada en Teozacoalco (área montañosa de 30 por 70 km. cerca del pueblo de San Pedro Teozacoalco en la Mixteca Alta).

El documento fue identificado por primera vez en 1854 en el convento dominico de San Marcos en Florencia, Italia, cuando “fue visto en este lugar por el joven historiador Pasquale Villari, en el momento en que durante una reunión el bibliotecario del monasterio lo sacó para mostrarlo.” (Hermann Lejarazu 2006 - Lado 1)  Más tarde vendido a John Temple Leader (rico y prominente político inglés, quien residía también en Florencia en el tiempo de Villari) quien posteriormente se lo obsequió a su amigo Robert Curzon, cuarto barón Zouche; que tenía una buena colección de libros y antigüedades en Parham, condado de Sussex, Inglaterra. “En una serie de cartas entre Leader y Curzon (encontradas por Nancy Troike en una investigación) se menciona que el códice salió de Italia en un paquete a través de los envíos de la Misión Británica en Florencia. En esas cartas, Leader cuenta cómo Curzon pudo recoger el códice en la oficina internacional en Londres e inmediatamente lo llevó a su biblioteca en Parham. En su catálogo personal, Curzon escribió una breve descripción acerca de los colores, dimensiones y estilos que él mismo reconoció en el códice, y aunque si bien no forman parte de un estudio más amplio, al menos conforman una primera descripción del manuscrito. El barón Zouche murió en 1873 y el códice, junto con toda su colección, fue heredado por su hijo Robert Nathaniel George Curzon. El nuevo barón, sin embargo, se vio envuelto en una serie de dificultades que lo llevaron, en 1876, a depositar la colección de su padre en el Museo Británico de Londres.” (Hermann Lejarazu 2006 Lado 2).

A finales de 1800 y principio de 1900, Zelia Nuttall (investigadora norteamericana ) obtuvo permiso de Robert Nathaniel Cecil George Curzon, 15° barón de Zouche (hijo de Robert Curzon, cuarto barón Zouche),  para estudiarlo y publicarlo. La primera edición facsimilar del documento fue publicada bajo los auspicios del Museo Peabody de la Universidad de Harvard, el director del Museo Peabody le dio el nombre de Nutall, en honor de la investigadora. Como dato curioso está el hecho, de que la norteamericana clasificó al códice como si fuese de procedencia mexica pensando que había formado parte de los regalos enviados por Cortés a Carlos V en 1519.

En realidad se piensa que posiblemente un fraile dominico llevó el documento al monasterio de San Marco a principios del siglo XIX.

En la actualidad se encuentra en la colección del Museo Británico desde 1917, fecha en la que murió Darea Curzon, hermana de Robert Nathaniel y última poseedora de la colección. (Stén, María, 1970)


Referencias.

Alavez Chávez, Raúl (1997) Ñayiu Xindeku nuu Ndaa Vico Nuu. Los habitantes del lugar de las nubes, México, CIESAS, Instituto Oaxaqueño de las Culturas.

Hermann Lejarazu, Manuel A. (2006) Códice Nuttall. Lado 1: la vida de 8 Venado. En: Arqueología Mexicana, edición especial 23.

Hermann Lejarazu, Manuel A. (2006) Códice Nuttall. Lado 2: La Historia de Tilantongo y Teozacoalco. En: Arqueología Mexicana, edición especial 23.

Stén, María (1970) Historia desconocida de los códices mexicanos En: Revista de la universidad. Volumen XXIV, números 5-6/enero-febrero